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Ciudades y Rutas

Explosivo legado

El casi regular descubrimiento de bombas enterradas que fallaron a explotar cuando fueron tiradas durante la Segunda Guerra Mundial recuerdan a los alemanes, con frecuencia insistente, los horrores de la guerra.

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Una bomba de la Segunda Guerra Mundial: oxidada y peligrosa.

En la ciudad de Langenhagen, en el distrito de Hanóver, en Baja Sajonia, los vecinos dormían plácidamente la mañana del domingo 29 de marzo. Su reposo, no obstante, se vio interrumpido bruscamente cuando un aviso de evacuación los obligó a desalojar sus viviendas alrededor de las siete de la mañana.

Bombenfund in Langenhagen

La bomba descubierta en Landenhagen el 29 de marzo de 2009.

15.000 personas tuvieron que abandonar sus hogares y el tráfico de la zona fue cortado a causa del descubrimiento de seis bombas de la Segunda Guerra Mundial. Las tareas de desactivación de los artefactos no comenzaron hasta la una del mediodía, y no sería hasta cuatro angustiosas horas después cuando la última bomba fue oficialmente neutralizada.

Un suceso que, seguramente, los habitantes de Langenhagen no olvidarán tan fácilmente. Pero un suceso más, al fin y al cabo, de una larga lista de descubrimiento de explosivos en el país: el terrible legado de la Segunda Guerra Mundial.

Frecuencia insólita

El descubrimiento de Langenhagen es el tercero de estas características en lo que va de mes. El pasado 5 de marzo, durante las rutinarias tareas diarias de un trabajo de construcción en la ciudad de Cléveris, situada en la frontera con Holanda, en Renania del Norte-Westfalia, se encontró una bomba de cinco quintales.

La calle concreta en la que descubrió la bomba, Nassauer Allee, se encuentra en las cercanías del hospital Saint-Antonius. 15 ambulancias fueron necesarias para trasladar a los pacientes evacuados a varios hospitales en los alrededores.

Tras todo este organizado caos, la desactivación de los artefactos se consiguió al día siguiente, para alivio general.

60 Jahre danach - Luftkrieg gegen Deutschland

Muchas de las bombas que se arrojaron en la Segunda Guerra Mundial no llegaron a estallar.

Lo que la gente no se esperaba es que esa bomba no era la única que se escondía bajo la tierra de calle Nassauer Allee de Cléveris. Enterrada un metro más abajo, como si de una ironía se tratara, se escondía otro artefacto idéntico, que no fue descubierto hasta el 27 de marzo. Tras su desactivación, los bomberos se retiraron de la zona con francos deseos de no tener que regresar.

Campos de minas

Cléveris es una ciudad con un extenso historial de descubrimientos de este tipo. Tras sufrir dos letales bombardeos en 1944 y 1945 que arrasaron completamente el 90% de la localidad, se trata de un testimonio viviente de las consecuencias de la guerra.

Previamente a los sucesos ya mencionados, el 17 de febrero de 2009 se desenterró otra bomba en el jardín Mausgarten, tras un largo período de calma desde junio de 2008, cuando otra bomba fue descubierta en otro parque, Galleien. También en marzo de 2008 se encontró una bomba en la parte alta de la ciudad.

Otras zonas de Alemania son también consideradas como “campos de minas” debido a la frecuencia con la que se encuentra munición de la Segunda Guerra Mundial. Brandemburgo, el estado que rodea a Berlín, es uno de los más “contaminados” por este fenómeno. Según Spiegel Online, en Alemania se encuentran 2.000 toneladas de explosivos cada año, de los cuales una media de 631 se descubre en el estado fronterizo con Polonia.

Luftkrieg Bombenabwurf durch US-Bomber

Los ingleses y norteamericanos fueron los principales responsables de los bombardeos a ciudades alemanas.

Una situación preocupante

Las labores de búsqueda de este tipo de bombas se llevan a cabo desde 1950, y se intensificaron a partir de 1990 con un plano otorgado por las fuerzas inglesas y norteamericanas (principales responsables de los bombardeos) donde se especificaba de forma más o menos exacta dónde podían encontrarse las bombas que no llegaron a estallar en su momento.

Según Spiegel Online, con el paso del tiempo, los artefactos sufren serios deterioros a causa de los efectos de la acetona, consecuencia de permanecer bajo tierra durante muchos años. En concreto, los detonadores se encuentran cada vez en peor estado, y se teme que, en breve, su desactivación por medios convencionales será imposible.

A pesar de ello, todavía queda mucho terreno por inspeccionar, y la intensidad de la búsqueda se ha reducido especialmente en los últimos años debido a la escasez de recursos económicos. Hoy día, la mayoría de las bombas son descubiertas, increíblemente, por mera casualidad.

Autora: Lydia Aranda Barandiain

Editor: Claudia Herrera Pahl

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