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Historia

El enemigo estaba en la televisión

La República Democrática Alemana sometió a estricto control a los medios de comunicación. Pero, ¿representaban los periodistas occidentales una amenaza real para el sistema? ¿Cómo influyó la prensa en la caída del Muro?

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Grabando por encargo de occidente.

En realidad, era una linda historia. A mediados de los años 80, una familia de Hesse se encuentra en la frontera con la República Democrática Alemana (RDA) y quiere entrar. El policía incrédulo le pregunta al padre: “¿está usted desocupado?”. No, la familia quiere vivir en la RDA y abrir allí un bar, recibe el oficial por respuesta. La anécdota hace reír a Ulrich Schwarz hasta el día de hoy. El antiguo corresponsal de la revista Der Spiegel en el Berlín oriental había escrito un artículo sobre la familia de Hesse y su aventura hacia una nueva vida al otro lado del Muro: poco después fue citado por el Ministerio de Exteriores de la RDA.

Mauerfall-Projekt: Ulrich Schwarz, 2008, Berlin

Ulrich Schwarz sólo pudo colgar este cartel, que indicaba dónde encontrar la oficina de "Der Spiegel" en la RDA, en el interior del edificio.

“Se me informó de que no tenía autorización para viajar por la RDA. Yo contesté: '¡amonéstenme si quieren y Der Spiegel emitirá un comunicado diciendo que su corresponsal ha sido sancionado por escribir un reportaje positivo sobre la RDA!'. Ahí desistieron”, cuenta Schwarz. El magazín y el sistema comunista nunca congeniaron. El semanario político estaba prohibido en la RDA. Entre 1976 y 1985, el Partido Socialista Unificado de Alemania, SED por sus siglas en alemán, cerró la oficina de la redacción en el Berlín oriental: Der Spiegel había publicado un artículo sobre un grupo opositor dentro del SED.

Trabajando en territorio enemigo

“Para los periodistas extranjeros, la RDA estaba cerrada como una ostra”, dice Schwarz, “mi casa y mi oficina fueron intervenidas. ¡Incluso grababan las conversaciones que tenía en el salón de estar con mis visitas! Cada vez que entraba en la RDA por la calle Heinrich, viniendo de la zona occidental, pensaba: 'ahora estás en territorio enemigo'”. Del mismo modo que el SED y el Ministerio para la Seguridad del Estado (Stasi) dirigían a sus medios, trataban de controlar a los periodistas occidentales.

En 1973 se concedieron las primeras acreditaciones a periodistas germano-occidentales para trabajar en la RDA. Todos los viajes más allá del Berlín oriental tenían que ser autorizados con 24 horas de antelación y los corresponsales estaban obligados a informar al Ministerio de Exteriores sobre todo aquello que tuviera relación con su labor periodística. A parte, la Stasi disponía de un acta secreta sobre cada periodista occidental y en torno a ellos se creó una red de soplones.

Mauerfall-Projekt: Jochen Staadt, Forschungsverbund SED-Staat der FU Berlin, 2008

Jochen Staadt ha investigado el espionaje al que la RDA sometió a la prensa.

“Las fuentes oficiales eran gente del Partido o de la Stasi. Y calculamos que cada corresponsal acreditado estaba vigilado por unas 15 o 20 personas”, dice Jochen Staadt, del equipo de investigación “Estado-SED” de la Universidad Libre de Berlín. Sobre todo a los profesionales radiofónicos y televisivos se los consideraba particularmente peligrosos. En 1973 seguía estando prohibido ver la televisión occidental en espacios públicos, aunque se toleraba en privado. Y en privado mostraba la “caja tonta” del oeste a los ciudadanos de la RDA todo lo que el sistema comunista se esforzaba por ocultar como, por ejemplo, la contaminación medioambiental o el decaimiento de las ciudades.

Periodistas encubiertos

Siegbert Schefke y Aram Radomski fueron algunos de los informantes de los que disponía la prensa occidental. Ambos tenían 20 y tantos años y una “cuenta pendiente” con el régimen. A mediados de los 80 empezaron a suministrar información y a filmar donde los colegas del oeste no podían. Por ejemplo, el 9 de octubre de 1989 en Leipzig.

Mauerfall Projekt Siegbert Schefke Ost-Berlin 1988

La Stasi vigila a Siegbert Schefke: el joven aparece a la derecha en esta foto del servicio de inteligencia comunista, realizada en 1988.

Schefke y Radomski se habían escondido durante la noche del 8 al 9 de octubre de 1989 en la torre de una de las iglesias de Leipzig. Desde allí y entre excrementos de paloma grabaron en secreto la manifestación que congregó a 70.000 ciudadanos en protesta contra del régimen comunista. El material se lo pasaron después a Schwarz, el corresponsal de Der Spiegel, que lo sacó del país y lo entregó en los estudios de la televisión occidental.

Mauerfall-Projekt: Aram Radomski

Aram Radomski trabajaba en secreto para medios de comunicación occidentales.

Al día siguiente, el noticiero de la RFA Tagesschau enseñaba a todos los alemanes, a los del oeste pero también a quienes desde el este recibían la señal, las imágenes de lo que estaba sucediendo en Leipzig. La versión oficial de la RDA de que los manifestantes no eran más que un grupo de unos 500 borrachos con ganas de formar escándalo quedó de ese modo desmontada.

“Logramos llamar la atención sobre lo que ocurría en Leipzig y ese fue el punto de partida para que las protestas se extendieran por toda la RDA y nuestra contribución a los acontecimientos, aunque yo creo que, en un proceso tan grande, uno no es más que una pieza del gigantesco mosaico“, dice Aram Radomski hoy.

No sólo la prensa occidental, sino también la oriental contribuyó a la caída del Muro de Berlín. ¡Siga leyendo!

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