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“Hall of Fame” del deporte alemán: un campo minado

Crear una “Hall of Fame” del deporte parece fácil. Sin embargo, el pasado alemán, entre nacionalsocialismo y comunismo, lo transforma en un campo minado.

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Visitantes miran fotos de la exposición de la "Hall of Fame", en Berlín.

Debía de ser un día de fiesta. Pero la fundación de la “Hall of Fame” del deporte alemán en Berlín el martes (06.05), que por ahora sólo existe en forma de exposición itinerante de fotos, derivó en una encubierta discusión acerca de quiénes la integrarán y por qué. Ya en la elección del nombre se optó por un anglicismo, para evitar todo paralelismo con la idealización nazi del deporte “ario”.

Ya el banal hecho de que en algunos comentaristas pusieran en duda en los diarios el objetivo de esta “Hall of Fame” y discutieran acerca de los criterios de selección, es decir, acerca de la inclusión de algunos miembros del Partido Nazi, llegando incluso a hablar de una “Hall of Shame”, aguó la fiesta.

La idea fue de la fundación Stiftung Deutsche Sporthilfe, una organización de interés público que apoya a los deportistas de punta. Hans Wilhelm Gäb, el director del consejo de vigilancia de la fundación, no puede ocultar su disgusto, llegando incluso a hablar de “crítica manipulada de algunos periodistas aislados”.

Nada es muy sencillo

Pero la cosa no es tan sencilla. De los 40 deportistas incluidos hasta ahora en la “Hall of Fame”, ocho han recibido el premio “Pirámide de oro” de la Stiftung Deutsche Sporthilfe.

Hall of fame Roland Matthes

Roland Matthes

El resto fue nombrado en forma póstuma. De la ex RDA, la “Alemania comunista”, sólo está en la lista un deportista, el cuádruple campeón olímpico Roland Matthes.

La discusión en relación con los atletas de la desaparecida RDA, recién ha comenzado y continuará seguramente cuando, en el futuro, se agreguen dos a tres atletas por año a la “Hall of Fame”. Pero el debate acerca de las relaciones entre Alemania Oriental y Occidental y el deporte antes y después de 1945 ya no se puede detener.

“La historia nos persigue y no deja a nadie tranquilo”, dijo Gäb. Su jurado, compuesto por 25 personas, se ha concentrado en principio con los deportistas de la primera mitad del siglo XX. No toda decisión es cuestionable.

Schachpartie Capablanca gegen Lasker

Partida entre Capablanca (izq.) y Lasker (1925).

Entre los elegidos se cuentan por ejemplo el gran campeón de ajedrez, matemático y filósofo Emanuel Lasker (1868-1941), un judío, que pudo huir de la Alemania nazi. También el múltiple campeón de lucha libre Werner Seelenbinder (1904-1944), asesinado por los nazis.

Werner Seelenbinder, deutscher Ringer

Werner Seelenbinder



Debates y discusiones

Pero paralelamente fueron incluidos en la “Hall of Fame” el entrenador de fútbol del “III Reich” Sepp Herberger y Josef Neckermann, que se benefició de la “arización” de patrimonio judío por parte de los nazis. Herberger, Neckermann y también el ex miembro del Comité Olímpico Alemán Willi Daume fueron miembros del Partido Nazi (NDSAP).

Bundestrainer Sepp Herberger wird 80

Sepp Herberger

En Alemania Occidental fueron más tarde honrados con la “Cruz Federal al Mérito”. “El jurado no podía pasar por alto esas condecoraciones”, comentó Däb.

El historiador Thomas Mergel, de la Universidad Humboldt de Berlín, recordó en su discurso durante la ceremonia esas “manchas” en las biografías de Daume, Herberger y Neckermann. “En el deporte se manifiestan las fracturas de la historia alemana”, recordó Mergel.

BG Rudolf Caracciola Hall of Fame des Sports Rennfahrer Motorsport 1901-1959

El famoso piloto de automóviles Rudolf Caracciola (1901-1959)

También la conformación del jurado ha dado pie a discusiones. Fue conformado con personalidades empresariales, políticas y de medios de comunicación. Representantes de las artes, las ciencias y en general de los nuevos Estados federados (ex RDA) hay muy pocos. Los problemas abundan por lo tanto. “Nosotros, los seres humanos no estamos en condiciones de hallar la verdad absoluta y hacerle justicia a todos”, llegó a agregar Däb.

Razón tiene. En vista de todo ello, tanto el presidente federal, Horst Köhler, como el ministro federal del Interior, Wolfgang Schäuble, optaron por no hacer uso de la palabra durante la ceremonia. En el campo minado de la asunción del pasado pueden efectivamente darse rápidamente pasos equivocados. Y más vale prevenir que curar.

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