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El Mundo

Israel: ¿un país sin visión?

Mucho parece indicar que para las elecciones de la Knesset, la balanza en Israel se inclina hacia la derecha. En Israel la apatía crece. Lo más importante al parecer es la seguridad. De la paz nadie habla.

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¿Un país sin visión?

Poco antes de las elecciones parlamentarias, el saliente jefe de gobierno israelí, Ehud Olmert, se decidió al fin a apoyar abiertamente a su ministra de Exteriores, Zipi Livni. Livni estaría en capacidad de llevar las riendas de la nación y de impulsar el proceso de paz con los palestinos, aseveró Olmert durante un mitin cerca de Tel Aviv. La relación entre él y Livni es sumamente tensa. La Knesset se elige en pocas horas (10.02.2009) , y las encuestas las encabeza el Likud, el partido que dirige el conservador nacionalista Benjamin Netanyahu.

Hasta ese abierto apoyo de Olmert, Netanyahu pudo gozar de tranquilidad: las encuestas de opinión le pronosticaban una cómoda victoria en las elecciones. Apenas en los últimos días antes, la distancia entre Likud y Kadima –el partido de Livni y del gobierno saliente- ha ido disminuyendo. Llama la atención sobre todo que tanto el Likud como los otros partidos están perdiendo votos a favor del ultranacionalista Israel Beitenu (Israel es nuestra casa), el partido del controversial Avigdor Liebermann.

Un tercero en la carrera

Aunque Netanyahu está convencido de obtener una mayoría que le permita conformar Gobierno, el que no vaya a poder hacerlo sin la participación de los ultranacionalistas al parecer no le gusta demasiado. Beitenu se encuentra en el mejor camino a convertirse en la tercera fuerza política del país, un lugar que usurpa a los socialdemócratas del ministro de Defensa, Ehud Barak. Éste, mohíno, sueña con viejos tiempos en los que a su partido casi automáticamente le tocaba la conformación del Gobierno o cuando, por lo menos, había un carrera reñida con el Likud.

Guerra contraproducente

Ya en las últimas encuestas antes de las elecciones quedó claro que el ocaso del partido de los trabajadores es casi inevitable. Barak había puesto sus esperanzas en que su papel como ministro de Defensa en la última guerra de Gaza salvara a un partido que ha perdido atractivo. Sin embargo, la guerra resultó una catástrofe por donde se la mire. No sólo para los habitantes de la franja de Gaza, sino también para los que en Israel esperaban sacar provecho de ella. Barak entre ellos. Por supuesto que la maniobra encuentra apoyo en la población, sin embargo, el descontento crece pues otra vez se ha llevado a cabo una guerra sin un fin ni resultado determinados.

Un sentimiento así nutre las filas derechistas en Israel, a las de Netanyahu y las de Lieberman. Éstos no tienen, en realidad, alternativas que ofrecer y su postura bastante extrema frente a los palestinos es más bien una garantía de que no habrá una solución pacífica. Por otro lado, a una creciente cantidad de israelíes la cuestión de la paz los deja indiferentes; opinan que la paz es improbable y que la seguridad se consigue con dureza e inflexibilidad no con negociaciones ni con concesiones.

Seguridad ante todo

De esta percepción se ha hecho eco también Kadima: si hasta hace poco Olmert y Livni competían por cuál de los dos ofrecía la mejor política para la paz, ahora compiten más bien por ser el mejor en cuanto a la seguridad. Apenas a último momento Olmert se decidió a apoyar a Livni, pues, aunque las acusaciones de corrupción que penden sobre él no le permiten participar en las elecciones, su vuelta al ruedo no se descarta.

Si Kadima sobrevivirá hasta entonces está por verse: el partido surgió cuando Ariel Sharon ordenó en 2005 la retirada de Gaza, como una escisión del Likud. Las diferencias de opinión de entonces han perdido relevancia y después de estas elecciones podría empezar a hablar de una reconciliación entre Likud y Kadima, aunque ésta sólo tuviese en la mira alejar a los radicales de Liebermann del poder. Barak también está muy ocupado en mantenerse en el poder; para ello, está dispuesto a cualquier coalición.

¿Y la paz?

El panorama político de Israel está dividido desde hace mucho tiempo en dos bandos contrapuestos; sin embargo, ambos esperan sacar votantes del centro. En el último tiempo, la balanza se inclina más hacia la derecha, sin darle necesariamente a ese bando una victoria clara. Los israelíes en su creciente apatía parecen aceptar sin más la situación. Además, ya casi nadie habla de la paz.

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