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Alemania

El menor número de donantes de órganos en Europa

Según expertos, no es una menor voluntad de la ciudadanía, sino la Ley de Transplantación de 2007 y uno que otro miedo infundado los que han generado la reducción en la cantidad de donantes.

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Transplante de riñón en Jena, Alemania. La donación de órganos es en Alemania muy reducida.

Pese a las numerosas campañas que durante meses han informado a la población acerca de la importancia de donar órganos, Alemania se ha convertido en el país con el menor número de donantes en Europa. La cifra descendió de dieciséis por cada millón de habitantes en 2007 a quince en 2008, según estadísticas de la DSO, la Fundación Alemana para la Transplantación de Órganos.

Más de 4.000 transplantes tienen lugar anualmente en Alemania, pero la lista de pacientes a la espera de un órgano sobrepasa actualmente los 12.000 y cada año muere cerca de un millar de personas por no recibir uno a tiempo.

La clonación y la biogenética en general siguen siendo temas controvertidos sobre los cuales la mayoría de la gente sabe poco y tiende a emitir opiniones negativas o expresiones de escepticismo.

La donación de órganos, en cambio, ha terminado por calar en la percepción colectiva como un gesto de solidaridad que puede salvar vidas. O al menos eso se creía: 75 por ciento de los alemanes dice estar dispuesto a donar sus órganos al morir, pero sólo un 12 por ciento posee un carnet de donador de órganos proveído por el ministerio de salud. Y esa cifra no es suficiente para satisfacer la demanda de transplantes a escala nacional.

La voluntad no basta

Cabe entonces preguntar a qué se debe este descenso en el número de donantes. ¿Se esconde tras esta tendencia un doble discurso generalizado que aprueba la donación de órganos siempre que no se trate de los propios? Según encuestas, el temor a ser víctima de una extracción de órganos antes de haber muerto o a que no se haga todo lo posible para mantener con vida a un ser querido son dos de las reservas que llevan a los alemanes a no registrarse voluntariamente como donantes. De ahí que la DSO siga buscando maneras de disipar ese y otros miedos similares.

Los médicos, por su parte, tienen reservas de otra naturaleza: puede que en la estación de terapia intensiva se halle un paciente con un cuadro de muerte cerebral y potencial para donar órganos saludables, pero muy pocos se atreven a tratar el tema con los familiares del difunto porque les falta la preparación para abordarlos en un momento tan doloroso.

Peligrosa burocracia

Otras voces expertas desestiman que la voluntad de los alemanes para donar órganos haya disminuido o que los reglamentos que tradicionalmente han normado el transplante en el país tengan deficiencias estructurales; sus críticas se concentran más bien en la Ley de Transplantación de 2007 y la reorganización que ésta trajo consigo. “El sistema alemán está mal estructurado”, admite Günter Kirste, directivo de la DSO en entrevista con un medio electrónico, agregando que desde la entrada en vigencia de esa ley los órganos y los tejidos no son administrados de la misma manera.

Si una clínica hospeda a un potencial donante de órganos, ésta le transmite esa información a la DSO para que un receptor de órganos sea notificado; pero desde 2007 la DSO no es notificada cuando un potencial donante de tejidos –piel, córneas, válvulas cardíacas– es ingresado a un centro hospitalario. La DSO desaparece como intermediario y numerosas donaciones de tejido dejan de tener lugar.

Urge una nueva reorganización

Kirste propone que se cree una organización que se encargue de recibir donaciones de órganos y tejidos por igual, y que actúe desde el seno mismo de las clínicas en lugar de esperar a ser notificada como la DSO lo ha hecho hasta ahora. “Las transplantaciones representan una carga adicional para los médicos y, por eso mismo, muchos donantes potenciales ni siquiera son declarados”, protesta Kirste. 55 por ciento de las clínicas alemanas con estaciones de terapia intensiva habrían ignorado este deber, a pesar de que está claramente descrito en la Ley de Transplantación.

De momento, solamente la región de Mecklemburgo-Pomerania Occidental ha seguido la recomendación del ministerio de Salud alemán de tener un delegado de transplantaciones en las clínicas, un médico que hace de bisagra entre el centro hospitalario y la DSO. Todo indica que fue esa medida la que contribuyó a que el noreste de Alemania cuente hoy con la cuota más alta de donantes de órganos en todo el país.

España, ¿caso ejemplar?

En ningún país del mundo hay una relación equilibrada entre la oferta y la demanda de órganos. Y, sin embargo, con 33 donantes por cada millón de habitantes, el panorama en España se ve mucho mejor que en Alemania. Kirste insiste en que eso se debe al efectivo sistema español que informa rápidamente sobre la disponibilidad de donantes disponibles, tal como lo mostró el director Pedro Almodóvar en sus películas “La flor de mi secreto” y “Todo sobre mi madre”.

“La situación en España es, de hecho, muy similar a la de Alemania, en donde los donantes tienen que estar de acuerdo con que sus órganos sean transplantados”, asegura el psicólogo y experto en transplantaciones del Uniklinikum en Leipzig Oliver Decker en una nota para Die Welt Online. Antes de extraer los órganos, dos médicos especialistas –independientes el uno del otro– deben determinar la muerte cerebral del donante. En Alemania, los órganos de un difunto sólo pueden ser extraídos si éste era poseedor de un carnet de donador o, en última instancia, si sus parientes aprueban la transplantación.

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