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Ciencia y Ecología

Gustavo Fernández, constructor de moléculas

El español Gustavo Fernández Huertas lidera su propio grupo de investigación en el Instituto de Química Orgánica de la Universidad de Wurzburgo gracias al Premio Sofja Kovalevskaja, que ganó en 2010 con solo 31 años.

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Dr. Gustavo Fernández Huertas

El trabajo de Gustavo Fernández consiste en entender la estructura de las moléculas. El español, de la ciudad de Ávila, es químico orgánico y supramolecular. La química supramolecular estudia los enlaces no-covalentes, es decir, “las pequeñas fuerzas responsables de muchos procesos biológicos como las interacciones entre proteínas o la estabilización de la doble hélice de ADN”, explica el investigador. La materia que conocemos se forma por el ensamblaje de moléculas, a través de enlaces no-covalentes, pudiéndose asemejar a la fabricación de un aparato, como por ejemplo un teléfono, en el que se van colocando las piezas adecuadas en el sitio preciso. Si las piezas interactúan correctamente, el aparato podrá realizar una función, en este caso transmitir a distancia la palabra y otros sonidos por la acción de la electricidad. Lo mismo ocurre con las moléculas. Si las moléculas interaccionan entre sí de manera adecuada, pueden llegar a realizar una función.

El joven científico llegó a Wurzburgo en 2009 para realizar dos años de postdoctorado con una beca Humboldt de investigación. A los tres meses de su llegada, su jefe le animó a presentarse al prestigioso premio Sofja Kovalevskaja por su destacado perfil: “yo no estaba preparado, pero lo ves como una oportunidad en tu vida y de hecho me ha cambiado todo lo que tengo”. El premio está dotado con 1,6 millones de euros para cinco años y financiado por la Fundación Alexander von Humboldt y el Ministerio alemán de Educación y Ciencia.

Sobre cómo se ensamblan las moléculas

“Lo que nosotros estamos haciendo es mezclar diferentes moléculas y ver cómo influyen unas en otras”, explica el químico. Los investigadores que trabajan en este campo saben que moléculas iguales aisladas pueden asociarse entre sí mediante interacciones no covalentes y crear diferentes estructuras, como vesículas o micelas, diferentes agregados de diferentes formas. A su vez, observando la estructura de las moléculas pueden predecir cómo se van a ensamblar. Sin embargo, no se sabe muy bien qué ocurre cuando se juntan dos o más moléculas diferentes. En ocasiones, como resultado de la mezcla surgen propiedades nuevas que no existían en las moléculas por separado: “nosotros estudiamos cómo se ensamblan las moléculas y cuáles son las propiedades emergentes de ese ensamblaje”, explica el joven científico. Por ejemplo, una molécula en su estado monomérico, sin agregar, puede no tener propiedades fluorescentes que sí tiene en su estado agregado. Las arquitecturas supramoleculares tienen aplicaciones variadas como por ejemplo en células solares o en el campo de los materiales optoelectrónicos como los LEDs, del inglés Light-Emitting Diode.

Pero lo que más le interesa al investigador es “conocer en detalle cómo se ensambla una molécula en una estructura organizada, como por ejemplo una vesícula”, explica con entusiasmo. Las vesículas son estructuras que existen en la naturaleza pero los mecanismos de su ensamblaje no se conocen. De este modo, se podría quizá saber cómo se forman muchas estructuras de la naturaleza, entendiendo cómo son las estructuras de las moléculas de las que están compuestas.

Gustavo Fernández Huertas con su equipo de jóvenes investigadores: de izqda. a dcha.: Dr. Naveen Allampally, Jennifer Schellheimer, Christina Rest, Alex Rödle, Dr. María José Mayoral Muñoz, Ana Reviejo Guzmán.

Gustavo Fernández Huertas con su equipo de jóvenes investigadores: de izqda. a dcha.: Dr. Naveen Allampally, Jennifer Schellheimer, Christina Rest, Alex Rödle, Dr. María José Mayoral Muñoz, Ana Reviejo Guzmán.

“Crear moléculas es como cocinar pero en un laboratorio”

El joven investigador no conocía Wurzburgo anteriormente pero está muy contento con la ciudad. Eligió la Universidad por la calidad investigativa de su jefe de postdoc. Cuenta que siempre quiso ser químico y que lo que más le gusta de la investigación es descubrir cosas nuevas: “Me encanta hacer nuevas moléculas con mis manos. Es como cocinar pero en un laboratorio, mezclando sustancias en proporciones adecuadas y observando cómo reaccionan unas con otras”.

El español ya lleva cuatro años entre alemanes y dice haberse adaptado bien. En cuanto al trabajo, ve muchas ventajas: “Cuando llegué aquí tenía para mí sólo el equipo y material que en España compartía con diez personas”, comenta el investigador. Sin embargo, se queja de la falta de efectividad por culpa de la burocracia germana. “En España hablas con la persona adecuada y lo tienes ese mismo día. ¡Aquí tienes que rellenar tres formularios!” enfatiza. Además, considera que los jóvenes investigadores españoles tienen una mayor motivación. “En España la actividad investigadora en el sector industrial es escasa y la mayoría de nosotros hacemos la tesis por vocación. Aquí, sin embargo, en muchos casos está enfocada al trabajo posterior en una industria”, aclara el investigador. En cuanto a sus planes de futuro, le gustaría quedarse en Alemania. “Me quedan dos años de contrato y voy a intentar conseguir una plaza fija de profesor”, cuenta con ilusión.

Autora: Aitziber Romero

Editora: Emilia Rojas

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