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“El supuesto ‘lobby gay’ en el Vaticano es inofensivo”

Evan Romero-Castillo30 de julio de 2013

“Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?”. La prensa describió esta frase del papa Francisco como un golpe de timón en la Iglesia católica. ¿Qué dicen los aludidos?

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Imagen: Dan Kitwood/Getty Images

El papa Francisco va camino a convertirse en uno de los personajes predilectos de la prensa internacional. Al contrario de su predecesor, Benedicto XVI, el argentino Jorge Mario Bergoglio está dotado de una espontaneidad al hablar que convierte cada una de sus declaraciones en una noticia de primera plana. Como muestra, un botón: este lunes (29.7.2013), al ser consultado sobre el supuesto “lobby gay” que existe en el Vaticano, el pontífice se apresuró a diferenciar entre la orientación homosexual de los sacerdotes, el ejercicio de esa sexualidad y la presunta alianza política de religiosos homosexuales en la Santa Sede.

“Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla? El catecismo de la Iglesia católica lo explica de forma muy bella. Dice que no se debe marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas en la sociedad”, respondió el papa Francisco. En territorio germano, los medios no dudaron en vaticinar un golpe de timón en Roma y hasta Nosotros Somos Iglesia, el movimiento alemán para la reformación de la Iglesia católica, describió el pronunciamiento de Francisco como un “impacto liberador”. Pero, ¿qué significan sus palabras para los aludidos?

“Lo único nuevo es el tono”

“Como institución, la Iglesia católica ya había dicho lo mismo con otras palabras. Lamentablemente, eso no evitó que la discriminación de gays y lesbianas siguiera teniendo lugar. Lo único nuevo es el tono con que un papa aborda el tema. Y eso es algo digno de celebrar porque contrasta con los términos humillantes y peyorativos que el papa Benedicto XVI y otros altos funcionarios de la Iglesia católica han usado para referirse a las personas homosexuales”, señala Klaus Jetz, director ejecutivo de la Federación Alemana de Lesbianas y Gays (LSVD, sus siglas en alemán).

“En algunos países africanos, el discurso homófobo de la Iglesia ha llegado al punto de propiciar agresiones morales y físicas contra gays y lesbianas. De ahí que las opiniones oreadas recientemente por Francisco resulten esperanzadoras, hasta cierto punto. Cuando leí la entrevista ofrecida por el papa en el avión que lo llevaba de Brasil a Italia, me pregunté: ¿qué influencia tendrá sobre la Iglesia católica africana, que echa leña al fuego cuando en Uganda se habla de castigar la homosexualidad con la pena de muerte o cuando en Camerún se organizan cazas de brujas contra los homosexuales?”, acota Jetz.

Klaus Jetz: “Lo único nuevo es el tono con que un papa aborda el tema”
Klaus Jetz: “Lo único nuevo es el tono con que un papa aborda el tema”Imagen: Reuters

De las palabras a los hechos

“¿Qué influencia tendrá Francisco sobre la posición oficial del Vaticano a la hora de votar a favor o en contra de resoluciones dela ONU para descriminalizar la homosexualidad? En el pasado, la Iglesia católica se ha aliado con la Organización para la Cooperación Islámica y con varios Estados africanos para impedir que los derechos humanos de la población LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales) sean reconocidos en documentos vinculantes”, explica el director de la LSVD. El teólogo alemán David Berger, ex profesor de la Academia Pontificia Santo Tomás de Aquino, coincide con las observaciones de Jetz.

“Oír decir a un papa que él no es quién para juzgar a una persona homosexual es realmente algo sin precedentes. Bajo el pontificado de Benedicto XVI uno estaba acostumbrado a escuchar comentarios marcados por un odio neurótico hacia las mujeres y los hombres homosexuales; afirmaciones que no tenían vínculo alguno con la realidad”, sostiene Berger, quien fue despedido de su cargo en el Vaticano en julio de 2010, tres meses después de que escribiera abiertamente sobre su homosexualidad en el diario alemán Frankfurter Rundschau.

Berger es actualmente jefe de redacción de la revista gay alemana Männer. “Insisto, por su humildad, las declaraciones espontáneas de Francisco generaron una primera impresión muy buena. No obstante, cuando uno lee entre las líneas su mensaje, se topa de inmediato con los ‘peros’ típicos del catecismo católico y de las formas de discriminación más sutiles. Francisco dice que debemos respetar a las personas homosexuales e integrarlas a la sociedad, pero que ellas no deben vivir su sexualidad ni publicitarla. Esa es una contradicción”, lamenta este conocedor de la vida vaticana.

“Recordemos por un momento que hay países en donde los católicos constituyen una minoría religiosa. En ese caso tampoco tendría sentido que los miembros de la confesión más extendida digan: ‘Debemos aceptar a los católicos, siempre y cuando éstos se abstengan de rezar y de organizarse para defender sus derechos como colectivo. El lobby católico es inaceptable’. Esa sería una violación flagrante de la libertad religiosa por la que todo Estado debería velar”, pone Berger como ejemplo. “Por otro lado, no está muy claro si el papa estaba hablando sobre las personas homosexuales en general o solamente sobre los gays del Vaticano”, añade el teólogo.

David Berger: “Yo nunca vi indicio alguno de la existencia de un cabildeo político homosexual mientras trabajé en el Vaticano”.
David Berger: “Yo nunca vi indicio alguno de la existencia de un cabildeo político homosexual mientras trabajé en el Vaticano”.Imagen: picture-alliance/dpa

Conspiraciones vaticanas

“Eso no me extraña, porque las afirmaciones de Francisco suelen ser poco precisas. Prueba de ello son sus alusiones al supuesto ‘lobby gay’ en el Vaticano. El ‘lobby homosexual’ es un eslogan político acuñado por grupos católicos extremadamente conservadores: los opositores del Concilio Vaticano II que siguen las enseñanzas de Marcel Lefebvre, la Hermandad Sacerdotal San Pío X, el Opus Dei y otros gremios buscan atizar una lucha política en la Santa Sede, alegando que existe una suerte de logia en la que hombres homosexuales conspiran para subvertir a la Iglesia católica desde adentro con sus propuestas de modernización”, apunta Berger.

“Yo nunca vi indicio alguno de la existencia de un cabildeo político homosexual mientras trabajé en el Vaticano. La red de hombres homosexuales que yo vi en el Vaticano no tenía ambiciones políticas ni buscaba reformar la Iglesia desde adentro; el objetivo de esa red era facilitar el contacto erótico-afectivo entre ellos de la manera más discreta posible. Esa red contemplaba, por ejemplo, el intercambio de números telefónicos o el alquiler de un apartamento en el Monte Mario para el cual había muchas llaves de acceso en circulación. Pero los sacerdotes que formaban parte de esa red eran, en su mayoría, hombres muy fieles a la autoridad del papa”, cuenta Berger.

“Se trataba de hombres muy devotos y muy conservadores que jamás en su vida se atreverían a soñar con la subversión de la Iglesia católica o a luchar por los derechos civiles de los gays, las lesbianas o los bisexuales. Ellos lo que querían era tener sexo sin que se les molestara después de cumplir con las responsabilidades que les correspondían. Este supuesto ‘lobby homosexual’ no es sólo inofensivo, él tiene un carácter estabilizador para la Iglesia católica”, enfatiza Berger, dejando en el aire la idea de que la obligatoriedad del celibato –independientemente de la orientación sexual de los sacerdotes– es otro de los tópicos pendientes del papa Francisco.