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Alemania

Erdogan en Berlín: Alemania, Turquía y la integración

Ankara pone profesores y pedagogos al servicio de Alemania. Así se lo ha hecho saber a la canciller alemana, Angela Merkel, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, en un encuentro mantenido por ambos en Berlín.

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Angela Merkel y Recep Tayyip Erdogan en la cancillería berlinesa.

“Para poder hablar bien alemán, los inmigrantes tienen que dominar primero su propio idioma. Por eso, Turquía desearía enviar maestros a Alemania”, declaró el primer ministro turco en la capital alemana.

Lo que empezó como una tragedia se está convirtiendo en un verdadero debate sobre la inmigración turca en Alemania. El incendio de un edificio en Ludwigshafen, habitado por familias de origen turco y en el que murieron cuatro adultos y cinco niños, está forzando una discusión pendiente desde hace tiempo.

Con más de 2,7 millones de nacionales, los turcos componen el principal contingente de extranjeros sobre suelo germano y suman prácticamente el 26% de la migración total en Alemania.

“El principio de la paz”

Recep Erdogan in Ludwigshafen mit Kurt Beck

Erdogan visitó en Ludwigshafen el edificio incendiado.

“La policía y los bomberos alemanes han trabajado con enorme dedicación”, dijo Erdogan después de guardar junto a la canciller alemana un minuto de silencio en recuerdo a las víctimas del incendio. Antes de desplazarse a Berlín, el primer ministro estuvo en Ludwigshafen. También allí agradeció a las autoridades alemanas la labor realizada. La insistencia no es casual.

Con bastantes dosis de sensacionalismo, la prensa turca había criticado a los bomberos germanos y desconfiado abiertamente de la policía alemana. Erdogan y diversas organizaciones turcas en Alemania pidieron moderación a sus medios. “Que este dolor sea el principio de la paz”, titulaba hoy el diario turco Radikal, mientras que el periódico Yeni Safak mostraba fotografías de los “tiernos mensajes” que los alemanes han colgado junto al edificio incendiado.

Türkische Fahne vor ausgebranntem Haus in Ludwigshafen

En el inmueble vivían familias de origen turco.

El drama de Ludwigshafen es una pieza más en un puzzle de heridos sentimientos nacionales. Desde Turquía se insiste en que la desmedida reacción de la prensa, que no dudó en afirmar la existencia de un trasfondo racista en el suceso antes de que los agentes pudieran siquiera pisar el inmueble al borde del derrumbe, tiene que ver con la campaña electoral del democristiano Roland Koch en el Estado alemán de Hesse.

Los discursos de Koch fueron muy seguidos desde Turquía porque hablaban de inmigración en Alemania, y en el tema los turcos se sienten mentados. Koch pidió a la Justicia mano dura con los jóvenes extranjeros que cometen delitos en Alemania, y apostó por la extradición de los autores de faltas graves y por la aplicación del derecho penal convencional a los menores. La ola de indignación que Koch levantó entre sus conciudadanos llegó hasta orillas del Bósforo y allanó el camino para creer en una Alemania xenófoba.

Más allá de Ludwigshafen

“Ahora tenemos que aclarar la causa del incendio. Eso permitirá que las sociedades alemana y turca puedan respirar de nuevo. Será un paso importante hacia la integración”, continuó Erdogan con su discurso en la cancillería alemana. “Haremos todo lo que esté en nuestras manos para esclarecer lo sucedido”, le aseguró Merkel. La comisión especial que investiga los hechos ha sido ampliada de 50 a 80 personas y se continúa interrogando a los testigos.

Deutschland Ludwigshafen Brand Feuerwehrmann

El gran peligro de derrumbre del edificio supone para los investigadores un desafío.

Pero Merkel y Erdogan no estaban solos en Berlín: les acompañaban un grupo de jóvenes alemanes y de ascendencia turca con los que estuvieron conversando sobre migración. “Hay que hacer lo que hay que hacer para lograr la integración”, les dijo Erdogan, “pero le digo 'no' a la asimilación. Las personas tienen que aceptar sus diferencias”.

“Para el Gobierno alemán no debería suponer ningún problema que en Alemania existan escuelas y universidades que impartan clases en turco”, opinó el primer ministro. Y a los restantes colegios alemanes, Turquía les ofrece personal.

Sin perder su diplomacia habitual, Merkel evitó grandes respuestas. La idea de que pedagogos turcos apoyen a los alumnos con problemas agradó a la canciller, “pero en lo que a los maestros se refiere, me parece difícil”. La discusión abierta va sin duda más allá de Ludwigshafen.

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