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Política

Israelíes y palestinos debaten sobre los puntos a negociar

Días antes de que tenga lugar la conferencia de paz del Medio Oriente en Annapolis, EEUU, las posturas entre israelíes y palestinos son totalmente antagónicas, como para que encuentren una solución al conflicto.

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El presidente palestino, Mahmud Abas y el primer ministro, Ehud Olmert.


Uno podría casi imaginarse que se convoca a esta conferencia de paz y nadie acude a ella. Ciertamente no llegará a tanto. Tanto israelíes como la delegación del presidente palestino, Mahmud Abas tomarán parte en la cumbre de Annapolis, en las afueras de Washington. La Liga Árabe decidirá el viernes si en ella participará algún Estado árabe, que podría estar representado por su embajador en Washington.

Por otra parte, pese a los ocho viajes realizados por la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, en el Medio Oriente, no logró sentar una base común entre israelíes y palestinos de cara a esta cumbre. Eso se debe no sólo a la división aparentemente insuperable de los palestinos entre la línea Hamas, que domina en la Franja de Gaza y Cisjordania, y las fuerzas de Fatah, controladas por el presidente Abas. Tampoco Israel cuenta con una postura de consenso, lo que se vuelve cada vez más evidente a medida de que se acerca el 26 de noviembre.

Posturas antagónicas

Una razón aún más grave que anticipa el fracaso de Rice y confirma el creciente escepticismo ante la cumbre es que las posiciones entre el presidente Abas y el jefe de gobierno israelí, Ehud Olmert, que siguen teniendo posiciones totalmente antagónicas en puntos clave. Abas reclama que la colonización en Cisjordania cese al 100%, demanda la reapertura de las oficinas palestinas en Jerusalén y el regreso de las fuerzas israelíes a sus posiciones anteriores al 28 de septiembre de 2000, cuando comenzó la segunda Intifada, así como la fundación de un Estado palestino. Olmert se muestra menos entusiasta y aconseja no exagerar la importancia del encuentro ni crear demasiadas expectativas. Eso enoja incluso a Washington que exhortó a Israel a detener de una vez la colonización y a liberar a prisioneros palestinos.

El primer ministro israelí exige a Abas que reconozca a Israel como Estado judío, argumentando que el reconocimiento de facto no es suficiente. Con un reconocimiento expreso por parte de Abas Israel quiere eliminar las aspiraciones de refugiados palestinos de volver al actual territorio del que huyeron en 1948, hoy israelí. Abas y su gente comprenden muy bien cual es el objetivo de esta demanda jurídica, misma que rechazan.

Así las cosas no queda mucho por tratar en Annapolis. Una cosa es segura. En Maryland no se negociarán cuestiones sustanciales pero sí se puede dar un impulso a las negociaciones, independientemente de que después tengan suficientes oportunidades para fracasar. Incluso antes del encuentro se discute si deberá haber o no un documento conjunto. Mientras que israelíes y palestinos no se ponen de acuerdo, Washington en cambio, insiste en uno.

Más que nada Annapolis es la oportunidad para mejorar la imagen política del presidente Bush, que descuidó de manera notable el conflicto en el Medio Oriente.

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