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Ciudades y Rutas

En Berlín corre sangre para, no por el cine

Berlín vive un auge cinematográfico, no sólo por su singular historia. En Flatliners, una empresa especializada en "medicina" para el cine, se graban casi todas las escenas médicas del cine y la televisión alemanas.

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Sala "cinematofráfica" de posparto...

"¡Berlín, Berlín!, ¡rodamos en Berlín!" – como ninguna otra ciudad alemana, la capital ha vivido en los últimos años un boom del ramo cinematográfico. Aparte de numerosas producciones alemanas, Berlín es, con creciente frecuencia, escenario de películas de Hollywppd- “Inglorious bastards”, de Quentin Tarantino y “Anonzmous”, la próxima película de Emmerich.

No sólo los motivos fuera de serie de Berlín atraen a la industria cinematógrafica. La productora Flatliners se ha especializado en rodajes médicos y dispone incluso de un hospital propio.

¿De dónde sacar una sala de operaciones?

Flatliners

Sangre, suero, uniformes, equipos y hospitales para grabaciones ofrece la empresa.

El guión prevé un cámara apta para filmar una escena en una sala de operaciones. Tiene que verse como una cámara de cirugía de verdad, estéril, que produzca buenas imágenes. Jörg Meier, gerente de Flatliners, saca una pequeña cámara comentando: “El mayor enemigo de la autenticidad médica en las películas es el mismo director, por lo general inexperto en cuestiones medicinales. Por ello, siempre tienden a pasar por alto los detalles de las salas de operaciones, como que todo tiene que ser estéril”.

Inyecciones, vendas, uniformes

La misión que se ha impuesto Maier es que las películas en las cuales se trate de medicina sean lo más reales posible. Su empresa se ha especializado en ofrecer, con este propósito, todo el equipo y la utelería necesarios. Meier estudió medicina, y ahora se encarga de revisar guiones y de asesorar durante las filmaciones, desde cómo se pone una inyección o se pone una venda. Camillas, uniformes verdes, azules y blancos, salas de operaciones, estaciones de cuidados intensivos y salas de emergencia con el equipo necesario: todo lo pone a disposición Flatliners.

“Un equipo de anestesia es altamente complejo. De él depende la vida de un paciente. Si algo no marcha bien, en seguida suenan alarmas que hay que saber manejar. Hay que regular miles de cosas, sobre todo porque no tenemos ahí a un paciente real; tenemos que simular respiración para que el aparato lo perciba. Necesitamos dos especialistas en medicina cuando se trata de filmar una operación”, explica Meier.

Más complicado aún para este tipo de película son los escenarios. Aunque ciertos hospitales ofrecen un piso entero para ello, los períodos son limitados pues no se puede paralizar la actividad real de un hospital por demasiado tiempo. Meier ofrece la solución: dos hospitales propios: el ortopédico Oskar Helene Heim y la clínica especializada en pulmones Heckeshorn. Ambos hospitales están en desuso. Y Flatliners ubicó en uno de ellos sus oficinas.

Buenos precios

Flatliners

No se alegran del mal ajeno, sólo de que el negocio con los simulacros para el cine funciona.

Para una película de noventa minutos, con gente proveniente de Fráncfort, el equipo necesitió 17 días; el costo de cada jornada de filmación oscila entre los 1.400 y los 5.000 euros. En comparación con los presupuestos usuales para este tipo de escenificaciones –que asciende a las centenas de miles- Flatliners es relativamente barata. Y tiene buena clientela; ha llegado a albergar hasta tres filmaciones al mismo tiempo. Cuatro películas de Hollywood tiene también en su haber: una de ellas Flightplan, con Jodie Foster.

En ese largometraje, Jody Foster identifica a su pareja, que ha muerto. La sala de la morgue es la cocina del antiguo asilo de ancianos Oskar Helene Heim. “Para ello, instalamos calefacciones especiales; las mesas son de acero y en invierno es imposible que alguien se acueste sobre ellas desnudo”, explica Meier, quien lo tiene todo preparado. Incluso los “muertos”.

Autora. Nadine Wojick/ MB
Editor: José Ospina-Valencia