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Política

Faluya, un año tras su liberación

Hace un año la ciudad iraquí de Faluya fue liberada del Estado Islámico. El EI la tuvo en su poder desde el enero del 2014. Judit Neurink visitó Faluya y encontró todavía muchas cicatrices de la ocupación

La situación en Faluya sigue siendo impactante. Entre las casas destruidas y en medio de los escombros aún se siguen encontrando muertos. En el único hospital que quedó en parte intacto se trata por lo menos una vez a la semana a niños heridos por haber jugado con munición que el EI dejó. "Sólo la mitad da la ciudad ha sido limpiada de explosivos", cuenta Hamid Abud Fahd, subjefe del centro de salud local a Deutsche Welle. El gobierno no tiene dinero, pero el resto de la ciudad debe ser evacuada con urgencia para luego poder ser reconstruida", dice.

Solo aquellos con fondos suficientes abandonaron los campamentos alrededor de la ciudad para reparar y reconstruir sus casas. Un año después de la liberación, aún miles de refugiados siguen viviendo en los campamentos.

La amenaza del EI persiste

Sin embargo, minas terrestres no son el único problema de seguridad en Faluya. Muchos opinan que todavía hay muchos seguidores del Estado Islámico en la ciudad. Temen que las familias del los miembros del EI también sean una amenaza y por lo tanto les niegan el acceso a la ciudad. A nadie que que haya  tenido un marido, hermano, o hijo en el EI se le permite entrar en la ciudad. Los familiares de los luchadores del EI fueron llevados al pueblo cercano de Amiriya o trataron de mezclarse con los civiles que huyeron de los combates a los campamentos en las afueras de la ciudad.

La confianza es escasa

La organización de las madres y los huérfanos intenta ayudar en esos casos. Los responsables advierten sobre el peligro de tratar a todos los miembros de una familiar igual que al miembro del grupo terrorista. "¿Cuál es el sentido de tener que aislar a los padres de los hijos que en muchos casos fueron forzados a luchar para el EI?", pregunta el jefe adjunto de dicha organización, Juneid Khasi.

Las fuerzas de seguridad chiitas piensan de manera diferente. Para ellos, todos los sunitas son seguidores del Estado islámico y por lo tanto las familias también son culpables. Sin embargo, las mismas fuerzas de seguridad chiitas permiten a algunas familias el regreso. "Simplemente se compran un documento que los identifica como civiles de confianza. Se trata de dinero", dice Abdeljabar Hussein, de la Organización para las madres y los huérfanos. 

En Faluya existe la creencia generalizada de que los miembros de las milicias chiitas que han permanecido en la ciudad después de la liberación son corruptos. "Algunos antiguos seguidores del Estado Islámico trabajan hoy para las milicias chiitas", dice Hussein. "Llevan armas que pertenecen al gobierno. ¿En que se puede confiar?"

Pero no se trata sólo del EI y las milicias. Nadie confía tampoco en el gobierno. Después de la invasión estadounidense en 2003, los sunitas perdieron el poder a manos de la mayoría chiíta, y durante años la minoría suní se quejó sobre la discriminación por parte del gobierno. "El gobierno sólo persigue sus propios intereses", dice Mehemid Nuwaf, jefe de la escuela local. Aquí nos siguen faltando servicios públicos como la electricidad y el agua. Pero así es como empezó todo. Así es como Al Qaeda empezó a ganar seguidores en Faluya."

Judith Neurink (GG/ER)