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Así es Alemania

El califato de los ahmadías cumple cien años

Son musulmanes y misioneros, se llaman “ahmadías”, forman parte de la “Ahmadiyya Muslim Yamat” y su califato cumple cien años. Pese a decirse pacíficos, se han ganado muchos enemigos: desde Pakistán hasta Alemania.

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Mirza Ghulam Ahmad: fundador de la Comunidad de los Ahmadías.

Redentor de los cristianos, los hindúes, los budistas y los musulmanes: Mirza Ghulam Ahmad, nacido en 1835 en la región norte de la India, se consideraba a sí mismo el “elegido de Dios”. En él se reencarnaban las promesas hechas a las diferentes religiones. Él era Jesús, Buda, Krishna y el imán Mahdi esperado por los chiítas.

En 1889, Ahmad fundó la Ahmadiyya Muslim Yamat, la Comunidad Musulmana de los Ahmadías. A sus seguidores les aseguró que, en un periodo de 300 años, “la comunidad se habrá extendido por todo el mundo, y la Tierra entera pasará a ser parte de la hermandad del islam”. La labor misionera había comenzado, también en Alemania.

En el barrio berlinés de Pankow-Heinersdorf se espera estos días la visita de Mirza Nasroor Ahmad, entretanto el quinto califa de la Ahmadiyya Muslim Yamat (AMY). El motivo es la celebración del primer centenario de la fundación del califato. “Un califa siempre es un descendiente que se apoya en un profeta”, dice Abdullah Wagishauser, un alemán convertido al islam que dirige desde 1984 la comunidad ahmdía alemana.

¿Qué significa “califa”?

Abdullah Wagishauser

Abdullah Wagishauser, director de los ahmadías alemanes.

Para los ahmadías, los califas son sucesores del primer fundador. El Consejo de los Ahmadías los elige democráticamente, convirtiéndose de por vida en líderes espirituales de la comunidad. El llamado “califa del mesías” no tiene, por lo tanto, nada que ver con la forma de gobierno conocida como califato, ni tampoco está relacionado con los autodenominados “califas”, como el “califa de Colonia”, a los que ciertos musulmanes modernos apoyan en su sueño de islamizar Europa.

“Comparar esas cosas con los ahmadías es puro sensacionalismo”, opina el estudioso del islam Stephan Rosiny. Para él, se trata de un problema de percepción. “En Occidente creemos que la interpretación militante del islam es lo común”. Rosiny advierte del peligro que supone sacar los términos musulmanes de su contexto. Un califa es en este caso un sucesor, y la “yihad” no es para los ahmadías, como para la mayoría de los musulmanes, necesariamente un sinónimo de guerra santa, sino que representa simplemente los esfuerzos a realizar en el camino hacia Dios.

Pacíficos y perseguidos

La Ahmadiyya Muslim Yamat es una organización pacífica que condena la violencia islámica. “Amor para todos, odio para nadie” reza el principio defendido por su profeta. Y, sin embargo, los ahmadías no se libran de la hostilidad.

Para muchos musulmanes, Mahoma es el último de los enviados de Dios, el “sello de los profetas”, pero según los ahmadías, a Mahoma le siguen otros propagadores de la palabra de Dios. Esta creencia les ocasiona problemas en muchos lugares. El Parlamento de Pakistán, por ejemplo, aprobó en 1974 una resolución en la que declaraba “no musulmanes” a los ahmadías. Después de que la violencia contra este grupo recibiera legitimación, y el califa tuvo que huir a Londres.

El primer musulmán en Pankow-Heinserdorf

En Alemania, la comunidad lleva a cabo su labor misionera desde la República de Weimar. En el barrio de Wilmersdorf, la “Lahore Ahmadiyya Movement”, una escisión de la formación inicial, cuenta desde los años 20 con una majestuosa mezquita: una obra de arte arquitectónica que hoy aparece en toda guía de viajes como la mezquita más antigua de Alemania.

El éxito misionero resulta menos espectacular. Después de que se iniciase su persecución sistemática en Pakistán, muchos ahmadías solicitaron asilo en Alemania, pero el número de seguidores de esta religión no está muy claro. Wagishauser dice que suman 30.000, a nivel mundial unos 80 millones, aunque hay quien habla de no más de 10 millones de creyentes.

Moschee in Berlin Heinersdorf

Cúpula de la próxima mezquita en Pankow-Heinersdorf.

En Pankow-Heinersdorf no hay musulmanes, y mucho menos ahmadías. La celebración del centenario tiene lugar aquí porque es donde se está construyendo la primera mezquita en el este de Alemania. La armadura del edificio acaba de terminarse, pese a la larga oposición de una parte de la población.

Hubo manifestaciones, y una iniciativa popular contra la construcción. Después ardió una furgoneta en la obra: la policía cree que intencionadamente. “Entiendo el miedo que tiene la gente”, asegura Wagishauser, “existe una gran desconfianza hacia el islam”. Su experiencia en este tipo de situaciones le dice que a través del diálogo y el trabajo informativo se vencen los prejuicios. “Dentro de uno o dos años tendremos una relación de vecinos completamente normal”.

En agosto se inaugura la mezquita, y el primer musulmán se trasladará a Pankow-Heinersdorf: no un misionero, sino el imán del templo.

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