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El rey de los cielos: el regreso del águila

Solo hace unas décadas, el majestuoso pigargo estaba al borde de la extinción en Alemania. Ahora, el ave de rapiña está regresando lentamente y con el 'Hombre pájaro' del lago de Mecklenburgo se puede observar de cerca.

El hombre al timón agita un pez muerto encima de su cabeza y grita: "¡Ven a por la anguila!”. Sus ojos tienen un destello pícaro y una sonrisa permanente en su cara.

Fred Bollman es guardabosques de águilas en la ciudad de Feldberg que cuando era pequeño faltaba a la escuela para ir a observar aves.

Llueva o nieva, Fred parte al amanecer, armado con sus binoculares. Pone presas o peces muertos para las aves y pasa horas detenido en los arbustos observándolas. Nadie más en Alemania se llega a aproximar tanto a estas águilas salvajes como él.

Pequeñas olas golpean discretamente el bote que suavemente se desliza a través del lago de Mecklenburgo, Pomerania Occidental, en el extremo noreste de Alemania. "Voy a tirar un pez pequeño” dice a los cuatro fotógrafos amateurs sentados en el bote.

El pez vuela por el aire y golpea la superficie del agua a 10 metros de distancia. Echa un vistazo en busca del pigargo, una águila marina, que anida a lo largo de la orilla del lago Breiter Luzin. "No, todavía no es buen momento”, decide, recogiendo el pez para usarlo de nuevo más tarde.

Adler-Ranger, Fred Bollmann (Kayda)

Proteger las águilas es la misión de Fred Bollmann.

Ecologista comprometido

Durante más de 16 años, Fred Bollmann se ha aproximado a las majestuosas pero tímidas aves de rapiña del lago Mecklenburgo. La mayoría de las águilas alemanas viven aquí. en la red de lagos y de bosques caducifolios. Sin embargo, Bollmann también consigue ver cigüeñas negras, martines pescadores, grullas, garzas y cormoranes, repetidas veces.

El guardabosques está constantemente examinando el cielo para señalar estas hermosas e impresionantes aves para los niños, fotógrafos y otros visitantes. "Espero que esto les haga apreciar más la naturaleza y, quizás, así, protegerla más”, dice.  

Dice que para él es un "deber y un honor llevar a los niños de la guardería local”, a ver las águilas marinas.

Peter Wernicke, su antiguo jefe y encargado del parque natural Feldberger Seenlandschaft (situado en la misma localidad), dice que la conservación necesita activistas dedicados como Bollmann. "Para Fred, las águilas y su supervivencia son primordiales”, asegura a DW.

Ni él ni el grupo ecologista Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) encuentra discutible que Bollmann cebe a las águilas para sus visitas. "Al contrario", dice Thomas Neumann, de la filial alemana, "eso nos ayuda aprender más sobre estos magníficos animales todos los días y sobre cómo podemos protegerlos mejor”.

Que Bollmann consiga atraer a dos de estas águilas, extremadamente tímidas, para "cazar” los peces que tira al agua "es verdaderamente único”, confirman ambos.

Aves en peligro de extinción

Aunque la población de pigargo se está recuperando gracias a la prohibición de caza y del pesticida DDT en los años 1970, todavía siguen amenazadas.

Un inesperado efecto secundario del pesticida fue hacer que las cáscaras de los huevos del depredador se volviesen finas como el papel, por lo que la mayoría se agrietó durante la cría, matando a numerosas generaciones. 

Laubwälder, Feldberger Seenlandschaft (Kayda)

Un ecosistema impoluto es esencial para que muchas especies de águilas raras se establezcan en un área. El distrito del lago Feldberg.

Actualmente, existen alrededor de 700 parejas reproductoras en Alemania. Sin embargo, las águilas pescadoras y las águilas inferiores siguen siendo raras, ya que son más selectivas con su alimentación y su lugar de anidación.

"Se está abandonando a la más pequeña, el águila inferior", señala Bollmann. Esto se debe a que las áreas de pantanos naturales con ratas y ratones están siendo drenadas para campos de colza y maíz.

"El gobierno tendría que hacer algo sobre esto, tales cosas necesitan decidirse políticamente", cree el 'Hombre Pájaro'.

Además de esto, las águilas se enfrentan a nuevas amenazas como los drones y las turbinas de viento. Ambos deben ser prohibidos en el hábitat de las águilas marinas y sus alrededores", añade Bollmann.

Águilas de cerca

Las condiciones del altiplano del lago Mecklenburgo son buenas para las águilas.

No pasa mucho tiempo antes de que Bollmann localice a la legendaria ave. "Hay una que se dirige hacia nosotros”, exclama emocionado. Una sombra oscura, casi rectangular, está dando vueltas majestuosamente en el cielo.  Los pigargos pueden tener una envergadura de más de 2,5 metros. Aunque no maduran sexualmente hasta que tienen cinco años de edad, pueden vivir más allá de los 20.

Esta especie come cualquier tipo de alimento, preferentemente los intestinos de los animales muertos. El pescado es, actualmente, una de las presas que cazan.

Bollmann tira un pez. Los fotógrafos en el bote preparan sus cámaras, pero el águila se desvía y aterriza en un árbol a 300 metros de distancia. "Quiere anguila”, dice Bollmann. Es su plato favorito, y con su excelente visión "ve perfectamente que estos son solo peces pequeños”. El proverbial 'ojo de águila' tiene el magnífico poder de ver siete veces más que los seres humanos, y es cinco veces más sensible a la luz.

Seeadler, Mecklemburg, Deutschland (Kayda)

Es muy raro ver a las tímidas águilas tan cerca.

Ahora Bollmann agita una anguila  y silba fuerte. La majestuosa ave grisácea en la copa reacciona de inmediato. Su grito es sorprendentemente chirriante. "Las águilas no son artistas vocales”, bromea Bollmann. Entonces, el rey de los cielos, con su pico amarillo y su parte trasera blanca, baja en picado. Todo el mundo en el bote contiene la respiración mientras los disparos de las cámaras repiquetean sin parar. 

Extendiendo las plumas de su cola, el pájaro casi se detiene completamente, a sólo unos centímetros de la superficie del agua. Sus garras amarillas se extienden hacia adelante, agarrando la anguila, y en un instante, el águila asciende nuevo al cielo. Todo esto sucede a pocos metros del bote.

Los suspiros se extienden entre los fotógrafos, algunos de los cuales han viajado 500 kilómetros para vivir esta experiencia. "Es un sentimiento increíble, impresionante, ver cómo el águila bajó cuando se le llamó, y se fue acercando más y más. Mi corazón se aceleró, tuve dificultades para enfocar", dijo uno de los fotógrafos.

Bollmann también es feliz. Su rey de los cielos obsesionado con las anguilas, fue benévolo, una vez más. No siempre funciona tan bien, dice. Después de todo, recuerda que no son animales entrenados en el zoológico, sino aves de presa salvajes. Le llevó años de entrenamiento para conseguir que dos de ellos acepten una exquisitez suya, ocasionalmente. Relajado, promete que su "servicio de catering” volverá más tarde. "Volveré a las cinco y traeré la cena”.

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