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El Mundo

En Túnez se reparten cartas

Túnez elige este domingo por primera vez desde la revolución de 2011 un Parlamento ordinario. Muchos ciudadanos no han decidido todavía si irán a votar, ni por quién.

Las nubes bajas amenazan lluvia en Douz, pequeña localidad del suroeste tunecino acostumbrada al sol del desierto. En esta ciudad de treinta mil habitantes solían hacer un alto los turistas camino del Sahara. Apenas se les ve ya, desde la revolución de 2011. "Tienen miedo de los secuestros, pero aquí nunca pasa nada", dice encogiéndose de hombros Am Sadok. Lleva 52 años reparando zapatos y bolsos en el mercado. Ha visto pasar muchos políticos.

Hoy da un discurso Ali Larayedh, que ha sido recientemente ministro del Interior y, luego, de Presidencia. Él es uno de los rostros más reconocibles del partido islamista Ennahda. Congrega a unas quinientas personas. Habla de la lucha contra el desempleo, el desarrollo económico del interior, de los crímenes en tiempos de dictadura… Él mismo estuvo preso con Ben Alí.

El líder del islamista partido Ennahda, Rachid Ghannouchi, se dirige a sus seguidores el viernes, dos días antes de las elecciones.

El líder del islamista partido Ennahda, Rachid Ghannouchi, se dirige a sus seguidores el viernes, dos días antes de las elecciones.

¿Ir a votar o no?

"Ha sido un discurso sincero, concreto, como debe ser un discurso electoral", dice Ben Saad Ahmed. Viene de un pueblo cercano y ya ha decidido que votará por los islamistas. "Están limpios, quieren mejorar Túnez y no solo llenarse los bolsillos [como han hecho los anteriores gobernantes]".

"Todo eso es parloteo", responde Chiheb Nasr, vendedor mayorista de productos cosméticos. "La gente ya no se interesa por la política, porque desde la Revolución solo hemos oído promesas vacías, pero no se ha hecho nada". Considera importante votar, pero no ha decidido por quién hacerlo: "No veo mis ideas representadas en ningún programa".

En 2011 Ennahdha fue la fuerza más votada en las elecciones de las que surgió la Asamblea Constitucional. Se les consideraba, además de buenos creyentes, víctimas de la dictadura. Rápido aprendieron que la responsabilidad del gobierno implica desgaste y pérdida de reputación. La población esperaba mejoras urgentes. Y tuvo que afrontar problemas como los ataques radicales a la Embajada de Estados Unidos en septiembre de 2012 o el asesinato de dos opositores en febrero y julio de 2013.

Beji Caid Essebsi, fundador y presidente del partido Nidaa Tounes, junto a otros candidatos en un acto electoral en Hammam Lif.

Beji Caid Essebsi, fundador y presidente del partido Nidaa Tounes, junto a otros candidatos en un acto electoral en Hammam Lif.

Sumidos en una profunda crisis de gobierno, los islamistas se declararon dispuestos a renunciar (una decisión acertada, como se vería después). El partido ha recuperado su reputación y repite casi como un mantra que se puede combinar Islam y democracia.

¿Conseguirá Ennahdha superar el pasado?

Todo es artificial, dicen desde uno de sus más fieros oponentes políticos de Ennahdha, el partido Nidaa Tounes ('la llamada de Túnez'). Ennahdha busca en realidad islamizar la sociedad, dicen. No son de fiar. "Quien no vota por Nidaa Tounes lo hace por Ennahdha", clama a sus seguidores el líder del partido Beji Caid Essebsi, de 87 años de edad, en Hammam Lif, un suburbio de la capital de Túnez. El fundador del partido quiere ser un contrapeso secular para los islamistas, incluso aspira a reeditar sus días al frente del gobierno como al principio de la revolución. Su partido, que incluye desde izquierdistas hasta antiguos dirigentes del ahora disuelto partido de Ben Alí RCD, abarca a un amplio espectro político.

Demasiado, piensan muchos votantes, que ven en él un regreso de la vieja guardia por la puerta trasera. "Yo he venido solo a mirar, pero creo que Nidaa Tounes no tiene garantizadas las elecciones", dice Selim, un veinteañero que observa a la distancia el alboroto electoral. "Me recuerdan demasiado a los tiempos de Ben Alí".

Ambos grandes partidos esperan contar con al menos un tercio de los votos. No es suficiente para gobernar. Podría resultar decisivo, entonces, el partido Unión Patriótica Libre, del hombre de negocios y presidente de un importante club de fútbol, Slim Riahi. Una decidida campaña puerta a puerta podría hacer de su partido la tercera fuerza del nuevo parlamento, haciéndolo entrar en el gobierno. O también podrían Ennahdha y Nidaa Tounes compartir el pastel, como avanzan algunos analistas, ya que los dos partidos conservadores-liberales tienen más en común de lo que sus seguidores están dispuestos a admitir. Mientras Essebsi, líder del partido Nidaa Tounes, entrará en noviembre en la carrera por la presidencia, Ennahdha se concentra en el Parlamento. Una división de poder sería un escenario bastante plausible.

Mientras los resultados de las elecciones y el consiguiente reparto del Parlamento se conocerán a mediados de la próxima semana, la batalla por la presidencia, probablemente, se decida en segunda ronda. Son 27 los candidatos a las elecciones presidenciales del 23 de noviembre, cuya posible segunda vuelta se decidiría a finales de diciembre.