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Alemania

El dramático viaje del MS Saint Louis

El buque MS Saint Louis zarpó de Hamburgo hacia el Caribe el 13 de mayo de 1939. A bordo: 930 judíos, que querían asilarse en Cuba. Pero ni Cuba, ni Estados Unidos ni Canadá aceptaron recibirlos.

Nacida en Hamburgo en el seno de una familia judía, Gertrud Goldschmidt (1912-1994) se vio forzada a abandonar Alemania en 1939, cuando finalizó sus estudios de arquitectura en Stuttgart. Huyendo de los nacionalsocialistas, sus parientes emigraron a Inglaterra en marzo porque tuvieron la suerte de recibir las autorizaciones correspondientes a tiempo; pero Gertrud –la última de los Goldschmidt en partir– sólo poseía una visa de tránsito y ningún otro Estado de habla inglesa accedió a concederle el refugio que buscaba.

El amigo de un primo suyo la ayudó a obtener un permiso de residencia en Venezuela. El 1 de junio de 1939, la joven de 27 años zarpó desde el puerto inglés de Southhampton con destino al país sudamericano; allí terminó echando raíces profundas y convirtiéndose en una de las artistas plásticas más importantes de América Latina, donde se le conoce simplemente como Gego. Su buena fortuna contrastó dramáticamente con el destino de centenares de judíos que habían tomado el buque MS Saint Louis en Hamburgo pocos días antes.

El MS Saint Louis, un trasatlántico de la compañía naviera germana HAPAG, levó anclas el 13 de mayo de 1939.

El MS Saint Louis, un trasatlántico de la compañía naviera germana HAPAG, levó anclas el 13 de mayo de 1939.

Dramático viaje

El MS Saint Louis, un trasatlántico de la compañía naviera germana HAPAG, levó anclas el 13 de mayo de 1939 con 937 personas a bordo; 930 de ellas de confesión judía y esperanzadas con la idea de conseguir asilo temporal o permanente en Cuba. Dos semanas más tarde, cuando el buque se acercaba a La Habana, las autoridades de la isla prohibieron el desembarque, rompiendo su promesa de acogida por razones de política interior –¿burocracia, corrupción, antisemitismo?– que los historiadores todavía someten a debate.

Los unos señalan que Cuba se transformó rápidamente en país de tránsito para numerosos refugiados judíos y que su presencia en la Antilla Mayor, por breve que fuera, atizó el temor a un forcejeo violento por los puestos de trabajo entre los lugareños y los extranjeros. Los otros sostienen que el Gobierno de La Habana se vio obligado a detener de golpe el flujo migratorio tras descubrir que funcionarios cubanos de alto rango intentaban enriquecerse ilícitamente, reduciendo el precio de las visas de 500 a 150 dólares estadounidenses.

En Hamburgo, una placa conmemora el trágico viaje de ida y vuelta que hizo el barco capitaneado por Gustav Schroeder.

En Hamburgo, una placa conmemora el trágico viaje de ida y vuelta que hizo el barco capitaneado por Gustav Schroeder.

Antisemitismo transatlántico

Algunos historiadores apuntan que el antisemitismo ya cundía en el continente americano y el Caribe –con o sin la intermediación del Ministerio de Propaganda nazi–, y que ese factor dejó su huella en las luchas por el poder político, no solamente en Cuba, sino también en Estados Unidos y Canadá: los mandatarios de esos tres países se negaron, uno tras otro, a recibir a los pasajeros del MS Saint Louis. Tras una larga espera y negociaciones no siempre prometedoras, sólo 23 de ellos lograron bajar a tierra en la isla.

Aunque el capitán Gustav Schroeder, timonel de aquella nave, es recordado por haber hecho lo humanamente posible para que los 907 pasajeros restantes no retornaran a Europa, las opciones a mano se agotaron pronto: el 17 de junio, el trasatlántico atracó en el puerto belga de Amberes. Bélgica, Francia, Gran Bretaña y los Países Bajos le dieron asilo a muchos de los judíos del MS Saint Louis. No obstante, más de 250 de ellos perdieron la vida en los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

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