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América Latina

Haití a cuatro años del gran terremoto

Este 12 de enero de 2014 se cumplen cuatro años del terremoto que dejó a Haití en ruinas. En aquel momento, la ayuda internacional llegó rápidamente. Pero hoy, la reconstrucción del país avanza muy lentamente.

Superando los 7 grados de la escala Richter, el terremoto que sacudió a Haití el 12 de enero de 2010 dejó al país caribeño en ruinas y sin recursos para emprender la reconstrucción nacional sin ayuda exterior. Más de 200.000 personas perdieron la vida, tres de los nueve millones de habitantes quedaron sin hogar y todos se vieron expuestos durante meses a la epidemia de cólera que estalló debido a las precarias condiciones higiénicas prevalentes después de la catástrofe. El auxilio internacional llegó rápidamente. Pero hoy, a cuatro años del trágico suceso, la reconstrucción del país avanza muy lentamente. ¿A qué se debe ese fenómeno?

¿Misión cumplida?

Desde la perspectiva germana, ¿cabe decir que la cooperación entre el Gobierno de la canciller Angela Merkel y las organizaciones humanitarias alemanas funcionó de manera óptima? Volker Gerdesmeier, de la organización católica Caritas, está convencido de que así es; él estuvo en Haití por última vez hace medio año y asegura que la misión de las asociaciones alemanas en ese país alcanzaron muchos de sus objetivos. No obstante, a juicio de Gerdesmeier, en Haití también se hicieron presentes organizaciones poco profesionales que, en lugar de colaborar, entorpecían el trabajo de los demás con sus intervenciones.

Ver el video 01:24

Cuatro años después del terremoto



“Cuando la crisis estaba en su punto álgido, nosotros elaboramos listas de víctimas del terremoto para garantizar que los artículos de primera necesidad llegaran a las manos de quienes más los precisaban y evitar prácticas deshonestas. Esa fue una labor muy ardua. Luego llegó una organización italiana y nos preguntó si podían emplear nuestras listas”, cuenta Gerdesmeier en entrevista con DW. Al final, sin consultar a los miembros de Caritas, los italianos terminaron repartiendo los mismos productos que los alemanes habían estado distribuyendo. “Eso fue una locura sin sentido”, lamenta Gerdesmeier.

Michael Deininger, director de la central de aguas de la localidad bávara de Marktdießen, coincide con Gerdesmeier en que el balance de la actuación de las organizaciones alemanas en Haití es positivo. Deininger contribuyó a restablecer el abastecimiento de agua potable, a levantar campamentos de emergencia y a comenzar la restauración de la infraestructura en Puerto Príncipe. Sin embargo, para Jutta Meissner, de la organización Johanniter, el alcance de la misión humanitaria alemana sigue dejando que desear. “Uno no puede simplemente decir: ‘Cerramos los campamentos de emergencia y a la gente le va bien’ ”, señala Meissner.

Problemas de fondo

Volker Gerdesmeier, de la organización humanitaria Caritas.

Volker Gerdesmeier, de la organización humanitaria Caritas.

“La gente fue expulsada de los campamentos. Muchos siguen viviendo en condiciones de hacinamiento”, enfatiza la experta, acotando que, aunque se hizo mucho en Haití, “eso no es suficiente”. A sus ojos, ayudar a los damnificados haitianos fue más difícil que socorrer a las poblaciones de otras latitudes. “El Estado no existía en Haití. Cuando comenzamos el proceso de reconstrucción teníamos que determinar a quién pertenecía uno u otro pedazo de tierra y esa labor fue casi imposible porque en Haití no existe un registro catastral. Ese es sólo un ejemplo, pero, en general, en Haití no contamos con socios fiables para la reconstrucción nacional”, añade Meissner.

En su ensayo La maldición blanca, Eduardo Galeano pasa revista a la compleja red de circunstancias que impidieron el florecimiento de Haití tras abolir la esclavitud e independizarse de Francia. El periodista y escritor uruguayo narra cómo el país antillano pasó de estar en la mira de Europa por sus virtudes de colonia próspera a ser un Estado invisible, ignorado por la comunidad internacional: ahorcado, primero, por “la deuda gala”; saqueado, después, por invasores poderosos; agobiado, más tarde, por la violencia fratricida; y descrito –no sin cierta saña racista– como una víctima de sí mismo. La recurrente inclemencia de la naturaleza es sólo uno de los problemas que afligen a esa nación.

Y, por ahora, echarle una mano a Haití para que supere las calamidades que trajo el terremoto de 2010 es lo que países como Alemania pueden hacer. El Ministerio Federal para la Cooperación Económica y el Desarrollo está financiando un proyecto de varios años coordinado por Caritas para poner coto a los embates de la catástrofe y también para prevenirlos. Las metas incluyen la implementación de programas contra la erosión de los suelos, proyectos de reforestación, formación de socorristas profesionales y construcción de vías de evacuación. Tres mil haitianos serán contratados para que estos proyectos se materialicen lo antes posible.

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