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El Mundo

El genocidio armenio y los autogoles de Turquía

Con las amenazas proferidas contra Alemania y otros países, por sus consideraciones sobre la masacre contra el pueblo armenio, hace 100 años, Turquía se apunta un autogol, dice Thomas Seibert.

Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía.

Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía.

En pocas ocasiones un gobierno turco ha atacado a tantos y tan diferentes actores internacionales por su postura frente a la masacre armenia cometida por tropas turcas: el Papa, el Parlamento europeo, Austria, Alemania, Francia, Rusia y Estados Unidos.

"El pueblo turco no lo olvidará ni lo perdonará"

En el caso de Alemania, el gobierno de Erdogan insistió en que “el pueblo turco no olvidará ni perdonará” las palabras del presidente alemán Joachim Gauck sobre el genocidio de los armenios. Al mismo tiempo, el gobierno turco instó al Bundestag en Berlín, a no aprobar la propuesta de resolución que llama genocidio el crimen de lesa humanidad contra los armenios entre 1915 y 1917.

También los presidentes de Estados Unidos, Rusia y Francia sintieron la ira de Ankara por haber mencionado la masacre contra los armenios.

Cuestionables consecuencias

En cuestión de horas, Ankara atacó verbalmente a tres de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y a Alemania, sus socios comerciales más importantes. Esto sucede a pocas semanas de las elecciones parlamentarias el próximo 7 de junio. Una conducta que, probablemente le traiga electores de derecha en Turquía al partido del Gobierno. Esta puede ser una de las explicaciones para los insultos de Erdogan.

Thomas Seibert

Thomas Seibert

Pero Erdogan tendrá que reconocer que tan exagerados arrebatos de ira dañan la imagen de Turquía. En primer lugar, hay muy pocos políticos en el exterior que toman en serio las epístolas de Ankara. Ya en el pasado, Turquía ha anunciado severas represalias contra aquellos que relacionan la palabra genocidio con la masacre contra el pueblo armenio, para luego olvidarse del asunto.

Aislamiento en el política exterior

En segundo lugar, los arrebatos turcos hacen crecer las dudas sobre la fiabilidad del país como socio de Occidente. Que el gobierno turco no acepte la clasificación de masacre de los armenios como genocidio es, en cierta medida, comprensible, si se considera la situación interna del país y las décadas de negación de dicho crimen. Pero que Ankara casi que cancele la amistad internacional sólo porque las demás naciones no siguen la postura de Turquía, debería hacer reflexionar a algunos políticos y funcionarios en Occidente.

Ya desde hace un tiempo a Turquía le place presentarse como una potencia regional a la que, supuestamente, Europa y Estados Unidos miran con envidia por considerarla “un rival”. Esta extraña percepción turca del mundo es una de las razones tras el enojo por la postura de Occidente frente al exterminio armenio. Una reacción fríamente calculada por los consultores de Recep Tayyip Erdogan y presentada por la prensa gubernamental.

Puede ser, además, que Erdogan y su Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP) quieran pescar votantes nacionalistas en el río revuelto de la actual campaña política en Turquía. Pero esta es una estrategia que conduce al aislamiento internacional.