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Europa

Escudo antimisiles en Polonia: más política que defensa militar

Tres días han bastado para concluir una negociación que duraba ya tres años: Polonia da luz verde al sistema antimisiles y Estados Unidos estacionará sus defensas en pleno corazón de Europa. ¿A qué se debe tanta prisa?

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Los negociadores de Polonia (izq.) y EE.UU, llegan a un acuerdo sobre el escudo antimisiles.

Los vuelos diplomáticos están en temporada alta. Moscú y Tbilisi son dos de los destinos más solicitados y, como siempre, Bruselas. En la capital belga se han reunido con carácter extraordinario los ministros de Exteriores de la OTAN. Hasta allí se desplazó Condoleezza Rice, la secretaria de Estado estadounidense, que nada más salir del encuentro sigue camino hacia Varsovia.

NATO-Minister gegen Bruch in Beziehungen zu Russland

De Bruselas a Varsovia: Condoleezza Rice acude a firmar el acuerdo militar.

El miércoles es el día “D” tras una ardua negociación, cuyo éxito llega tan rápido como imprevisto: Rice plasmará su firma en el documento que, una vez aprobado por el Parlamento polaco, permita a Estados Unidos instalar en el país un escudo antimisiles. Con él, el sistema de defensa norteamericano sobre suelo europeo, que incluye un radar estacionado en la República Checa para el que existe acuerdo desde julio, queda completo.

En Moscú no están nada contentos con este frenesí ratificador en pro de Occidente. El ministro de Exteriores ruso, Sergej Lavrov, ha anulado en señal de protesta su propia visita diplomática a Polonia, prevista para el próximo septiembre. El jefe del Estado Mayor en funciones, el general Anatoli Nogovitsin, habla de armas nucleares y de Polonia como objetivo militar “preferente”.

“No hay que dejarse intimidar por la propaganda rusa”, dice a DW-WORLD Oliver Thränert, experto de la Fundación Ciencia y Política de Berlín. Y, sin embargo, en ciertos lugares las amenazas del Kremlin parecen encontrar suelo fértil. “En Polonia se ha extendido una fobia, alimentada por motivos históricos, y de ella está siendo víctima la misma clase política, al menos el presidente, Lech Kaczynski”, comenta Thomas Rautenberg, corresponsal de la Deutsche Welle en Varsovia.

El armario y sus fantasmas

1939 Einmarsch deutscher Truppen in Polen

Uno de septiembre de 1939: soldados alemanes ocupan Polonia.

En 1939, la Alemania nazi y la Rusia de Stalin acordaron repartirse Polonia. Cuando los aliados en Londres y París despertaron de su letargia, la Wehrmacht ya marchaba sobre el país. Después de la II Guerra Mundial vinieron el dominio soviético y los tanques moscovitas cuando había que poner orden. De ahí que la reciente ofensiva rusa sobre Georgia despierte a la altura de ciertas coordenadas europeas viejos fantasmas.

“Aquí se dice que primero ha sido Georgia, después serán Lituana y Ucrania y, al final, también Polonia”, explica Rautenberg la desconfianza con la que los polacos miran hacia el Kremlin. Antes de la guerra en el Cáucaso, más del 80% de los ciudadanos se manifestaba en contra de permitir a Estados Unidos estacionar sus misiles en Polonia. Ahora, el 60% se dice a favor. Hoy ya no importan los obstáculos que durante tres años han dificultado la negociación con Washington.

“En realidad, se podría haber llegado a este mismo acuerdo hace meses. No hay ninguna diferencia entre lo que se ofrecía antes y lo que se va a firmar ahora. Y si hubiera sido por Kaczynski, habría acuerdo desde hace tiempo. Pero Tusk… Tusk es diferente”, dice el periodista refiriéndose a Donald Tusk, el primer ministro polaco.

El juego de Tusk y los límites de la amenaza real. ¡Siga leyendo!

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