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Europa

"Endulzar la situación no ayuda a Ucrania"

La situación en el este de Ucrania vuelve a recrudecerse y los acuerdos de Minsk penden de un hilo. Bernd Johann opina que las palabras bonitas no ayudan a resolver el conflicto.

En las últimas semanas, hemos tenido la tentación de pensar que, hasta cierto punto, la situación el este de Ucrania se había calmado. Los observadores de la OCDE informaban casi a diario de incidentes en los que apenas se hacía uso del armamento pesado. Esa calma engañosa se ha acabado.

Los combatientes de las llamadas "repúblicas populares" de Donetsk lanzaron un ataque militar masivo hacia una importante vía de comunicación que conduce hacia el oeste. Este podría ser el inicio de una nueva gran ofesiva, que se viene temiendo desde hace meses en la región.

De momento, nadie quiere hablar de un fracaso de los acuerdos de Minsk que se negociaron hace cuatro meses en la capital bielorrusa. Solo se habla de "retroceso" y de "violación del acuerdo". Los políticos europeos expresan su preocupación y advierten de una nueva espiral de violencia. Es lo que vienen haciendo desde el inicio del conflicto, al tiempo que, simultáneamente, parecen observar la situación con lentes de color rosa. ¿Pueden salvarse los acuerdos de Minsk? ¿Un plan de paz es realista cuando una de las dos partes no muestra compromiso alguno por respetar los objetivos acordados?

En los últimos meses, solo se han cumplido el frágil alto el fuego y la retirada parcial de armamento pesado. Pero ninguno de ambos bandos ha realizado un esfuerzo serio para comprometerse con el diálogo. El Gobierno de Ucrania no está dispuesto a reconocer como interlocutores válidos a los representantes de las "repúblicas populares". Estas personas han llegado al poder por medio de la violencia y gracias al apoyo de Rusia. Los separatistas demandan su "Novorossiya" o una "Nueva Rusia" en suelo ucraniano. ¿Cómo puede haber espacio para un entendimiento si los acuerdos de Minsk apelan a la preservación de la unidad del Estado de Ucrania?

Continuar la senda diplomática

Hasta el día de hoy, Rusia niega haber intervenido en esta guerra, pero, de facto, hay una invasión rusa en Ucrania. Ha habido soldados rusos capturados allí, muchos incluso murieron en Ucrania. El asunto es hasta tal punto controvertido, que se ha aprobado hace poco una nueva ley en Rusia, por la cual se prohibe informar sobre las circunstancias de la muerte de los miembros del Ejército. Se trata de una medida adoptada para garantizar el secreto, como si Rusia estuviera involucrada en la guerra.

Hay varios indicadores que nos hacen pensar que se prepara un ataque a gran escala en Ucrania. En ese caso, los acuerdos de Minsk pasarían definitivamente a la historia. Las palabras bienintencionadas no conducen a ningún lado a Ucrania. Nada indica que Rusia o los separatistas hayan renunciado a la guerra y bajo esas circunstancias es imposible alcanzar la paz. Lo único que Ucrania puede hacer es advertir de la "amenaza colosal" que eso supone, como ya hizo Poroshenko al Parlamento, y estar preparados para afrontarla.

En estos días se celebra en Alemania la cumbre del G7. ¿Fue un error excluir a Rusia? Algunos políticos alemanes lo creen así, pero se equivocan: los líderes del G7 no pueden negociar directamente con Putin a espaldas de Ucrania. Simple y llanamente: el G7 no es foro apropiado para buscar una solución al conflicto. Pero lo que sí se puede hacer es trazar el camino que hay que recorrer. Hay que continuar la senda del diálogo diplomático con Moscú, lo que incluye seguir adelante con los acuerdos de Minsk, aunque estos se se cumplan a duras penas. Simultáneamente, hay que dejar claro a Rusia que cada paso que conduzca a una escalada del conflicto resultará inmediatamente en un endurecimiento drástico de las sanciones.