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Economía

Explotación laboral en Latinoamérica: Alemania no es inocente

Los supermercados alemanes contribuyen a mantener condiciones laborales injustas en el campo latinoamericano, denuncia un informe de Oxfam. La ONG deposita sus esperanzas en la fuerza del consumidor.

Con sello de "comercio justo" para no apoyar prácticas inhumanas.

De los consumidores alemanes se dice que son muy sensibles a las variaciones en los precios y que se encuentran entre los que menos están dispuestos a gastar en comida. Hata ahora, las consecuencias de la búsqueda del alimento barato se habían medido en la desaparición de las tiendas de barrio, aplastadas por el poder de las grandes cadenas, en las quejas de los agricultores nacionales y en algún que otro escándalo de carnes en mal estado.

Ahora, la ONG Oxfam apela en un informe a la conciencia de los alemanes más allá de las propias fronteras, y les pide que hagan uso del “poder de la cesta de la compra” para mejorar las condiciones de trabajo en países como Ecuador y Costa Rica. Los supermercados germanos son responsables de la explotación laboral en los campos de América Latina, documenta Oxfam.

12 horas, nueve euros

Edeka, Rewe, Aldi, Lidl y Metro se llaman las cinco cadenas de supermercados que controlan el 70% del sector en Alemania. El poder que les concede esta cuota es enorme, y la presión que ejercen sobre los distribuidores también. Los consorcios exigen a los proveedores dinero por posicionar sus productos en determinados estantes, “contribuciones ante la apertura de nuevas filiales o que participen en la celebración de aniversarios”, dice Marita Wiggerthale, autora del estudio de Oxfam.

Supermercado Rewe: uno de los cinco grandes en Alemania.

Pero, sobre todo, los supermercados imponen precios bajos, y eso repercute directamente en las condiciones laborales y los salarios de los empleados en el país de origen de, por ejemplo, las frutas. “En las plantaciones de piñas en Costa Rica las jornadas de 12 horas y más son la norma. El sueldo se sitúa en los nueve euros al día, 75 céntimos por hora”, critica Wiggerthale.

Por 75 céntimos la hora sólo los parados de larga duración se levantan de la cama en Alemania, y eso por ocho horas como máximo y bajo amenaza de la Oficina de Empleo de retirarles la subvención estatal con la que completan su salario si no aceptan la medida de “reintegración en el mercado laboral”.

Pero en estos cultivos no sólo la retribución es injusta, denuncia Oxfam. Existen más prácticas que los alemanes no deberían seguir apoyando al llenar la nevera.

Sin sindicatos, con pesticidas

Dole, Chiquita, Del Monte, Fyffes, Cobana-Fruchtring, Edeka Fruchtkontor o Dürbeck son nombres comunes en las etiquetas de las frutas que se compran en Alemania. Y son también marcas de empresas que, según Oxfam, torpedean sistemáticamente todo intento de organización sindical de los trabajadores del campo en países como Costa Rica o Ecuador.

Con su demanda los alemanes han logrado llenar los supermercados de procutos ecológicos.

Sin sindicatos, las condiciones infrahumanas de empleo y los bajos sueldos son más fáciles de mantener. También la contratación barata de niños: según la Organización Mundial del Trabajo, unos 30.000 menores recolectan plátanos en Ecuador. Plátanos que supermercados a muchos kilómetros de distancia venden por unos pocos euros.

Además, Oxfam denuncia la exposición de los empleados del campo latinoamericano a productos químicos perjudiciales para la salud, muchos de ellos, como el pesticida Paraquat, prohibidos desde hace tiempo en Europa. “Por el peligro que suponen para las personas y el medio ambiente, el uso de estas sustancias debe interrumpirse inmediatamente”, reclama Wiggerthale.

Los consumidores alemanes les importa mucho el precio, pero ya han demostrado en otras ocasiones que cuando la conciencia les llama son capaces de ejercer una enorme presión sobre quienes les venden. Oxfam les pide que hagan uso una vez más de esa facultad y opten por los productos biológicos o con sello de comercio justo.

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