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La prensa opina

El dilema de Obama

Los editorialistas comentan hoy la decisión de Rusia de no emplazar nuevos cohetes, luego de la conversación entre Obama y Medvedev.

Una señal positiva

CORRIERE DELLA SERA, Milán: “Parece ser una señal positiva la que llega desde Moscú dos días luego de la conversación telefónica entre Barack Obama y su homólogo ruso, Dimitri Medvedev. Si bien aún no fue confirmada oficialmente por el Kremlin, la noticia de que Rusia renunciará a emplazar nuevos cohetes Iskander se corresponde evidentemente con la nueva posición de Moscú, si bien ésta se debe también a la crisis económica que debilita fuertemente a Rusia. Incluso Vladimir Putin, el jefe de Gobierno ruso, ha cambiado ligeramente de tono, deseado éxito a la nueva Administración estadounidense y manifestando la esperanza de poder lograr una “cooperación constructiva” para el futuro. En un principio, el anuncio de Moscú de emplazar cohetes en la costa del Mar Báltico había sido prácticamente una bofetada para Barack Obama.”

Un bálsamo para ambos

INDEPENDENT, Londres: “La decisión del Kremlin de querer mejorar sus relaciones con Washington obedece a buenas razones. Rusia fue blanco de duras críticas a raíz de la guerra de Georgia el verano pasado y la reciente disputa con Ucrania en relación con el gas. La imagen internacional de Moscú está bastante deteriorada. Ahora bien, el presidente ruso, Medvedev, nunca ha ocultado que Rusia quiere ser tratada como un respetado actor en la escena política internacional. Rusia sufre además, más que otros países, los efectos de la crisis financiera mundial. Todo jefe de Estado que se ve confrontado con problemas en el propio país, trata de evitar dificultades en el frente externo. Con la Administración Obama, que apuesta por una política exterior multilateral, una distensión sería un bálsamo tanto para Washington como para Moscú.

Jugada de ajedrez

NEUE ZüRCHER ZEITUNG, Zúrich: “Moscú ha dado marcha atrás y retirado la amenaza de emplazar cohetes Iskander en Kaliningrado. Se trata de un mero cálculo político, que pone a los estadounidenses ante una nada cómoda alternativa. O bien decirles a los gobiernos de Europa Oriental que Estados Unidos renuncia al escudo de defensa anticohetes y dar un paso atrás ante los rusos, lo cual haría surgir la impresión de que los estadounidenses son socios poco confiables. O bien Obama debe quitarse el manto del príncipe de la paz, que en Alemania brilla todavía como el primer día, en caso de que se decida por emplazar igualmente sus propios cohetes. Naturalmente, también es posible que Obama se decida por una solución salomónica que evada el dilema y maximice el beneficio para la nueva política exterior norteamericana, con el anunciado énfasis puesto en la diplomacia. El nuevo Presidente estadounidense debe elegir ahora entre responder al previsible movimiento ruso de piezas de ajedrez o ignorarlo. Lo último sería lo más inteligente.”

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