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Alemania

Guarderías infantiles privadas: ¿solución o problema?

En Alemania escasean las guarderías infantiles públicas. ¿Se necesitan más guarderías privadas? Hay quien dice que sí, hay quien las rechaza tajantemente.

Tres niños jugando en un kindergarten alemán.

Los niños en esta guardaría están contentos. A muchos padres les resulta difícil encontrar una plaza en una guardería porque escasean los kindergarten públicos.

“Muy aburrido” halló su hija el jardín de infantes en Alemania, cuando la joven familia regresó después de una estancia de estudio en los Estados Unidos, dice Jelena Wahler. A diferencia de las guardarías en EE. UU, su hija fue solamente “guardada” en el kindergarten alemán. Tanto Jelena como su esposo, Peter Wahler, esperaban más calidad de una guardaría infantil en Alemania.

La decisión la tomaron cuando vino el segundo hijo: la pareja de ingenieros industriales fundó una guardería infantil propia en Stuttgart. Después siguió un kindergarten. Eso fue en 2006.

En el ínterin, los Wahler tienen toda una cadena de guarderías infantiles y kindergarten: “Little Giants”, la primera en Alemania. En los próximos tres años quieren abrir otras 50 guarderías. La demanda es enorme. “Little Giants” es muy exitosa debido a su excelente oferta: claros objetivos, grupos pequeños, proyectos participativos, suficiente personal bien preparado y clases de inglés.

El cuidado de niños no es cosa para hacer negocios

Apoyar a los niños, pero también incentivar su desarrollo es el objetivo de un proyecto de ley que actualmente desata controvertidos debates en Alemania. Las discusiones giran en torno a cómo tratar en el futuro empresas como “Little Giants”. ¿Deberían favorecerse también las guarderías privadas de las nuevas subvenciones que se planean en la ley o sólo las estatales?

Una madre cuidando a su hijo.

Muchos padres están buscando plaza de guardaría.

Para Wahler, subvenciones estatales para los kindergarten privados serían un paso importante para abaratar lo que deben pagar los padres, que en algunos municipios asciende hasta 1000 euros por mes. “Es mucho dinero”, dice Michael Weinmann, de Stuttgart, empleado de sueldo medio, que no halló ninguna plaza en un kindergarten del Estado y debió recurrir a una institución privada para su hija Natasja.

Por ello es necesario, agrega, que el Estado subvencione las guarderías infantiles privadas. El objetivo del gobierno es crear 750.000 nuevas plazas de kindergarten en los próximos tiempos. "Sólo no lo va a lograr", concluye Weinmann.

Las Iglesias y los sindicatos están en contra de las subvenciones a las guarderías privadas. “Con el cuidado de los niños no se deben hacer negocios”, comenta Bernhard Eibeck, del Sindicato de Educación y Ciencia (GEW), quien teme que el Estado deje el cuidado de los niños cada vez más en manos privadas. Ello abriría las puertas para cadenas globales de kindergarten, baratos, pero malos, teme Eibeck.

Un ejemplo de Australia: el empresario Eddy Groves se ha convertido en el hombre mas rico del continente con su empresa de guarderías infantiles “ABC-Learning”, que en el ínterin ha abierto también kindergarten en Inglaterra, Estados Unidos y Canadá… hasta que cayó su cotización en bolsa en 2008.

Ahora miles de padres temen por sus plazas en los kindergarten… y ya casi no hay más guarderías públicas. En Inglaterra, donde el 85% de las guarderías están en manos privadas, la profesora de educación infantil de la Universidad East London Helen Penn llega a la siguiente conclusión: las guarderías privadas son de deficiente calidad y no asumen suficiente responsabilidad social.

Dieter Dohmen, director del Instituto de Investigación Social y Educativa (FIBS), por su parte, advierte de que “no todo lo que es público es malo”. La bolsa de valores y los beneficios a corto plazo no deben ser la regla, especialmente en el sector educativo.

Pero sobre todo en Alemania "existen suficientes ejemplos de pésimos kindergarten públicos". Dohmen aboga por la competencia entre guarderías públicas y guarderías privadas, “si se realiza de manera justa”.

Para él la discusión actual no está correctamente enfocada: la alternativa no es kindergarten privados o públicos. “El punto esencial es la calidad”. ¿Por qué no crear un control de guarderías cada tres años, como es ya común para los automóviles en Alemania?, pregunta Dohmen.

“Muy contentos” están hasta ahora los Weinmann con la guardería “Little-Giants”: su hija Natasja está aprendiendo el abecedario y cómo plantar tomates.