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Política

El Sínodo de la Familia cambió la Iglesia y fortaleció a Francisco

Tras semanas de choques entre conservadores y progresistas, el informe final del sínodo muestra la intención de darle discreción pastoral a los curas para lidiar con los nuevos modelos de familia.

El sábado por la noche, Francisco cerró las jornadas de trabajo del Sínodo para la Familia, que se llevó a cabo en Roma durante las últimas tres semanas, con un discurso sorprendente por su abierta hostilidad y dureza. Lejos de expresar frustración, el discurso puede ser visto como la declaración de su victoria. La Iglesia ya no solamente dicta modelos de familia, sino que también aprende de los nuevos y busca formas de trabajar con ellos.

El líder de la iglesia católica separó las aguas acusando a muchos de sus obispos de ser insensibles al sufrimiento ajeno, de tener el corazón "cerrado", de esconderse detrás de la doctrina adjudicándose autoridad moral para emitir juicios que son a la vez pedantes y superficiales. Y todo esto a costa del sufrimiento de familias y de gente que busca formas de sobrellevar situaciones complejas. Palabras claras y contundentes.

El Papa no nombró a los destinatarios de estas admoniciones, pero las tres semanas de ataques, unos abiertos, encubiertos otros, por parte de grupos conservadores contra el pontífice, contra su postura y contra el proceso sinodal, permitieron ver con claridad para quién estaban reservadas.

Las cartas sobre la mesa

De hecho, uno de los logros políticos más importantes de este sínodo para Francisco es haber sacado a la luz, poniéndole nombre, a los líderes de los sectores más reaccionarios de la Iglesia, que tradicionalmente se han encontrado más cómodos operando en las sombras. Por ejemplo, después de criticar al contingente germanoparlante por su postura progresista, el obispo australiano George Pell debió explicar su postura y aclarar que no es un antagonista del Papa. El arzobispo de Tanzania, Robert Sarah, comparó la homosexualidad con el Estado Islámico. Y esto lo puso en el ojo público. Por su parte, el arzobispo polaco de Kazajistán, Tomasz Peta, acusó al Papa y al ala progresista de estar haciendo un trabajo satánico. Las respuestas no se hicieron esperar y crearon divisiones incluso entre los conservadores, algunos de los cuales repudiaron públicamente tales afirmaciones.

Durante las tres semanas que duró el encuentro, hubo también una ola de filtraciones. La más perniciosa se publicó el último miércoles del encuentro en la portada del Quotidiano Nazionale alegando que al Papa le habría sido detectado un tumor cerebral. Días antes fue filtrada una carta que ponía en duda la viabilidad del sínodo como mecanismo de cambio. Se informó que la carta había sido firmada por 13 cardenales. Agregándole substancia al misterio, varios de los supuestos signatarios negaron haber tenido algo que ver con la misiva.

El 'genio pastoral' de Francisco

Pero en todo caso, e incluso frente a la resistencia conservadora, el sínodo ha cambiado radicalmente la Iglesia y su modo de operar, al menos en lo que respecta al futuro más cercano. Quizás esto se deba a lo que Joseph O'Leary, cura liberal e investigador del departamento de estudios interreligiosos de Nanzan University en Japón, llama 'el genio pastoral de Francisco'.

El Papa parece poco interesado en dar la batalla por los principios teológicos y la bases doctrinales de la Iglesia. Como él mismo dijo el sábado:"Los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra, sino los que defienden el espíritu". Más bien, la contienda que se libró durante las últimas semanas en Roma tuvo como objeto la legitimidad de los gestos de aceptación y generosidad de cada iglesia y cada cura. La victoria institucional de este Papa es haber logrado a través de este debate darle legitimidad a quien reciben en sus iglesias a divorciados y homosexuales, aquellos a quien la doctrina muchas veces desdeña.

Ora... pero labora

Francisco repite cada vez que puede que la acción es más importante que la ideología y no deja de dar lecciones prácticas sobre la fuerza política de los actos concretos. Cuando invita a que los fieles le muestren a la Iglesia cómo son sus familias y cuáles son sus necesidades, permite que esos nuevos modelos de familia compitan abiertamente con el modelo doctrinario. Con estos actos, Francisco impone sin mediación teológica la democratización de la Iglesia. Esto es un enorme cambio.

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