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Deportes

El “juego sucio” no es asunto alemán

La rudeza y las triquiñuelas que han aparecido en la Copa América han llamado la atención en Alemania, cuyo fútbol rechaza este tipo de actitudes y le da gran importancia a los valores del Juego Limpio.

Paolo Guerrero arremete contra el arquero Ulreich, en 2010

Paolo Guerrero arremete contra el arquero Ulreich, en 2010

Un futbolista que le coge el trasero a su rival para provocarlo; partidos consecutivos en los que el árbitro debe mostrar hasta ocho tarjetas amarillas para aplacar los ánimos de los jugadores; estrellas internacionales que pierden la cabeza y se tornan agresivos; expulsiones a granel, y acciones polémicas generadas por el juego sucio de los equipos.

Sobre esto escribe la prensa alemana al informar de la Copa América, un evento que ha sido calificado como “una fiesta de emociones exacerbadas” en la que los jugadores pueden “desfogar su machismo” (Spiegel Online). En Alemania la forma como se práctica el balompié en el torneo en Chile es ajena, distante, y tiene poco que ver con el Juego Limpio, un concepto que en el país hace parte de la formación integral de los futbolistas.

“La buena conducta no debe entenderse como algo que pone en riesgo el éxito” explica la Federación Alemana de Fútbol (DFB) el valor del Juego Limpio. Ese principio permite entender mejor por qué el Maguncia, el club en la Bundesliga del chileno Gonzalo Jara, reaccionó de forma tan categórica, distanciándose del comportamiento de su jugador en la Copa América.

Y es que los modelos de comportamiento que propone el fútbol alemán llevan otros nombres, por ejemplo Miroslav Klose, Aaron Hunt, o Till Bartlog, todos ellos ganadores de la Medalla al Juego Limpio que otorga la DFB desde hace casi tres décadas.

Klose, el máximo goleador de los Mundiales, la ganó tras oponerse a sacarle provecho a un error arbitral. El delantero alemán, en un partido en Italia, anotó un gol con ayuda de la mano y le pidió al árbitro no reconocerlo, aceptando su propia falta.

A Hunt se le premió la honestidad, puesta de manifiesto al corregir al juez central en su decisión de otorgar un penal a su favor por una falta que no existió. Bartlog, un chico de apenas 10 años, obtuvo la medalla por haber desacelerado el ritmo de juego de su equipo, sacrificando la oportunidad de anotar un gol y ganar el partido, hasta que un jugador rival pudiera recoger y volver a ponerse las gafas que había perdido en un duelo por el balón.

Este tipo de actitudes no son inusuales en Alemania, algo que las estadísticas documentan: en la historia de la selección nacional apenas se registran 23 futbolistas expulsados. Además, el campeón del Mundial fue uno de los equipos que menos faltas cometió en Brasil 2014. Y en la temporada pasada únicamente se mostró la tarjeta roja en 53 ocasiones durante 306 partidos de la Bundesliga.

Allí varios de los incidentes graves recientes fueron protagonizados por futbolistas latinoamericanos presentes en la Copa América. En el 2010 Paolo Guerrero le lanzó una botella a un espectador, y dos años más tarde agredió al arquero Sven Ulreich por la espalda. Su falta fue considerada “la peor del año”, al final del cual el delantero peruano abandonó Alemania.

Su compatriota Carlos Zambrano, quien todavía juega en la Bundesliga, también alcanzó notoriedad luego de escupir a un rival. Su acción copió el ataque del argentino Javier Pinola (Nuremberg) en el 2010 a la estrella alemana Bastian Schweinsteiger, quien internacionalmente se convirtió en símbolo del juego limpio y la caballerosidad en el fútbol por su noble gesto de siempre consolar a los derrotados durante el Mundial de Brasil 2014.

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