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El Mundo

En la Unión Europea hay dos millones de drogadictos crónicos

Cero tolerancia. Éste es uno de los objetivos que la Unión Europea (UE) se ha fijado para luchar contra el consumo de estupefacientes, que cada año se cobra aquí la vida de unas 7.500 personas por sobredosis.

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Cuando brazos y piernas no aguantan más, hasta en la frente se inyectan los heroinómanos.

Se calcula que unos dos millones de europeos padecen una adicción severa a algún tipo de droga y cerca de 600.000 están sometidos a algún programa de desintoxicación. Se trata, como siempre en estos casos, de cifras que leídas a toda prisa en la nota de un periódico o vistas de soslayo en el informativo de la televisión pueden dejar a más de uno indiferente. Sin embargo, detrás de cada frío número se esconden dramas personales de consecuencias devastadoras para miles de familias.

Con todo, el panorama no es completamente desolador. Como mínimo, si hacemos caso del balance que la propia Comisión Europea realiza de la estrategia antidroga desarrollada en el periodo 2005-2008. Según el comisario de Justicia, Libertad y Seguridad de la UE, el francés Jacques Barrot, "el consumo de estupefacientes se ha estabilizado, si no reducido algo" en la UE. Sin embargo, en el caso concreto de la cocaína "ha aumentado, especialmente en Reino Unido, Francia y España" y "la producción de heroína se ha doblado en dos años".

Una estrategia doble: represiva y preventiva

Por todo ello, la Comisión Europea presentó este 18 de septiembre en Bruselas un nuevo plan de acción de la UE en la lucha contra la droga para el periodo 2009-2012, que incluye la creación de una "alianza europea" que debe aunar los esfuerzos de organismos públicos, organizaciones de voluntariado y la ciudadanía en general.

El nuevo plan pondrá el énfasis en la prevención, y no sólo en la represión. El objetivo es sensibilizar a la población sobre los riesgos del consumo de drogas, especialmente al grupo considerado más vulnerable: la juventud. Un colectivo que a menudo desprecia los efectos de determinado tipo de estupefacientes, como el cannabis o el éxtasis. Se calcula que al menos 70 millones de personas en la UE consumen o han consumido en algún momento cannabis y cerca de 27 millones lo hicieron en 2007, la mayoría jóvenes, según el informe del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT).

Controles de carretera contra el consumo de droga

Una inconsciencia que puede resultar especialmente peligrosa si el consumidor se sienta al volante de un vehículo. Es por ello que las autoridades europeas pretenden armonizar las legislaciones de los países comunitarios con el objetivo de instaurar un sistema único de controles similares a los de alcoholemia, pero para detectar el consumo de drogas.

El comisario de Justicia, Seguridad y Libertades confía que para 2010 las pruebas piloto que se llevan a cabo en 19 países de la UE con diversos sistemas de detección de drogas hayan dado ya resultados concretos y los controles se puedan poner ya en práctica. Barrot espera que no haya problemas para que los 27 países de la UE armonicen sus legislaciones para "prohibir absolutamente" todo consumo de drogas al volante.

Mayor cooperación europea y a nivel internacional

Pero no sólo la prevención y la concienciación bastan para erradicar la lacra de las drogas. Las autoridades europeas pretenden también mejorar la cooperación internacional para luchar de forma más efectiva contra las redes de narcotraficantes que importan la droga hasta Europa, especialmente desde América Latina y Afganistán. "Hay que adaptarse sin cesar a las nuevas rutas del tráfico de drogas", afirmó Barrot, que estableció como prioridad cooperar más y mejor con Estados Unidos y Rusia en la lucha antidrogas en Asia.

Entre otras cosas, mayor control policial supone una mayor incautación de alijos y menos droga en el mercado, lo que hace aumentar el precio y disuadir a los consumidores con menos recursos, uno de los sectores más vulnerables. El éxtasis, el cannabis y las anfetaminas son, por este orden, las drogas más baratas.

Otra de las estrategias a adoptar pasa por mantener la política de ayudas a los agricultores de los países andinos de América Latina -Colombia, Perú y Bolivia, especialmente-, así como Afganistán, para poner en marcha cultivos alternativos e impulsar así un descenso en la producción de droga a escala internacional.

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