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Historia

El Palacio de Berlín, lugar de escenificación

Donde un día estuviera el Palacio de la República, la sede del Parlamento de la República Democrática Alemana, se reconstruye ahora un Palacio prusiano y se erige un Foro intercultural, todo ello no exento de polémica.

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Reproducción en 3D del antiguo Palacio Berlinés, residencia de los reyes prusianos.

Muchas preguntas quedaron sin respuesta aquel 19 de septiembre de 1990 en el que la Cámara Popular de la antigua República Democrática Alemana, el Parlamento del sistema comunista, hizo cerrar su sede. La clausura del Palacio de la República, debido a su contaminación con asbesto, trajo consigo una viva discusión sobre el futuro de la llamada “Casa del Pueblo”, emplazada en una isla del río Spree en el mismo centro de Berlín.

¿Debía ser conservado aquel objeto de prestigio de la RDA, o era preferible reconstruir el castillo barroco anterior que un día se alzó en la misma parcela y que sirvió de residencia a los reyes prusianos? ¿De qué manera se podía dar uso razonable al lugar? El debate en torno a esta plaza estaba en marcha.

En 1992, Wilhelm von Boddien fundó la Asociación de Fomento del Palacio de Berlín. Un año más tarde hizo construir una réplica a tamaño real del castillo prusiano como medio para hacer popular su reedificación. El primer punto álgido de la discusión se alcanzó en 1993/1994, cuando se presentó la copia de la fachada del Palacio. Al ver la pared principal del edificio muchos entendieron el modo en que éste se adaptaba al entorno, compuesto por Zeughaus, Museo Antiguo y la Catedral de Berlín, dijeron los partidarios de la reconstrucción. “La gente comprendió de qué manera el Palacio marca el espacio urbano“, explica Goerd Peschken, autor del libro El Palacio de Berlín (1982).
























Revitalización del Berlín histórico

Cuando, tras la reunificación del país, el Gobierno federal se trasladó de Bonn a Berlín, futuro de la isla del Spree jugó un papel importante dentro del concepto de la mudanza. En octubre de 2000, el Ejecutivo y el Senado formaron un gremio de expertos encargados de recopilar propuestas para el desarrollo urbano del centro histórico de la nueva capital. En una segunda etapa, esta comisión debía emitir recomendaciones de uso, diseño y financiación de un nuevo edificio en el terreno del antiguo Palacio de la República.

En julio del 2002, el Parlamento alemán aprobó por amplia mayoría la siguiente resolución del gremio: en el lugar en el que se situó, primero, el Palacio de Berlín, dinamitado en 1950, y luego el Palacio de la República, desmontado por partes de 2006 a 2008, se construiría un centro dedicado a las culturas no europeas. Este nuevo inmueble debería basarse en la estereometría del Palacio prusiano y retomar las fachadas barrocas en tres de sus lados exteriores, así como en el patio Schlüter. A los arquitectos se les permitiría diseñar libremente la fachada este, aquella orientada hacia la Torre de la Televisión.

La reconstrucción de la cúpula del Palacio fue incluida con posterioridad en una lista de especificaciones. El Parlamento fijó un límite de 552 millones de euros de costo. A finales del 2007, los elementos centrales de las recomendaciones de los expertos sirvieron para formular el llamado a un concurso de arquitectura.

























Concurso de arquitectura

El 28 de noviembre de 2008, el ministro alemán de Fomento, Wolfgang Tiefensee, y Vittorio Lampugnani, presidente del jurado del concurso de arquitectura del que Tiefensee también fue miembro, anunciaron conjuntamente el nombre del ganador: con el contrato para esta obra se hizo el estudio de arquitectos Franceso Stella, de Vicenza, Italia.

“El desafío arquitectónico consistió en reconstruir la fachada barroca del Palacio dinamitado e integrar el edificio en este lugar histórico, respetando las líneas marcadas por el Parlamento alemán y dándole a la obra una utilización acorde a la época actual”, dijo Tiefensee. El proyecto vencedor era el único que respondía a “las altas exigencias de este concurso. Las demás propuestas ofrecen soluciones sólo parcialmente interesantes”.

Tiefensee y Lampugnani destacaron sobre todo la entrada del edificio, que se asemeja a un amplio espacio abierto; la recuperación de la plaza del Palacio; el Belvedere del ala este y la nueva autenticidad urbanística que surge gracias a la conexión entre jardín y ciudad. Stella trabajó el frente oriental como una simple fachada trasventilada, dejando así a la vista el límite entre lo viejo y lo nuevo.

Todas las culturas conversan en el nuevo “Foro Humboldt”. ¡Siga leyendo!

Entrevista

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