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Cultura

El Códice Dresde, centro de una exposición

Un invaluable manuscrito maya, conocido como Códice Dresde, es el punto central de una muestra que tiene lugar en la Biblioteca Estatal de Sajonia, donde se encuentra resguardado desde el siglo 18.

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Este documento pictográfico fue un libro de adivinación.

Bajo el título “Recordar, transmitir, crear: el Códice Dresde en el Año de las Humanidades 2007”, esta exposición busca explicar la importancia de la cultura maya, pero sobre todo dar a conocer el manuscrito entre el público local, debido a que muchos habitantes de Dresde no saben que se halla en su ciudad.

La exhibición abarca “informaciones sobre el pueblo maya, fotografías de la ciudad de Chichén-Itzá tomadas en el siglo 19 por investigadores alemanes y una réplica del manuscrito, aunque también es posible apreciar el original”, alojado con grandes medidas de seguridad y protección, en la parte superior del recinto, dijo la Dra. Silke Jansen, una de las organizadoras del evento.

Además se presentan objetos de cerámica, algunos donados por Felipe Solís, director del Museo Nacional de Antropología e Historia en México, quien viajó expresamente a Alemania para la ocasión e impartió la conferencia “Los mayas, una cultura viva”.

Por otra parte, un grupo de niños dirigido por el artista mexicano Juan Manuel Romero elaboró tablillas con glifos mayas, en tanto la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Escuela Nacional de Antropología e Historia elaboran un documental bilingüe sobre el tema, junto con la Universidad Técnica de Dresde.

Un futuro proyecto para reforzar la idea principal de esta muestra, que culminará el 8 de noviembre para ser trasladada luego al centro cultural Kathedralforum de la misma ciudad, es la elaboración de ediciones con informaciones actualizadas sobre el códice, hechas por especialistas, para su distribución masiva.

Codex Dresdensis

El Códice Dresde muestra el amplio conocimiento astronómico del pueblo maya.

Originario de México

El Códice Dresdensis es uno de los tres documentos pictográficos mayas existentes en el mundo. Los otros dos están en las capitales francesa y española. Se ha hablado de un cuarto ejemplar, el Códice Grolier, del que algunos especialistas dicen que es falso.

Análisis recientes indican la península de Yucatán como lugar de procedencia del Códice Dresde. En ocasiones se ha manejado su origen como centroamericano, debido a que la legendaria cultura maya se extendió por regiones de Guatemala, Belice y Honduras, además del sureste mexicano.

“La mayoría de los estudios consideran que proviene de México”, aseguró el director del Museo Nacional de Antropología e Historia de ese país. “Decir que procede de otra nación es un error”.

De acuerdo con la Dra. Carmen Aguilera, una autoridad mexicana en el estudio de códices, se piensa que esta joya prehispánica formaba parte de muchos otros libros que Hernán Cortés consiguió en “La Nueva España” y que posteriormente envió a la península ibérica como regalos a la corona española desde el puerto de Veracruz en 1520.

Aunque su paso por Europa sigue siendo un enigma, hay indicios de que un conde, “probablemente inglés”, lo consultaba. Lo que no se sabe es cómo llegó a Viena, donde en 1739 Johann Christian Göetze, entonces director de la Biblioteca Estatal de Sajonia, lo adquirió y un año después lo donó al acervo.

Un libro de adivinación

Este manuscrito era “un libro de adivinación a largo plazo”. Su contenido, cuyo lenguaje aún se desconoce, son mecanismos destinados a mejorar la suerte de las personas a través de determinados eventos astrológicos o con la finalidad de saber si era un día propicio para realizar distintos tipos de actividades.

“Lo más notable es cómo podían los sacerdotes determinar la buena fortuna de las personas en concordancia con sucesos astrales, conocidos tras siglos de observación astronómica”, explicó Aguilera, investigadora de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia de México.

Tiene forma de biombo y originalmente estaba empastado con piel de jaguar o maderas finas. Consta de 39 láminas, hechas con una capa inferior de la corteza del árbol de amate, en las que además se observan dioses, animales y diversas actividades humanas.

Otros aspectos importantes que hacen de este antiquísimo vestigio un objeto único es que “tiene una escritura gruesa y delicados dibujos”. Por otro lado, a diferencia de otros códices, elaborados por un solo pintor, en éste hubo ocho diferentes manos, afirmó Carmen Aguilera.

Se estima que en territorio alemán se encuentran 10 documentos pictográficos de origen mexicano, tanto precolombinos como coloniales, alojados en importantes recintos de ciudades como Hamburgo, Berlín o Dresde.

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