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Europa

El combate a la discriminación, fuera de las prioridades alemanas y europeas

Mientras en Ginebra transcurre la Conferencia de las Naciones Unidas contra la Discriminación y el Racismo, las agresiones en contra de minorías étnicas, religiosas y sexuales son parte de la cotidianidad en Europa.

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Campaña contra el racismo en Alemania.

Pese a las protestas de los diputados conservadores, el Parlamento Europeo aprobó a principios de abril de 2009 una nueva directriz para ponerle coto a la discriminación en el Viejo Continente.

Kopftuch in Schwarz-Rot-Gold

Mujeres de origen musulmán se manifiestan en Colonia contra la discriminación.

La meta es proteger a quienes se ven expuestos cotidianamente a un trato discriminatorio por pertenecer a minorías sexuales, étnicas, religiosas, por su avanzada edad, por presentar algún grado de discapacidad física o intelectual, o por no poseer un pasaporte comunitario.

Los parlamentarios socialdemócratas, los verdes y buena parte de los liberales votarán a favor de esta nueva pauta que los demócrata-cristianos rechazan por “burocrática” – hasta ahora, las leyes de la Unión Europea se han limitado a prohibir las prácticas discriminatorias en el ámbito laboral.

El Parlamento Europeo sólo desempeña una función asesora, pero sus decisiones influencian la decisión final a ser tomada por el Consejo de Ministros de la Unión Europea.

La resistencia es fuerte

El Gobierno alemán observa la nueva directriz con escepticismo, pero no pretenderá bloquearla en el Consejo. Hasta el momento, todo indica que la aprobación del documento que oficializa esta nueva pauta tendrá lugar después de las elecciones parlamentarias alemanas de septiembre.

Los diputados resaltarán que las leyes nacionales, como la que separa a la Iglesia del Estado, no deben ser tocadas. Lo mismo valdrá para aquellas que norman los ámbitos de la familia, la educación, la formación profesional, la protección social y el sistema de salud. La directriz tampoco se aplicará a las áreas de la publicidad y los medios.

Preocupantes hallazgos

Un estudio encomendado por la Agencia Federal Contra la Discriminación y publicado recientemente en Alemania revela hasta qué punto están generalizados los prejuicios en contra de los grupos sociales más afectados por el trato discriminatorio.

Antirassismus Konferenz in Genf PANO

El presidente de Irán, Ahmadineyad (der.) habla durante la conferencia de Ginebra este lunes.

Entre otros hallazgos, las encuestas realizadas por el Instituto Sinus, de Heidelberg, entre julio de 2007 y abril de 2008, demuestran que sólo un 15 por ciento de la población está realmente convencido de la necesidad de aplicar políticas para combatir la discriminación en el país.

Para la mayoría de los entrevistados hay cuestiones más preocupantes, como la estabilidad de los sistemas de seguridad social y justicia social. Esos son los temas políticos prioritarios; la discriminación, aunque condenada de forma genérica, no es percibida como un asunto de Estado. 40 por ciento de los encuestados considera superflua una política contra la discriminación.

Nosotros y los otros

El estudio, en el que participaron 2.160 personas de diferentes segmentos sociales, no se considera representativo desde el punto de vista estadístico. Sin embargo, revela cómo varía la percepción de la discriminación como problema social dependiendo del medio sociocultural en el que se desenvuelvan los entrevistados y del grupo descrito como víctima de la discriminación.

En Alemania, el rechazo al tratamiento desigual de los individuos pareciera ser una característica de las élites, a juzgar por cómo se expresan verbalmente sobre esa forma de injusticia. En cambio, en los segmentos con mayor apego a las tradiciones y en las clases más bajas, las personas tienden a percibirse a sí mismas como socialmente desfavorecidas y a exigir para sí mayor protección en contra de la discriminación – sobre todo a nivel material. Eso sugiere que los grupos considerados más susceptibles a ser discriminados son vistos por ellos más bien como competidores.

El reconocimiento de quién es víctima de discriminación en la sociedad está bien diferenciado. Las personas que no son blancas, aquellas que tienen discapacidades físicas o intelectuales y los ancianos son ampliamente reconocidos como desfavorecidos, mientras que otras formas de discriminación son mencionadas de manera espontánea o aleatoria.

De la compasión al odio

El estudio de la Agencia Federal Contra la Discriminación comprobó la existencia de “reservas fuertes y emocionalmente cargadas en contra de extranjeros e inmigrantes” en diversos medios sociales. Estas reservas se manifiestan sobre todo en las formas de desconfianza y miedo irracional a que el país pueda ser “tomado” por un número excesivamente grande de extranjeros – sin mencionar la falsa creencia en que el color de la piel delata la nacionalidad de las personas.

“Sobre todo en los medios más apegados a las tradiciones y en las clases bajas, se observa el más puro odio en contra de personas

Rassismus Belgien Gedenken an Opfer in Antwerpen

Ciudadanos conmemoran a víctimas del racismo en Bélgica.

que no sean blancas”, constata la encuesta, aludiendo a uno de los rasgos –el color de la piel– que, equívocamente, es percibido como un aspecto que diferencia a los europeos de quienes no lo son. “En esos ambientes domina la convicción de que no son los inmigrantes quienes necesitan protección estatal contra la discriminación, sino los ‘nativos', ‘el propio pueblo' ”.

El prejuicio antireligioso

El rechazo social basado en la religión o en la visión de mundo del discriminado es padecido primordialmente por los musulmanes en Occidente; los prejuicios que alberga buena parte de los entrevistados en relación con el Islam los lleva a asociar a los musulmanes con el fundamentalismo religioso. Por otro lado, muchos de ellos rechaza cualquier manifestación pública y visible de religiosidad como una forma de “fundamentalismo” o “fanatismo”.

Una opinión generalizada es aquella según la cual, por considerarse más veraz que las otras, toda religión o visión de mundo tiende obligatoriamente a la discriminación o negación de las otras creencias. Justamente por eso, la gran mayoría de los entrevistados considera innecesario proteger a los representantes activos de una religión.

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