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“Shakespeare es alemán”

12 de noviembre de 2010

No exageran quienes le atribuyen vieja data a la “conexión germana” de Shakespeare: aunque el dramaturgo es sinónimo de todo lo inglés, los alemanes lo consideran “enteramente nuestro” desde mediados del siglo XVIII.

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"Shakespeare es alemán" es el título de la programación actual del Globe Theatre de Londres.Imagen: picture-alliance / imagestate/HIP

Aunque a primera vista parezca blasfemo, el título de la programación actual del Globe Theatre –el célebre teatro isabelino erigido en Londres en 1599– fue concebido con la intención de arrojar luz sobre un nexo muy especial que une al hombre de letras más famoso de la historia con la tierra de Goethe. “Cada vez me doy más cuenta de las profundidades que William Shakespeare alcanzó en la psique germana desde el siglo XVIII en adelante”, comenta Patrick Spottiswoode, director del ala educativa del Globe Theatre y curador de la temporada Shakespeare es alemán de esta institución.

No exageran quienes hablan de la “conexión alemana” de Shakespeare ni quienes le atribuyen vieja data. El alemán fue el primera idioma al que se tradujo la obra del Bardo de Avon, la primera Sociedad Shakespeare del mundo fue fundada en Alemania y, anualmente, se montan más piezas de este dramaturgo en Alemania que en la propia Inglaterra. “Los alemanes de los siglos XVIII y XIX lo consideraban ‘ganz unser’, ‘enteramente nuestro’ ”, agrega Spottiswoode.

Shakespeare y la lengua alemana

Globe Theatre in London
El Globe Theatre de Londres es un teatro isabelino que se erigió por primera vez en 1599.Imagen: picture-alliance / dpa

Esa noción de “propiedad” sobre Shakespeare estaba fundamentada sobre la cantidad y calidad de las traducciones que empezaron a aparecer en Alemania a partir de 1766 –un siglo y medio después de su muerte–, comenzando con las traducciones que hizo el poeta y editor germano Christoph Martin Wieland de veintidós obras de teatro del bardo. “Traducir la obra completa de Shakespeare es, de por sí, una hazaña. Y en los siglos XVIII y XIX se hicieron traducciones sucesivas de todas sus creaciones”, recalca Spottiswoode.

En el curso de dos décadas, entre 1818 y 1839, se publicaron ocho traducciones de su obra completa, totalmente independientes la una de la otra. Algunos sostienen que ese esfuerzo editorial ayudó a “optimizar” la lengua alemana, apuntando que los traductores se vieron en la necesidad de crear nuevas palabras para poder completar tan ambicioso proyecto. Fue la edición Schlegel-Tieck de 1833 la que impuso el estándar en lo que a las traducciones de Shakespeare se refiere.

Longeva y productiva vigencia

Deutschland Literatur Johann Wolfgang von Goethe
Goethe, la figura más prominente de la cultura germana, era también un entusiasta de la obra de Shakespeare.Imagen: ullstein bild - Paul Hauke

“Desde Wieland y Fontane hasta Heiner Müller en el período de posguerra, una miríada de escritores de estilos contrastantes ha contribuido a garantizar que cada nueva generación de lectores y espectadores alemanes tenga acceso a nuevas traducciones de Shakespeare”, explica el profesor Rüdiger Görner, director del departamento de Relaciones Anglo-Alemanas de la Universidad Queen Mary de Londres. “Shakespeare siempre ha sido considerado por las audiencias germanas como un autor contemporáneo”, añade Görner.

Y eso ha permitido que un caudal de interpretaciones atrevidas y de vanguardia de la obra de Shakespeare haya aflorado en Alemania. “Creo que se ha generalizado la impresión de que traducir a Shakespeare equivale a liberarlo”, dice Spottiswoode, quien, con motivo de la nueva temporada del Globe Theatre, hizo traducir al inglés un apasionado discurso escrito por Johann Wolfgang von Goethe –la figura más prominente de la cultura germana y uno de los más grandes entusiastas de la obra del dramaturgo inglés– cuando sólo tenía 22 años.

El factor Goethe

Heiner Müller Dramatiker Lyriker
También el dramaturgo alemán Heiner Müller contribuyó a garantizar que se publicaran nuevas traducciones de Shakespeare.Imagen: Deutsches Bundesarchiv/Hubert Link

El texto de Goethe, aparecido en 1771, elogia el ingenio de su “amigo” Shakespeare. “Se trata de una apología muy hermosa, lírica y apasionada, según la cual, Shakespeare estaba en capacidad de liberar a Alemania del yugo del drama afrancesado”, acota Spottiswoode. Y es que las piezas de Shakespeare no se adherían a las unidades clásicas de acción, lugar y tiempo que predominaban en el teatro francés. Goethe dijo una vez que esas unidades eran “tan opresivas como una prisión” y que Shakespeare ofrecía todo un mundo de posibilidades nuevas.

“Shakespeare era considerado como una nueva clase de escritor, capaz de conducir a la poesía de regreso a la naturaleza”, agrega Görner. Esta idea calzaba a la perfección con los principios del clasicismo germano. Poco a poco, Shakespeare se convirtió en parte vital de un movimiento literario muy alemán. Hacia 1849, el escritor Ferdinand Freiligrath proclamó a los cuatro vientos: “¡Alemania es Hamlet!”, revelando hasta qué punto Shakespeare se había infiltrado en el imaginario alemán de la época. El legado de este nexo tan estrecho todavía puede sentirse en los salones de clase de las escuelas de Alemania.

Shakespeare para todos

“Hay una gran afinidad entre la lengua alemana y la clase de demandas poéticas que Shakespeare hace”, dice Görner. “En ese sentido, el alemán es un idioma tremendamente flexible, susceptible de ser usado para capturar el espíritu de las obras de Shakespeare”, acota Görner. Sin embargo, Alemania no es el único país que reclama a Shakespeare como si fuera suyo. “Un equipo de filmación marroquí que nos visitó hace poco dijo que sus espectadores en Marruecos piensan que Shakespeare era árabe”, cuenta Spottiswoode.

El bardo escenificó sus dramas en todo el mundo, llevando a las audiencias inglesas de su época a fantasear con viajes, paisajes y culturas que en realidad no conocía. No es de extrañar entonces que su trabajo le haya dado la vuelta al mundo y haya sido traducido a más de noventa lenguas. “Shakespeare toca el espíritu de todos”, dice Spottiswoode.

Autora: Sarah Stolarz / Evan Romero-Castillo
Editor: Pablo Kummetz