El animismo en Alemania | Cultura | DW | 28.09.2011
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Cultura

El animismo en Alemania

Se define como “animismo” a una serie de religiones sin escrituras sagradas, que se basan en que los objetos, la naturaleza y todo ser vivo tienen un alma. Incluye el sacrificio de animales, prohibido en Alemania.

Sacrificos de animales en Nigeria, África.

Sacrificos de animales en Nigeria, África.


En su jardín, Jimas Sanwidi invoca a sus antepasados a través de una oración en “mooré”, una lengua de su país, Burkina Faso, pidiéndoles ayuda. Siempre lo hace cuando tiene un problema. Es músico de profesión, vive hace 20 años en Alemania y profesa el animismo (del latín  “anima”: alma), un concepto que abarca varias creencias y se basa en que todo -absolutamente todo- tiene un alma, ya sean objetos inanimados, elementos de la naturaleza, como montañas, ríos y piedras, animales y, por supuesto, el hombre.
 

El mundo invisible de las almas

El animismo presupone que, paralelo al mundo visible, con todos sus misterios, también hay un mundo invisible: el mundo de las almas. Y en ese mundo también

Jimas Sanwidi es de Burkina Faso y vive en Bonn.

Jimas Sanwidi es de Burkina Faso y vive en Bonn.

viven los antepasados. Jimas Sanwidi siempre reza a sus antepasados en un ámbito natural. “Oro a mis antepasados del mismo modo en que mi padre y mi abuelo lo hacían con los suyos”, explica Sanwidi.

El animismo es una religión sin escrituras sagradas. Todo ha sido transmitido por tradición oral, también la creencia, por ejemplo, de que los espíritus moran en determinados lugares, como en bosques, manantiales, plantas y montañas. Dichos lugares no se eligen por que sí. Jimas Sanwidi señala que en su país, Burkina Faso, las plegarias a los antepasados han sido escuchadas. Por eso, esas zonas son las correctas para realizar diversos rituales.
 

En Alemania no se sacrifican animales

En Burkina Faso, uno de los ritos más importantes es el sacrificio de animales para apaciguar a los espíritus de la naturaleza. Se sacrifican, por ejemplo, cabras y

Udo Schwenk-Bressler, sacerdote de Bonn.

Udo Schwenk-Bressler, sacerdote de Bonn.

gallinas. Pero eso en Alemania no se puede hacer. De acuerdo con la Ley de Protección a los Animales sólo es posible matar un animal con el objetivo de obtener alimento. “El sacrificio de animales está prohibido”, dice Stefan Trutzenberg, un veterinario de la ciudad de Bonn.

Por eso, ese tipo de prácticas es impensable en Alemania. Pero sí hallan eco las creencias en las fuerzas y espíritus de la naturaleza. Hay asociaciones como la “Red de Animistas de Colonia”, y, en la ciudad de Fráncfort, la “KultUrgeister”. A menudo, esos grupos, que se orientan según las tradiciones de los Celtas y los Druidas, no son tomados en serio o calificados de sectas. Y muchas veces, sus miembros son acosados por la fe que profesan.
 

El cristianismo y el animismo son incompatibles

Las grandes religiones mundiales ven al fundamento del animismo como

Jimas Sanwidi esparce agua para sus antepasados.

Jimas Sanwidi esparce agua para sus antepasados.

contrapuesto a su creencia. “Creemos que Dios es el creador de todas las cosas. Aparte de él, no existe ninguna deidad. Y tampoco hay lugares sagrados en los que se puede encontrar a Dios”, dice Udo Schnwenk-Bressler, sacerdote de la Iglesia Evangélica de la Resurrección.

Por su parte, Jimas Sanwidi, de 47 años, tiene que limitar la práctica de su religión a unos pocos rituales. Una vez por año viaja a Burkina Faso, donde visita a sus familiares y aprovecha la oportunidad de ofrecer animales en sacrificio a los espíritus en lugares sagrados.

Otro ritual importante para Sanwidi es ofrendar, antes de cada comida, una pequeña parte de sus alimentos a sus antepasados. Es decir, que, antes de comer o beber, esparce comida o bebida por el suelo. Esto es algo que tampoco podría hacer en la ciudad de Bonn, ya que seguramente llamaría la atención si lo hiciera en público. “Si tengo un mal sueño, me levanto y tiro un poco de agua sobre el suelo. De este modo, la pesadilla se disuelve”, añade.

Autor: Eric Segueda/ Cristina Papaleo
Editor: Enrique López

 

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