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Opinión

Irán y los añicos de Steinmeier

La cancelación de una exposición de arte iraní en Berlín supone una derrota para el ministro Frank-Walter Steinmeier. A todas luces, Berlín cometió un error de cálculo, opina Gero Schließ.

Justo al final de su mandato, las malas noticias le llueven al ministro alemán de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier. La  más reciente de las malas nuevas viene de Irán. La exposición de la colección del Museo de Arte Moderno de Teherán, apoyada por Steinmeier, no tendrá lugar.

Un desaire a los alemanes

Al parecer lo que ha pasado es que el presidente iraní, Rohani, se ha negado a firmar el permiso para exportar las obras de arte. Y eso después de que los alemanes invirtieran tanto capital político en esta espectacular exposición de los cuadros de la colección de la que fuera emperatriz persa Farah Diba-Pahlavi. El "no" de Rohani tiene el efecto de un desaire premeditado. El impacto de esto en las relaciones bilaterales todavía no se puede calcular.

En julio de 2015, después del acuerdo nuclear, comenzó a parecer posible que Irán asumiera un papel constructivo en los conflictos en Siria, Líbano, Yemen y en la cuestión palestina. Es decir, en todos los asuntos donde Teherán es un actor clave. También parecía que iba a haber finalmente una apertura hacia Occidente que, tras el levantamiento de las sanciones, se daría a través del lema "comercio para el cambio". 

Fracasada diplomacia cultural

Éste era el contexto en el que el ministro Steinmeier pretendía traer a Berlín la colección del Museo de Arte Moderno de Teherán. Las joyas de la pintura europea y americana iban a poder ser mostradas por primera vez desde la Revolución Islámica. Y no en Londres, París o Roma. En Berlín.

El contrato firmado, en presencia de Steinmeier, entre el Museo de Teherán y la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano (Stiftung Preußischer Kulturbesitz, SPK) fue una jugada espectacular. Se suponía que iba a nutrir con cultura el proyecto de apertura. El propio Steinmeier hablaba de "diplomacia cultural".

Gero Schließ es corresponsal de DW en Berlín.

Gero Schließ es corresponsal de DW en Berlín.

En cualquier caso, aquí, ésta ha fracasado estrepitosamente. La SPK tuvo que cancelar la exposición, después de que, a pesar de los muchos esfuerzos de Berlín, la contraparte iraní no estuvo dispuesta a conceder la licencia de exportación para las obras de arte. 

Ahora se plantean muchas cuestiones: ¿la contraparte alemana sucumbió a sus propios planes de alto vuelo? ¿Su actitud fue ingenua? ¿Será que la diplomacia cultural es el terreno más apto para, en el contexto de cruentos conflictos como el de Siria, generar el "espacio prepolítico", como lo llama Steinmeier, donde la confianza se pueda generar?

Echando la vista atrás queda claro: Steinmeier y la SPK cometieron un claro error de cálculo. En la constelación actual habría sido un milagro que la exposición llegase a buen fin. Pues no sólo habría significado un éxito de la diplomacia alemana, sino que habría exigido de Irán algo controvertido desde hace décadas. El proyecto de cooperación cultural habría sido una seña clara de acercamiento a Occidente. Es evidente que las pesadas fuerzas conservadoras del Parlamento iraní no estaban dispuestas a ello. Y han podido imponerse; por lo menos por ahora.

No obstante, Steinmeier podría haber estado prevenido: poco después de firmado el acuerdo, el gobierno de los mulá lanzó un concurso de caricaturas con el tema del Holocausto, con participación del director del Museo de Teherán. Por presión de Berlín, el director no participó en el proyecto, pero quedó claro que esta señal venía desde lo más profundo de la política iraní. En ese momento, la ministra de Cultura, Monika Grütters, abandonó el barco. Steinmeier, sin embargo, siguió creyendo en su proyecto. Encomiable, pero no lo salvó del error.

El mal cálculo de Steinmeier

A todas luces, subestimó las fuerzas conservadoras. Es poco comprensible cómo pudo pasar siendo los alemanes, internacionalmente, de los más  involucrados con el régimen iraní.

Quizá sea también que Steinmeier tomó conscientemente ese riesgo. Quería a toda costa esta exposición, pues ella habría afianzado la posición especial de los alemanes en Irán, con todas sus ventajas políticas y económicas.

Ahora el ministro se encuentra ante un montón de añicos. No es el punto de partida más favorable para su sucesor. No obstante, los lazos entre Irán y Alemania no se han rasgado tanto. El Instituto Goethe está en Teherán. Hace poco una delegación de organizaciones científicas –desde el Servicio Alemán de Intercambio Académico hasta la Fundación Humboldt– fueron en busca de sus contrapartes iraníes. Finalmente, desde hace muchos años, el acuerdo cultural con Irán está listo esperando ser firmado. Con todo, cabe recordar que éste tiene que ser ratificado por el Parlamento iraní.

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