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Europa

Idomeni: los ánimos griegos están caldeados

Los griegos en Idomeni se sienten cada vez más desbordados. No solo por el flujo de refugiados, sino también por el comportamiento de los voluntarios extranjeros, reporta Panagiotis Kouparanis.

Su cosecha se ha perdido, se queja el agricultor Adamantios Haralampakis (foto). Sus campos fueron pisoteados, cubiertos de mantas y carpas. El treintañero, uno de los casi cien habitantes de Idomeni, está indignado por la situación que vive la localidad desde el verano pasado. La gran cantidad de refugiados y migrantes recién llegados ha puesto la vida local cabeza abajo.

Tuvo que instalar un portón en la entrada, pues ya le habían robado dos chivos, varios pollos y 600 kilogramos de madera. Antes, su hija podía jugar en la calle, y no solo en el patio de su casa. El Gobierno en Atenas anunció indemnizaciones, pero Adamantios no quiere dinero sino volver a disponer de sus campos.

No todos piensan como Adamantios. Hay campesinos que han alquilado campos a organizaciones no gubernamentales (ONG); comerciantes que identificaron su oportunidad para vender mercancías a los refugiados; establecimientos gastronómicos que han debido emplear más personal para atender a la crecida clientela.

Algunos campesinos han alquilado sus campos, otros solo quieren volver a disponer de ellos.

Algunos campesinos han alquilado sus campos, otros solo quieren volver a disponer de ellos.

Muchos hoteles de la región llevan meses a lleno completo gracias a la avalancha de voluntarios extranjeros. La gastronomía y el comercio minorista reportan cifras récord. Más de 200 antiguos parados de los alrededores han sido empleados por ONG por salarios mensuales de entre 700 y 800 euros; mantienen limpio el campo de refugiados de Idomeni, reparten comida, trabajan como vigilantes.

Extraño comportamiento

"No es poco en una región con más de 60 por ciento de desempleo", dice la estudiante Athina Paraskevopoulou, de la pequeña ciudad de Polykastro. El puesto de pizzas de su padre también se ha beneficiado de la situación.

No obstante, Athina tampoco está satisfecha. Junto con voluntarios de la región, desde el otoño de 2014, intentó ayudar a los refugiados de Idomeni, a 25 kilómetros de distancia. Les proveían de alimentos, agua y ropa. Pero prácticamente han dejado de hacerlo. La razón: el comportamiento de los refugiados y de los voluntarios extranjeros.

Athina Paraskevopoulou ya no está tan comrpometida como antes en la ayuda a los refugiados.

Athina Paraskevopoulou ya no está tan comrpometida como antes en la ayuda a los refugiados.

Esta es una sociedad cerrada, con una moralidad estricta, explica Athina. Las "fiestas constantes" y la "conducta permisiva" de las voluntarias extranjeras, sobre todo, no son bien vistas. Además, está una suposición que repiten casi todos los griegos de los alrededores: que los voluntarios extranjeros podrían estar incitando a los refugiados a emprender dudosas acciones.

Es lo que se rumora del paso de 1.500 personas a territorio macedonio,

hace unas semanas;

o del intento por derribar la valla macedonia

el pasado domingo.

La policía macedonia empleó gases lacrimógenos y tiros de goma; cientos de refugiados sufrieron problemas respiratorios y de visión; y muchos griegos se disgustaron por el bloqueo de la autopista y las vías ferroviarias a que recurrieron los refugiados.

Peligroso cambio de talante

"El Estado ha perdido el control", se queja Kostas Memetzis, vicealcalde de la municipalidad de Paionia, a la que pertenecen Idomeni y Polykastro. No tiene nada en contra de grandes ONG como "Médicos Sin Fronteras", pero sí contra los cientos de voluntarios que llegan al país y creen que pueden comportarse "como les viene en ganas". Exige que solo se permita el trabajo de ONG reconocidas.

A Memetzis le molesta también el comportamiento de los refugiados: el bloqueo de autopistas y ferrocarriles daña al país; no puede ser que gente a la que Grecia ha acogido se comporte así. Y el político conservador critica también al gobierno griego: su municipio, uno de los 17 más pobres Grecia, ampara a alrededor del 35 por ciento del total de refugiados acogidos por el país. Muchos habitantes se sienten amenazados, hablan de crear grupos de autodefensa ciudadana, la compra de armas se ha disparado, dice. Pero parece que, en este punto, Memetzis se equivoca.

Esta afirmación, basada en declaraciones a los medios de una tienda de armas de Polykastro, no se apoya en datos verificables. Y no solo los dueños de otro negocio homólogo de la propia localidad la desmienten. Según datos policiales, son 50 las nuevas solicitudes o solicitudes de prórrogas de licencias para portar armas recibidas en los primeros tres meses de este año en Paionia. En el mismo período del 2015 fueron 53.

Mihalis Tsernikoudis teme que la agresividad contenida lleve a sus conciudadanos a emprender acciones irreflexivas.

Mihalis Tsernikoudis teme que la agresividad contenida lleve a sus conciudadanos a emprender acciones irreflexivas.

Pero no hay dudas de que la población está irritada, confirma Mihalis Tsernikoudis. Este dueño de una tienda de chimeneas fue parte de la cúpula del conservador partido Nea Dimokratia. Decepcionado de la alta política, se desempeña desde hace años como voluntario. Para el domingo, había invitado a una asamblea ciudadana. Los medios locales reportaron la asistencia de más de 600 personas.

Originalmente, iba a hablarse de asistencia voluntaria en caso de catástrofes. Pero hace semanas que se nota, entre amigos y conocidos, un peligroso cambio de talante. Tsernikoudis llegó a temer que la agresividad contenida llevara a acciones irreflexivas. En la sala, los ánimos estaban caldeados. El diputado local del gobernante partido Syriza se vio obligado a marcharse. Aún está por verse si la olla perdió así suficiente presión, o no.

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