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Europa

Huracán político en el verano de Londres

La popularidad del premier británico, Gordon Brown, cae en picada. Una encuesta de “The Independent” asigna sólo un 24% de apoyo a los laboristas y en el partido comienza a fraguarse un motín, según la prensa británica.

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Con los vientos en contra se fue de vacaciones Gordon Brown.

El presentador del tiempo hizo gala de humor en el noticiero de una emisora londinense: pronosticó que "hará calor en el reino y al mismo tiempo habrá fuertes tormentas con perturbaciones atmosféricas, especialmente en la costa de Suffolk". En esa localidad se encuentra descansando desde hoy el primer ministro británico, Gordon Brown, en las que podrían ser sus últimas vacaciones como jefe de gobierno.

Drama shakesperiano

Los británicos no apuestan ni un penique por el futuro político de su primer ministro, a pesar de la encendida defensa que hizo de él su ministro de Justicia, Jack Straw, para atajar los rumores del barrio gubernamental de Whitehall de que él es quien está detrás de la naciente conspiración para derribar al premier.

La prueba a la que está sometido el laborismo tiene ribetes de un drama de Shakespeare. "Ante la creciente convicción de que no hay otra salida, miembros del gobierno predicen que habrá intentos por quitar a Brown de en medio para fines de agosto como muy tarde", escribe el dominical "The Observer". Brown es visto en su partido como el principal responsable de las últimas y aplastantes derrotas electorales del laborismo.

Derrota en Escocia

El último golpe para el cada vez más arisco primer ministro vino de su natal Escocia, precisamente en un distrito electoral que desde hace casi 60 años se consideraba un bastión intocable del laborismo. Los electores de Glasgow East depositaron masivamente su confianza en los nacionalistas escoceses que gozan del apoyo del actor Sean Connery. Glasgow East podría ser la gota que colma el vaso. Cuando Brown reemplazó a Tony Blair hace un año, su popularidad estaba por los cielos. Pero cuando desistió de convocar elecciones para ser ratificado en el cargo, la opinión pública le dio la espalda.

Y ahora tiene que pagar los platos rotos. La crisis económica que pronosticaban los expertos se hizo dura realidad. Bancos hipotecarios fueron rescatados con miles de millones para evitar su quiebra. Al igual que en el resto del mundo, los precios energéticos y de alimentos se salieron de control. La inflación del Reino Unido -3,7 por ciento interanual- es de las más altas de la Unión Europea. Y Brown fue precisamente durante diez años el secretario del Tesoro, la máxima autoridad económica del Reino Unido.

Un nuevo rostro para el laborismo

La pérdida de confianza en Brown, de 57 años, es de tal magnitud, que los laboristas serían barridos de los cargos públicos como por un tsunami en caso de celebrarse elecciones ahora, según las encuestas. La recuperada oposición conservadora no se cansa por ello de reclamar elecciones anticipadas. La ley estipula que deberán realizarse a más tardar en mayo de 2010. Para salvar lo que quede para entonces, los adversarios internos de Brown quieren a un nuevo hombre al frente del partido. Uno de los políticos que más entusiasmo despierta para esta tarea es el ministro del Exterior David Miliband, de 43 años, que se mantiene alejado del debate por la sucesión de Brown a pesar de que los medios siguen cada uno de sus pasos. La semana pasada, Miliband hizo un viaje inusual para un ministro del Exterior al suburbio londinense de Slough, donde el laborismo sigue gobernando imbatible. Quizás allí se pueda entender cómo salvar al partido, ironiza "The Observer".

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