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Alemania

El "genscherismo" triunfó en la reunificación

A la sombra del democristiano Helmut Kohl, el liberal Hans-Dietrich Genscher organizó la reunificación alemana. El Tratado Dos más Cuatro, firmado el 12 de septiembre de 1990, allanó el camino.

Hans-Dietrich Genscher, celebrado en Berlín, a sus 88 años.

Hans-Dietrich Genscher, celebrado en Berlín, a sus 88 años, como “Arquitecto de la Unidad”.

Sus correligionarios del liberal FDP festejaron esta semana, en la sede del partido en Berlín, al “Arquitecto de la Unidad”. Así llaman a Hans-Dietrich Genscher, a quien celebran por el 25 aniversario de una “obra maestra de la diplomacia”: la firma del Tratado sobre el acuerdo final con respecto a Alemania, con el cual los vencedores y perdedores de la Segunda Guerra Mundial pondrían fin a 45 años de división de Alemania.

El 12 de septiembre de 1990, el entonces ministro de Exteriores Genscher firmó por la República Federal de Alemania (RFA) el también conocido como Tratado Dos más Cuatro, negociado conjuntamente con la República Democrática Alemana (RDA) y las cuatro potencias que controlaban las zonas de ocupación aliada en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial (Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética).

A sus 88 años y sentado en una silla de ruedas, 23 años después de haberse despedido oficialmente de la política, su nombre está indisolublemente ligado a hitos en la distención de la Guerra Fría: desde la firma del Acta final de la Conferencia sobre la Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE), el 1 de agosto de 1975, en Helsinki, hasta las primeras elecciones parlamentarias de la Alemania unificada, el 2 de diciembre de 1990.

En un encuentro en el Cáucaso, el canciller federal Helmut Kohl recibió finalmente en julio de 1990 la aprobación del entonces presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, para la reunificación de Alemania. A su lado, Genscher.

En un encuentro en el Cáucaso, el canciller federal Helmut Kohl recibió finalmente en julio de 1990 la aprobación del entonces presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, para la reunificación de Alemania. A su lado, Genscher.

La desconfianza en Genscher y en la nueva Ostpolitik

Desde mucho antes, Genscher se había enfrascado en la “desintoxicación de la relación este-oeste”. Así define Christian Lindner −nacido en 1979 y actual líder de los liberales alemanes− el servicio prestado por el veterano desde la cartera de Exteriores, entre 1974 y 1992.

La nueva Ostpolitik o “política del este”, introducida por los socialdemócratas y los liberales de Genscher desde finales de la década de 1960, no solo despertó la desconfianza de los aliados occidentales. También los conservadores alemanes advertían del peligro que entrañaba el nuevo giro, que incluía el acercamiento a Moscú.

Ante tal ambiente de escepticismo, que no había desaparecido en 1990, un año tras el derrumbe del Muro de Berlín, la firma del Tratado Dos más Cuatro parecía casi un milagro. El fin de la división alemana pendía por entonces de un hilo. Especialmente la entonces primera ministra británica, Margaret Thatcher, le temía a una Alemania unificada.

El “genscherismo” se convirtió, no solo en Londres, en una mala palabra. No obstante, y pese a todos los ataques retóricos y las zancadillas diplomáticas, Genscher consiguió disipar las preocupaciones. Las últimas dudas no desaparecieron, sin embargo, hasta medio año después de la firma del Tratado Cuatro más Dos: el 4 de marzo de 1991, luego de que la Unión Soviética ratificara el histórico documento, quedó claro el triunfo del “genscherismo”.

Genscher (der.) y el primer ministro de la RDA, Lothar de Maizière, firman el Tratado Dos más Cuatro.

Genscher (der.) y el primer ministro de la RDA, Lothar de Maizière, firman el Tratado Dos más Cuatro.

“Nuestro pueblo se ha convertido en un buen ejemplo”

Hoy, el concepto que una vez fue peyorativo parece honorífico, y el veterano al que se honra con él reparte consejos entre sus sucesores en el parqué diplomático. Como mayor peligro futuro, Genscher observa con preocupación la posibilidad de que los arsenales de armas atómicas caigan en manos equivocadas. La única solución posible, insiste, es su completa eliminación: “Aún estamos a tiempo, pero no por mucho más”, dice.

En cuanto a Europa, su proyecto más preciado, llama a la solidaridad mutua: “No nos podrá ir bien a la larga a los alemanes, si a nuestros vecinos les va mal”. Y para concluir, en medio de las impresiones provocadas por la asistencia a los refugiados que llegan masivamente al país por estos días, celebra: “Nuestro pueblo se ha convertido en un buen ejemplo”.

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