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Economía

Francia y Alemania llaman a renovar la noción de capitalismo

Sarkozy aboga por su "moralización" y Merkel, por la creación de un consejo económico en la ONU y la implementación de una carta que controle las políticas de los actores económicos a escala internacional. ¿Una utopía?

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¡Hay que moralizar al capitalismo!

Los jefes de Estado de Francia y Alemania, y el ex primer ministro británico Tony Blair inauguraron en París el ambicioso coloquio "Nuevo mundo, nuevo capitalismo", en el que se analiza la reciente debacle del sistema financiero internacional en toda su dimensión y se intenta proponer reformas de fondo para evitar que crisis económicas como la actual vuelvan a repetirse en el futuro.

El simposio de dos días celebrado en un anfiteatro de la vieja Escuela Militar no tiene el peso de una cumbre de los G-8, pero en él participaron personalidades que le dan una relevancia inusual a este encuentro: aparte del presidente del Banco Central Europeo Jean-Claude Trichet y del director de la Organización Mundial del Comercio (OMC) Pascal Lamy asistieron también los ganadores del Premio Nóbel de Economía Amartya Sen y Joseph Stiglitz.

Dura diplomacia

Tony Blair abrió la conferencia reprochando la incapacidad de las instituciones económicas para evitar el desplome del sistema financiero internacional, agregando que esta crisis ofrecía una oportunidad valiosa para refundar la economía a escala planetaria. Hueco sólo en apariencia, su discurso sirvió como introducción a palabras más duras pronunciadas por los jefes de gobierno de Alemania y Francia.

"Los Estados tienen ahora una montaña de deudas, pero esa era la única forma de afrontar esta coyuntura", dijo la canciller alemana Angela Merkel procurando no solamente criticar las prácticas que se institucionalizaron en el ámbito de las finanzas sino también ofrecer soluciones concretas. Merkel propuso que, así como se creó un Consejo de Seguridad en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se fundara un consejo económico con injerencia en todo el mundo que vele por la estabilidad del sistema financiero o se redactara una suerte de Declaración Universal de los Derechos Humanos para preservar una "economía razonable".

"El capitalismo puramente financiero es amoral", sentenció Nicolás Sarkozy al tomar la palabra. "No creo en otro capitalismo que en el del esfuerzo y el trabajo. Debemos moralizar el capitalismo. Destruirlo es renunciar a todo lo hecho. Pero o lo refundamos, o se destruirá". El presidente francés empleó el mismo tono dramático para anunciar que el 2 de abril se reunirían los miembros del G-20 (el grupo que reúne a los países industrializados y las economías emergentes), pero que en esta oportunidad el presidente de los Estados Unidos no debería dominar el debate. "En el siglo XXI ya no es una nación la que decide lo que debemos hacer o pensar", afirmó Sarkozy según cables de agencias noticiosas.

No es el fin de la Historia

Sobre el tema principal "Nuevo mundo, nuevo capitalismo" se debatió en diferentes grupos de trabajo que intentaron dar respuesta a tópicos específicos: los valores del nuevo capitalismo, la mundialización y la justicia social. Mostrándose dispuesto a encontrar opciones al sistema capitalista, que el describiría como "injusto", Pascal Lamy dirigió la discusión en torno a la pregunta "¿Cómo se puede regular el capitalismo?" y se pronunció a favor de diseñar y aplicar una regulación para el mercado financiero internacional parecida a la que ya se aplica para controlar los intercambios comerciales.

También el reconocido economista Joseph Stiglitz refutó las nociones según las cuales los mercados son capaces de regularse a sí mismos, citando conclusiones de sus estudios más recientes: los mercados son eficientes sólo en condiciones excepcionales; los esquemas de intervención gubernamental son casi siempre necesarios para compensar y corregir las fallas del mercado. De otra manera, es siempre el consumidor el que cargará con las consecuencias.

Otra presencia significativa es la del politólogo norteamericano Francis Fukuyama, cuya obra "El fin de las Historia y el último hombre" de 1992 se transformó en la Biblia de quienes impulsaron la desregulación de los mercados internacionales, gracias a su fe en el triunfo de la democracia basada en la economía neoliberal. Irónicamente, Fukuyama asiste a este foro para aportar nuevas reflexiones que ayuden a reformar el sistema financiero que él describió alguna vez como ideal.

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