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Así es Alemania

El velo y el hábito no son lo mismo

En 1984, Doris Graber se convirtió al islam. En sus clases, la maestra alemana no se quita el velo, cosa que podría cambiar ahora. Su pañuelo no es comparable con el hábito monacal, sentencian los jueces.

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Doris Graber tendrá que quitarse el velo o recurrir a instancias federales.

Durante nueve años nadie pareció interesarse por el velo de Doris Graber. En 1995, esta profesora convertida al islam en los ochenta decidió exteriorizar sus creencias religiosas ocultando sus cabellos bajo un pañuelo.

Frauen, Türkei, Istanbul, Kopftuch

El velo: ¿religión o extremismo?

Cuando el terrorismo islámico colocó a los musulmanes y sus costumbres en el centro del debate social, Alemania se planteó seguir el ejemplo de Francia y prohibir el uso en las escuelas del discutido velo: para algunos nada más que un trozo de tela con orientación mística, para otros una exaltación del extremismo religioso, además de un ejemplo de machismo.

Pero el sistema escolar alemán no cultiva el laicismo absoluto de los vecinos galos. Puesto que es a los Länder a quienes les corresponden las competencias educativas, se decidió finalmente que fueran éstos los que decidieran permitir o vedar el simbolismo musulmán en sus colegios.

En 2004, el Land de Banden-Wutemberg optó por el no al velo. Después de casi una década, Graber tenía que descubrirse la cabeza. La maestra llevó el caso a los tribunales: si las monjas dan clases ataviadas con el hábito, ¿por qué no un pañuelo? En primera instancia, la Justicia le dio la razón. Ahora se la retira.

Peligroso para la armonía

“La Ley Educativa tiene la obligación de evitar en las escuelas las manifestaciones religiosas que ponen en peligro la neutralidad del Estado ante padres y alumnos, así como la armonía escolar”, justifica el Tribunal de Mannheim, segunda ciudad en importancia de Baden-Wutemberg, su sentencia en contra del velo.

Eine Nonne küsst die Wände der Grotto, Lourdes, Frankreich

Por qué se permite el hábito en las escuelas está por aclarar.

Para Graber esto significa que en su tiempo libre puede hacer con su religión lo que quiera, pero dentro del colegio y como profesora le debe obediencia a la neutralidad. No importa que en 2006 en Stuttgart otro tribunal considerase la prohibición del pañuelo un agravio comparativo con respecto a la aceptación del hábito.

También carece de relevancia que durante años la armonía en la escuela no se haya visto amenazada por la cabeza cubierta de Graber, o que, como funcionaria, la maestra ostente un puesto que es de por vida.

Todas estas consideraciones han sido rechazadas en Mannheim, que además cierra el camino a más recursos a nivel regional. Si Graber quiere seguir con su lucha en los tribunales tendrá que dirigirse a las instancias jurídicas federales.

¿Por qué el hábito no?

En las próximas semanas, el Tribunal de Mannheim dará a conocer los detalles de la sentencia, en los que se buscará respuesta principalmente a la pregunta de por qué la sala no considera el hábito como la manifestación de una orientación religiosa, o por qué ésta no pone en peligro la neutralidad del Estado con respecto a los padres y alumnos, o la armonía en los pasillos de las escuelas.

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