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Europa

Grottian: “La acentuación de la crítica al capitalismo ya es evidente”

Las protestas contra las políticas del Banco Central Europeo opacaron la inauguración de su sede en Fráncfort. El politólogo Peter Grottian describe los tumultos como una nueva manifestación de la crítica al capitalismo.

Este miércoles (18.3.2015), activistas anticapitalistas de distintos países se concentraron en las calles de Fráncfort del Meno para protestar contra las políticas del Banco Central Europeo, haciendo sentir su presencia durante la inauguración de la nueva sede central de ese organismo.

Aunque muchos manifestaron pacíficamente, otros se enfrentaron violentamente con las fuerzas de seguridad y opacaron no solamente la ceremonia del Banco Central Europeo, sino también el trabajo de los grupos altermundistas más interesados en hacer llegar su mensaje a la opinión pública comunitaria.

Los tumultos llevaron al sindicato de la policía alemana a exigir controles fronterizos durante la cumbre del Grupo de los Siete (G7) que se realizará en Baviera en junio. Deutsche Welle habló sobre este fenómeno con Peter Grottian, politólogo en la Universidad Libre de Berlín y miembro del Consejo Científico de ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Acción Ciudadana).

Deutsche Welle: Señor Grottian, ¿por qué se vio tanta violencia en torno a la inauguración de la nueva sede del Banco Central Europeo?

Peter Grottian: Creo que eso se debe a que las protestas que se registraron en Europa no persuadieron al establishment de cambiar sus prácticas. El Gobierno alemán y la tríada integrada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) no se esmeraron mucho en reformar a fondo el sistema bancario ni en implementar un rescate económico para Grecia que le permitiera respirar al Gobierno de Atenas y al pueblo heleno. Estas instancias impusieron sus condiciones sin mucha contemplación.

¿Qué representa el BCE para el movimiento altermundista?

Peter Grottian, politólogo en la Universidad Libre de Berlín y miembro del Consejo Científico de ATTAC.

Peter Grottian, politólogo en la Universidad Libre de Berlín y miembro del Consejo Científico de ATTAC.

A sus ojos, el BCE es quien debe administrar el ‘tratamiento’ que los países sureuropeos necesitan para recuperarse de la crisis financiera. Y el reproche que se le hace al BCE es que salvó a los bancos, pero no a la población griega. En principio, las condiciones impuestas a cambio de rescates económicos no las puede cumplir ningún Gobierno griego, independientemente de su signo político. Las jubilaciones sufrieron recortes del 40 por ciento, la asistencia médica está en un estado miserable, el sueldo mínimo es irrisorio.

Esos son los argumentos de una protesta social que es, a todas luces, justa. Lo que se pide es que en los países sureuropeos se apliquen políticas distintas de las que promueven la Unión Europea (UE) y el Gobierno alemán.

El BCE dice fomentar una política de presupuestos nacionales equilibrados mediante el principio de la austeridad. ¿Qué tiene de malo buscar el equilibrio de ingresos y egresos?

En principio, no hay nada de malo en ello. Pero, al ver lo mal que están las relaciones entre la UE y los Estados del sur, queda claro que hay que probar otros recursos. No se deberían desestimar las posibilidades que tiene el Gobierno griego de generar otros ingresos. Por ejemplo, el suministro de armamento a Grecia –el Estado mejor apertrechado de la OTAN– podría ser renegociado y suspendido. Atenas puede cobrarle impuestos a los 2,4 millones de personas que invierten dinero en el mercado inmobiliario griego.

Grecia también puede cobrarle un ‘impuesto de solidaridad’ a las 22,5 millones de personas que hacen turismo anualmente en el país. Y voy más lejos todavía: Alemania debería concebir un programa de ayuda dirigido específicamente a la población helena. Eso le permitiría a la canciller alemana, Angela Merkel, y a su ministro de Economía, Sigmar Gabriel, volver a dejar ver sus caras en las plazas de Atenas. El pueblo griego sabe muy bien lo que la política de la troika trae consigo.

¿Qué es lo que el actual Gobierno griego considera inaceptable del programa de austeridad de la UE?

Inaceptable es contar con una tasa de crecimiento enorme para que Grecia pueda pagar sus deudas. A juicio de muchos expertos esa es una ilusión. ¿Qué tipo de recorte de deuda es viable? Esa incógnita sigue abierta. Lo que sí se sabe ya es que no se puede humillar y acosar a un país como se ha venido haciendo, independientemente de la opinión que uno tenga sobre Grecia o su Gobierno. Lo que el Gobierno heleno demanda es una solución europea que responda a las posibilidades de España, Portugal, Italia y la propia Grecia.

No estoy diciendo que esté mal todo lo que exigen Merkel o por su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble; pero en esta forma y con esa dureza no se puede alcanzar equilibrio político alguno.

¿Cree usted que la crítica al capitalismo se acentúe al calor de las demandas de austeridad?

La acentuación de la crítica al capitalismo ya es evidente. Ese ya es un fenómeno evidente. No se puede decir que las políticas para Grecia hayan sido exitosas. Si fueran exitosas, si realmente ayudaran a la economía griega y al pueblo heleno, no oiríamos tantas críticas. Pero, hasta ahora, lo que vemos es lo contrario. Y es poco probable que veamos cambios maravillosos en los próximos dos años.