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Alemania

El ministro alemán de Economía, Michael Glos, renuncia a su cargo

Presentó su dimisión para dejar paso a las nuevas generaciones, asegura el ministro alemán de Economía, Michael Glos. El socialcristiano quiere marcharse, y así se lo ha hecho saber vía misiva al jefe de su partido.

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El ministro alemán de Economía, Michael Glos, pide ser liberado de sus responsabilidades.

“Te pido que me liberes de mis obligaciones como ministro”, le ha escrito Michael Glos a Horst Seehofer, el presidente de la Unión Cristianosocial (CSU) y primer ministro de Baviera, asegura el diario sensacionalista Bild am Sonntag. Enviada la carta, Glos ha llamado por teléfono a su segunda superior, la canciller alemana, Angela Merkel, para informarle de su decisión.

Entre tanto, el Ministerio de Economía ha confirmado los deseos de abandono del ministro y Seehofer ha rechazado la renuncia, de la que ambos aún tendrán que hablar.

Malos resultados en Baviera

Baviera es el feudo de la Unión Cristianosocial. A ella le debe todas sus fuerzas, que llegan hasta Berlín y permiten a los conservadores formar parte del Gobierno. Con los democratacristianos de Merkel concurren en unidad de uniones a los comicios, la CSU como encargada de los votos en el sur, para repartirse después los cargos en el Ejecutivo.

Sin embargo, los resultados obtenidos en las elecciones bávaras de septiembre de 2008, sin serlo, supieron a derrota: la CSU perdió una mayoría absoluta que conservaba, cual trofeo nacido para sus vitrinas, desde 1958. El partido “necesita renovación, creatividad y credibilidad, ahora más que nunca”, le dijo Glos a Seehofer. A sus 64 años, el ministro cree que la tarea la deberían abordar los jóvenes.

De esa “credibilidad” que Glos le desea a la CSU forma parte el que los votantes sepan, antes de que el próximo septiembre sean llamados a las urnas, esta vez a nivel nacional, “qué personas están dispuestas a ocupar cargos después de los comicios […] y mis planes no incluyen pertenecer a ningún gabinete tras el 28 de septiembre”, asegura el todavía ministro.

Glos está dispuesto a desalojar su despacho en el Ministerio de Economía “de inmediato”, pero Seehofer, en manos de quien está la última palabra, no parece dispuesto a reocupar la oficina antes del otoño.

¿A qué viene tanta prisa?

Y con todo, cabe preguntarse a qué viene tanta prisa. Al fin y al cabo, el 28 de septiembre las cartas se barajarán de nuevo y Glos podría haber anunciado, simplemente, no estar dispuesto a jugar la próxima partida.

Sin embargo, Glos no es un ministro brillante y sus visiones económicas nunca encontraron excesivo eco en el Ejecutivo berlinés. Él fue el primer sorprendido al conocer su nominación: “yo ni siquiera sabía dónde estaba el Ministerio de Economía”, confesó en los primeros días de su mandato.

Y el Ministerio de Economía se ha convertido en un lugar poco apacible. La crisis financiera ha puesto los viejos postulados de cabeza. La coyuntura va a peor, el endeudamiento se prevé gigantesco, el desempleo aumentará con toda probabilidad y nadie sabe con seguridad si las medidas que está tomando el Gobierno servirán para frenar la tremenda recesión que se perfila.

Si ya su propio partido le recriminaba lentitud y poca presencia en estos tiempos difíciles, quizás quiera Glos evitarse mayores desastres. Tal vez piensa que ya no está para crisis internacionales. O puede que, en este año electoral, todo sea cálculo político.

Desde luego, los partidos de la oposición ya han empezado a sacar provecho del correo del ministro: “es un síntoma muy triste para Alemania que el último ministro capaz de imponer algo de orden quiera abandonar el Gobierno”, declaró el liberal Rainer Brüderle. “Hace tiempo que debería haberse dado este paso”, opina por el contrario el verde Fritz Kuhn, “Glos siempre ha dado la impresión de que el cargo le hubiera caído por error”.

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