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Alemania

El trabajo no será un paraíso

Un instituto alemán ha echado un vistazo a lo que podría ser el mundo laboral del futuro, con algunas sorprendentes revelaciones. La revolución laboral comenzará en los propios escritorios y sillones.

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Las aglomeraciones pasarán a ser parte del pasado laboral.

El dato no es nuevo: la población en Alemania decrece. Para el año 2050 habrá en el país diez millones de personas menos. Esto cambiará el mercado laboral de modo drástico, así como las condiciones de empleo.

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La oferta de empleo para mujeres debe aumentar, dicen especialistas.

En el futuro no existirán más los clásicos sillones ejetutivos con asientos giratorios. En vez de éstos, en las empresas habrá sofás parecidos a los que se usan para ver la televisión, con todo y respaldos reclinables.

No será el único cambio en el espacio laboral de los alemanes. La administración de la jornada laboral también cambiará. Habrá pausas más frecuentes y cortas; las cafeterías ofrecerán cada vez más frutas y, a solicitud de los empleados, habrá masajes para ellos en el salón de acondicionamiento físico dentro de las propias empresas.

Ello no responderá al relajamiento de las normas laborales sino a un preciso cálculo, como afirma Werner Eichhorst, del Instituto Alemán de Investigaciones sobre el Futuro del Empleo.

“La tendencia apuntará de modo cada vez más fuerte a repartir la jornada de trabajo a lo largo de los días, las semanas y los años. Con cada vez menos alemanes, no habrá tanta disposición de personal. Y los empleados, además, serán cada vez más viejos”, afirma. Una consecuencia es que las empresas no podrán prescindir del personal a su cargo y, por tanto, deberán protegerlo más.

El trabajo no será un paraíso

Si las estimaciones de la Oficina Federal de Estadística de Alemania se tornan realidad, en los próximos 30 años habrá seis millones de personas menos en el mercado laboral del país. La edad promedio de las y los trabajadores crecerá de 42 a 48 años.

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Habrá más trabajo, pero mayor flexibilidad para hecerlo.

“La presencia de menos empleados, que además serán más viejos, significa que no será posible respetar por completo la edad establecida por la ley para entrar en jubilación”, dicen expertos de la institución con sede en Bonn.

Empleados se convierten en empresarios

Menores nóminas implican además una mayor carga de trabajo. La clásica jornada laboral de nueve de la mañana a cinco de la tarde no será la norma, fenómeno que será más marcado en el sector de servicios. En cambio, la presencia continua de los empleados en la oficina dejará su lugar a una mayor flexibilidad.

Werner Eichhorst prevé que el desempeño laboral no será medido a través de la presencia en la oficina, sino con base en resultados. “En cierta forma, el empleado se transformará en empresario”, dice.

Las repercusiones no acabarán allí. Los empleados mayores de 45 años resultan demasiados caros a la mayoría de las empresas. “Esto cambiará la manera como se definen los niveles salariales. La tendencia común, según la cual a mayor edad corresponde mayor sueldo, quedará atrás”, afirma el especialista.

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Los sitios de trabajo serán más cómodos.

Nuevas condiciones, nuevas oportunidades

La falta de empleados no podrá ser cubierta con las medidas adoptadas para propiciar la inmigración de personal calificado. Los investigadores del mercado laboral consideran que el gobierno debe mejorar la oferta para los posibles inmigrantes calificados.

Por lo demás, el intituto bonense recomienda dos medidas concretas: ampliar la oferta para la capacitación de mano de obra poco calificada y una mucho mayor oferta laboral de tiempo completo dirigida a las mujeres. “Aquí, Alemania tiene grandes retos por delante. En este campo tenemos gran potencial”, finaliza el experto Eichhorst.

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