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El Mundo

“Estamos muertas, pero aún respiramos”

Las mujeres de la ciudad siria de Al Raqa sufren bajo la represión brutal de la organización terrorista Dáesh (Estado Islámico). DW pudo conversar con algunas de ellas sobre cómo viven en medio del terror.

Mujeres en Al Raqa, Siria, ciudad ocupada por los yihadistas de Dáesh.

Mujeres en Al Raqa, Siria, ciudad ocupada por los yihadistas de Dáesh.

La vida parece haber desaparecido de las calles de la ciudad de Al Raqa desde que la organización terrorista Dáesh ocupó el noreste de Siria. La alegría fue reemplazada por la oscuridad. La vestimenta de hombres y mujeres, los muros, los edificios, los afiches: todo es negro ahora. Luego de que EI introdujera su versión de la sharía, todo se ve igual.

Una mujer de 25 años –a la cual llamaremos Hala- habló con Deutsche Welle sobre su vida en esa ciudad destruida y cómo se enfrenta a las reglas que les imponen los terroristas de Estado Islámico. “He vivido toda mi vida en Al Raqa y estudié en la universidad. Mi alma está ligada a esta ciudad”, dice Hala. Nunca fue verdaderamente liberal, pero sí tuvo suficientes libertades, explica: “Nunca llevé hiyab”, dice, “y eso nunca fue un problema”. Pero todo eso cambió desde que EI tomó la ciudad y la convirtió en la capital de sus territorios en Siria y en Irak.

Velos, yihab, guantes, todo en negro: esa es la vestimenta que impone la sharía a las mujeres en Al Raqa. Se les prohíbe salir solas e incluso hablar.

Velos, yihab, guantes, todo en negro: esa es la vestimenta que impone la sharía a las mujeres en Al Raqa. Se les prohíbe salir solas e incluso hablar.

Cada vez más restricciones

Primero se les ordenó a las mujeres colocarse velos negros que cubren la cabeza por completo, junto con guantes negros y vestidos negros no ceñidos al cuerpo. Pero pronto fue mucho peor. Se les obligó a usar solo el negro. También se les prohibió usar perfumes y hablar en voz alta en el mercado. Las nuevas reglas también marcan la forma de los zapatos que deben usar y hasta cómo deben caminar. Los yihadistas cerraron escuelas y universidades. Las mujeres ya no podían alejarse de la ciudad sin la compañía de un hombre de su familia. Y, finalmente, se les prohibió estudiar fuera de Al Raqa.

“Fundaron la brigada yihadista Al Khansa, contra las mujeres. Les ordenan buscar a las mujeres que rompen las reglas en los mercados e incluso en sus propias casas”, cuenta Hala. La brigada está pensada también para mujeres extranjeras que llegan a Siria a luchar contra el EI, “así como para combatientes de EI que no tienen nada mejor que hacer que meterse en las vidas de las mujeres”. “He visto a muchas mujeres que fueron golpeadas con bastones en el mercado. Algunas fueron tomadas presas porque no estaban vestidas con sus ropajes islámicos”, recuerda la mujer. Su casa se transformó en una cárcel, mejor dicho, en una tumba.

Pero Estado Islámico no solo cambió las costumbres de vida de las mujeres reprimiéndolas y cercenando sus libertades individuales, sino que también trata de cambiar las reglas y tradiciones de la ciudad con su propia interpretación de la sharía. “Soñaba con casarme con alguien que amo. Como cualquier muchacha normal. Pero las cosas han cambiado”, dice Hala. Quien quiera casarse debe someterse primero al visto bueno de la madre y de las hermanas del novio. “Nunca podría verlo a solas ni hablar con él. Únicamente luego de la boda”, explica Hala.

Combatientes de EI en Al Raqa.

Combatientes de EI en Al Raqa.

Como mujer soltera, sus opciones también serían muy limitadas. Por eso, Hala se decidió a casarse a pesar de que eso significara hacerlo a la manera tradicional. Dice que era la única posibilidad que tenía para cambiar su vida.

Hala no es la única. Muchas mujeres están obligadas a casarse para tener una nueva vida. Y para huir del horror que significaría tener que casarse con un terrorista de EI. Pero incluso luego de la boda se les sigue prohibiendo salir solas al mercado o a dar un paseo.

En el caso de Rim, una joven de 21 años que vive muy cerca de la casa de Hala, la caída en la miseria luego de que EI ocupó Al Raqa es el suceso que la marcó de por vida. Tuvo que abandonar su hogar luego de un bombardeo, en el que murió uno de sus hermanos. Ahora vive con sus padres y sus otros hermanos. Debió dejar sus estudios de inglés en la universidad, contó en conversación con DW. Los terroristas cerraron la casa de estudios y sus padres no tienen dinero para pagar esa carrera en una universidad privada.

En lugar de escuelas y universidades, Estado Islámico creó foros para mujeres musulmanas donde aprenden la ideología radical de los islamistas y cómo propagar sus ideas. “No pude huir, y como hija mayor, tenía que buscar un trabajo. Trabajé en una tienda de ropa para mujeres en el centro de Al Raqa hasta que una patrulla de la sharía allanó el negocio y apresó al propietario y a mí por ‘promiscuidad'. Nos dieron latigazos”, explica. “Nos golpearon tan duro que no pude dormir sobre la espalda durante semanas”.

La vida de las mujeres en Al Raqa es prácticamente inexistente debido a la represión de los terroristas de Estado Islámico.

La vida de las mujeres en Al Raqa es prácticamente inexistente debido a la represión de los terroristas de Estado Islámico.

Luego de esa experiencia, Rim trató huir de Al Raqa, pero los puestos de control de EI en las afueras de la ciudad no dejan salir a nadie sin un permiso especial. Luego de otro intento de huida, la muchacha trabaja ahora con su madre y su hermana en casa como modista. Dice que ya dejó de sentir odio, que ya no siente nada. No se acuerda de cómo es reír. “Muchas veces me paro frente al espejo y ensayo una risa para no olvidarme cómo era. Sí, me río de mi desgracia. Estamos muertas, pero todavía respiramos”.

Por motivos de seguridad, ni las entrevistadas ni el autor de esta nota desean que se mencione su nombre.

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