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Economía

Inversión agraria extranjera: ¿oportunidad o abuso?

Deutsche Welle habló con dos expertos alemanes sobre los beneficios y riesgos implícitos en los proyectos agrarios impulsados en países no industrializados por inversionistas extranjeros, un modelo de negocios en auge.

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El “boom” de este tipo de inversiones comenzó hacia 2005, junto con el auge de la bioenergía.

El dramático aumento de los precios de los alimentos en 2009 hizo sonar la alarma en todo el mundo y atrajo la atención hacia una nueva forma de explotar las tierras en los países no industrializados, propiciada por el incremento de las inversiones extranjeras en diversos proyectos agrarios. Al capital proveniente de los Estados ricos se ha sumado el de los emergentes; los inversionistas de países como China e India, afligidos por la sobrepoblación y la escasez de tierras productivas, han descubierto el valor del suelo en otras latitudes.

Aunque los organismos internacionales y los Estados interesados en establecer relaciones de cooperación para el desarrollo ven valiosas oportunidades en el uso de los suelos de los países no industrializados, sobre todo en aquellos cuyo sector agrario está desatendido, muchos medios y organizaciones no gubernamentales advierten que la opacidad de los procesos y contratos de asignación facilita la usurpación de tierras. Esta falta de transparencia es un peligro para muchos pobladores de los países receptores de inversiones extranjeras.

“Muchos países le abren sus puertas a los inversionistas y sus habitantes reaccionan positivamente de cara a los proyectos agrarios que vienen del extranjero, al menos en un primer momento, porque ellos traen consigo mucho capital, know-how, conexiones con los mercados y la capacidad de mercadear productos a gran escala; cosas que los minifundistas de los países receptores de inversiones no tienen”, explica Michael Brüntrup, experto en economía agrícola del Instituto Alemán para el Desarrollo (DIE), con sede en Bonn.

Junto a Jann Lay y Kerstin Nolte, del Instituto Alemán de Estudios Globales (GIGA), Brüntrup ofreció una conferencia en Hamburgo este miércoles (23.5.2012) titulada “Robo de tierras o inversiones agrarias”, para analizar los beneficios y riesgos implícitos en los proyectos que utilizan grandes extensiones de tierra en el sur global. “La principal aspiración de los pequeños agricultores en los países receptores de inversiones es conseguir puestos de trabajo ‘modernos’, fuera de la agricultura de pequeña escala”, menciona Brüntrup un aspecto positivo de este fenómeno.

Desde 2005, la tierra se cotiza al alza

Michael Brüntrup, Deutsche Institut für Entwicklungspolitik (DIE)

Michael Brüntrup, economista agrícola del Instituto Alemán para el Desarrollo (DIE).

“Pero, en muchos casos, los habitantes de las zonas rurales no saben a ciencia cierta qué está pasando con vastas superficies de tierra. Por un lado, numerosos campesinos están siendo expulsados de sus terrenos; se les están robando los fundamentos de los que dependen sus ingresos, su vida. Por otro, muchos de estos grandes proyectos no funcionan en absoluto porque los inversionistas sacaron mal sus cuentas y no consideraron todos los problemas con los que podrían toparse”, agrega el especialista del DIE.

“Las consecuencias de las expropiaciones son, desde luego, los conflictos sociales potencialmente violentos. Y a ese riesgo se suma el hecho de que los inversionistas tienen más posibilidades que los pequeños agricultores de causar daños ambientales mediante el uso negligente de la maquinaria o la aplicación de sustancias químicas nocivas, por ejemplo. Grandes extensiones han sido deforestadas por inversionistas que prometieron dedicarse a la agricultura, cuando lo que en realidad querían era tener acceso a la madera y llevársela”, sostiene Brüntrup.

A su juicio, el boom de este tipo de inversiones comenzó hacia 2005, junto con el auge de la bioenergía. “Hasta entonces, las tierras como tal despertaban muy poco interés entre los inversionistas; aun en América Latina, donde buena parte de ellas ya estaban en manos privadas y la compra-venta de terrenos podía negociarse entre un inversionista y otro sin los problemas legales que se presentan en África. Hoy día se da por sentado que la tierra y el agua, vitales para la producción de alimentos, fibras o combustibles, se encarecerán notablemente en el futuro”, cuenta el economista de Bonn.

“Cada vez más bancos previnieron a sus clientes sobre las burbujas especulativas y la volatilidad de los mercados financieros tradicionales se hizo más pronunciada. De ahí que los inversionistas hayan empezado a adquirir tierras y productos agrarios, descritos como anticíclicos o más resistentes a la crisis. En muchos casos, esos inversionistas ni siquiera pusieron las tierras a producir; el sólo hecho de tenerlas, por su valor intrínseco –asociado a los precios de las materias primas agrarias–, ya constituía una buena inversión”, dice Brüntrup.

Más abusos que historias exitosas de cooperación

Jann Lay, GIGA-Institut Hamburg

Jann Lay, del Instituto de Estudios Latinoamericanos (ILAS), adscrito al GIGA de Hamburgo.

Brüntrup y Jann Lay, del Instituto de Estudios Latinoamericanos (ILAS), adscrito al GIGA de Hamburgo, coinciden en que hay más abusos que historias exitosas de cooperación en el marco de estos proyectos agrarios. “La comunidad académica y los políticos que analizan este fenómeno están buscando ejemplos dignos de ser descritos como prácticas óptimas porque la inversión agraria extranjera en los países no industrializados ofrece un potencial aprovechable para ambas partes. Pero es muy difícil encontrar esos casos irreprochables”, opina Lay.

El investigador del GIGA es uno de los autores de Negocios transnacionales con tierras para la agricultura en el sur global, un análisis de la información arrojada por la base de datos de The Land Matrix (http://landportal.info/landmatrix). El programa The Land Matrix busca convertirse en una fuente de conocimientos fiable sobre este complejo tema, estudiando la concesión, el arrendamiento o la compra de superficies de tierra superiores a las 200 hectáreas desde el año 2000.

“Un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricutura (FAO) apunta a que América Latina es un imán para este tipo de inversiones, pero aclara que no es la mala gobernanza ni la falta de transparencia de los procesos de asignación lo que atrae a los inversionistas a sus países. En cambio, los inversionistas tienden a ir a los países africanos que tienen grandes superficies de tierra disponibles o no habitadas, y en donde los derechos de posesión de tierra no están consolidados”, sostiene Brüntrup.

“En muchos países africanos, el Estado tiene el derecho formal de posesión de las tierras y puede ofrecérselas a inversionistas extranjeros sin grandes problemas, sin consultar a la población. Eso sí, el hecho de que muchos de ellos sean Estados débiles termina revirtiéndose en contra de los inversionistas, porque los gobernantes no pueden cumplir sus promesas y obligar a la población a abandonar sus tierras”, acota el experto del DIE. Lay lo secunda, enfatizando que no se debe generalizar, tildando de vulnerables a regiones enteras o satanizando a todos los inversionistas por igual.

Paraguay Soja-Plantage

Lay: “Los problemas son más pronunciados en países con instituciones estatales débiles”.

Equidad, información y transparencia

“Los problemas causados por los proyectos agrarios extranjeros son más pronunciados en aquellos países con instituciones estatales y Gobiernos demasiado débiles para resolverlos, con mala gobernanza, con leyes de posesión de tierras mal definidas, en donde la Justicia no funciona y la corrupción prevalece en la administración pública”, dice Lay, subrayando que está en manos de las naciones receptoras de inversiones erigir una estructura legal y judicial para enfrentar las irregularidades que surjan en el marco de esos proyectos.

Según Brüntrup y Lay, existen más de cincuenta catálogos con directrices para que los proyectos en cuestión fluyan de manera ideal, redactados tanto por entes del sector privado como por organismos internacionales como la ONU y organizaciones no gubernamentales; pero todos son compromisos voluntarios no vinculantes. “Lo más importante para los países en donde se asientan estos proyectos agrarios es dejar claro que los inversionistas tendrán derecho a explotar las tierras, pero no los derechos formales a la posesión de ellas”, aconseja Brüntrup.

“Además, la población que trabaja las tierras debe ser consultada antes de que éstas pasen a ser explotadas por inversionistas extranjeros; eso vale para los agricultores, los ganaderos y los que recolectan madera o productos naturales. Y, cuando la población entre en negociaciones con los inversionistas –o con el Estado, en nombre de los inversionistas–, ésta debe estar bien informada sobre las ventajas y desventajas de la transacción. Todo debe negociarse de manera transparente; los contratos deben estar a la vista”, cierra el especialista del DIE.

Autor: Evan Romero-Castillo
Editora: Emilia Rojas

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