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El Mundo

Eritrea: capital del éxodo africano

Eritrea es el país con menos libertad de prensa del mundo, según el Comité para la Protección de los Periodistas. Cada mes, miles de eritreos emigran a Europa huyendo de los arrestos arbitrarios y la tortura.

Mohammed Idris baja la voz cuando recuerda su viaje de hace un año, desde Eritrea a Europa. “En Libia, fue muy duro. Pasé incluso un mes en la cárcel”, explica el eritreo. Después llegó la odisea hasta Europa. “Nos subimos a un barco y cruzamos el Mediterráneo hasta Italia”.

A diferencia de muchos otros, Mohammed Idris consiguió llegar a Alemania. Cada año, miles de eritreos huyen del Cuerno de África. De acuerdo con la agencia de refugiados de Naciones Unidas, ACNUR, más de 300.000 eritreos abandonaron el país el año pasado. Y eso que Eritrea cuenta con una población de tan sólo 6,5 millones de habitantes.

No sólo hombres, sino también son muchas las mujeres y niños que lo arriesgan todo para tratar de llegar a Europa a través del desierto y el Mediterráneo. “La mayoría de ellos son muy jóvenes”, explica a DW Mussie Zerai, un sacerdote católico que huyó a Italia desde Eritrea hace ya más de veinte años.

Mussie Zerai Gründer Hilfswerk Habeshia

Mussie Zerai ayuda a compatriotas eritreos en peligro.

Hoy en día, el religioso ayuda a refugiados en peligro. “La semana pasada recibí llamadas de socorro procedentes del mar Mediterráneo. Recopilé la información y se la pasé a la guardia costera italiana y maltesa para que ayudase a estas personas”.

País sin perspectivas

Amnistía Internacional describe a Eritrea como uno de los países más represivos del mundo. Su presidente, Isaias Afewerki, lleva 22 años en el poder. Además de ser el Jefe de Gobierno, es el presidente del sindicato de Estado, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el presidente del Parlamento y el líder del único partido político autorizado, el PFDJ.

“Desde que Eritrea consiguiera independizarse de Etiopía en 1993, sólo ha habido un presidente y un partido. Tampoco está permitida la oposición política”, dice la investigadora de Amnistía Internacional, Clara Braungart.

No hay medios de comunicación independientes: sólo hay un canal de televisión y una radio estatal. “En este contexto, la libertad no es posible”, dice Braungart.

El experto en migración de la Fundación Heinrich Böll, Mekonnen Mesghena, también eritreo, está de acuerdo. Explica que, en un clima en el que reina el miedo, las personas carecen de cualquier punto de vista político o económico. “Muchas personas se sienten atrapadas en una situación de conflicto permanente”. En 1998, una nueva disputa fronteriza con la vecina Etiopía volvió a estallar. Desde entonces, el gobierno justifica cualquier represión con el argumento de que la crítica supone “una amenaza para la seguridad nacional”, explica Mesghena. Cada conato de protesta es castigado con detenciones arbitrarias y torturas.

Apotheke in Asmara, Eritrea

Eritrea tiene un rico legado colonial italiano. En la imagen, una farmacia en la capital, Asmara.

Tortura como herramienta de opresión

"Hemos recibido muchos informes de personas que están siendo torturadas. Gente atada, colgada por los pies o expuesta a un calor excesivo", dice Clara Braungart de Amnistía Internacional.

Es por esto que la gente no se atreve a hablar en contra del gobierno.

Otra de las razones que esgrimen los jóvenes que huyen del país es la necesidad de hacer el servicio militar, obligatorio para hombres y mujeres durante 16 meses cuando cumplen 18 años. Si se niegan, se enfrentan a penas de prisión y a la posibilidad de que el servicio militar se prolongue indefinidamente.

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