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Europa

El gobierno de Islandia capitula ante la crisis financiera

El gobierno de Islandia es el primero en caer víctima de la crisis financiera. Tras meses de protestas callejeras, el primer ministro Geir Haarde anunció su renuncia y propuso elecciones anticipadas para el 9 de mayo.

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El primer ministro Geir Haarde dejará sus cargos.

Todavía en noviembre, el primer ministro conservador islandés rechazaba toda exhortación a renunciar. La crisis financiera ya había estallado con todo su estrépito en Reikiavik, forzando a la estatización de los tres principales bancos del país y amenazando incluso con llevar al estado a la bancarrota. Pero Geir Haarde, jefe del Partido de la Independencia, parecía confiar en hallar una salida a este callejón que llevaba directamente al despeñadero económico.

El paraíso perdido

Island Finanzkrise Kaupping Bank in Reykjavik

La crisis financiera causó estragos en la banca islandesa.

La quiebra de Islandia no se hizo efectiva gracias a los salvavidas financieros del Fondo Monetario Internacional y algunos países europeos que salieron en su auxilio. Pero la situación siguió siendo agobiante. De hecho, las cifras dan cuenta de lo dura que se ha vuelto la realidad para la población de un país otrora acostumbrado a suavizar los rigores del frío nórdico con la cálida manta del bienestar material. Intereses del orden del 18%, tasas de inflación superiores al 17% y, por si fuera poco, un desempleo que se disparó en sólo un año de un envidiable 0,8% a un 5,4%, con tendencia a seguir aumentando, afligen a los islandeses.

La corona islandesa se desplomó, arrastrando a la desesperación a muchas personas que se habían endeudado en moneda extranjera. Y suma y sigue. Según consigna la agencia AFP, el propio gobierno de Reikiavik cuenta para este año con una contracción económica cercana al 9,6%.

Descontento a escala islandesa

La población no ha cesado de demostrar su indignación en la calle. Puede que el par de miles de manifestantes que han acudido a las protestas no llame la atención en el extranjero, pero un par de miles son un número considerable en un país que sólo cuenta con alrededor de 320.000 habitantes. Puede también que los disturbios hayan sido bastante leves en comparación con los que se ven en otros lugares del mundo, pero para Islandia han tenido una violencia inusitada. Baste decir que en décadas no se había lanzado gases lacrimógenos contra manifestantes, como ocurrió en estos días.

El primer ministro Haarde desiste ahora de continuar a la cabeza del gobierno y de su partido, debido a que sufre de cáncer y debe someterse a un tratamiento. Pero, al margen de las razones de salud, para todos comprensibles, es la ferocidad con que la crisis ha golpeado a Islandia la que marca la pauta política. El parlamento aún deberá determinar la convocatoria a elecciones anticipadas, lo que se espera ocurra en una semana. Los socialdemócratas, socios de la coalición gubernamental, ya habían demandado en todo caso semejante paso y los verdes, en la oposición, estiman que los comicios deberían celebrarse cuanto antes.

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