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Ecología

El Año del Suelo no es suficiente

Inundaciones, deforestación, contaminación, abonos… Estos métodos se usan para conseguir cada vez más tierra fértil. Una sobreexplotación que en el Año Internacional del Suelo cambiará poco.

“Entre las instituciones ha aumentado la conciencia sobre el suelo”, cree Klaus Kruse, responsable de la Asociación Suelo: “Hay eventos que no se habrían hecho si no se celebrase el Año del Suelo”, agrega refiriéndose a folletos repartidos en las iglesias o los stands en la Feria de Agricultura del Berlín “Grüne Woche”. Allí, algunos activistas del medioambiente y autoridades realizaron una exposición para explicar la importancia de esa “fina piel” que cubre la Tierra.

“Los medios reaccionaron de forma bastante escueta ante este tema”, precisa Kruse: “El suelo no tiene ojos ni se mueve. No hay noticias sobre catástrofes”, continúa. Pero dentro de la tierra hay un auténtico zoológico lleno de animales, raíces, hongos, algas y bacterias, que se transformaran en dióxido de carbono, agua y humus. Un zoológico que está realmente amenazado.

Klaus Kruse, de la Asociación Suelo de Alemania.

Klaus Kruse, de la Asociación Suelo de Alemania.

Según el Atlas del Suelo realizado por la Fundación Heinrich-Böll, en los países industriales se usaron unos 145 kg de abono por hectárea cada año entre 2005 y 2007, mientras en los suelos áridos de África solo fueron 10 kg para la misma superficie. En Alemania, la excesiva fertilización con nitratos de origen mineral y animal provoca considerables problemas en el agua, con el consiguiente aumento del precio por los costos necesarios para depurarla para consumo humano. “Los suelos sufren también de salinidad, contaminación por agentes nocivos, compactación, urbanización y extracción de materias primas”, explica Günter Miehlich, profesor jubilado del Instituto del Suelo en la Universidad de Hamburgo, que desde hace décadas trata de sensibilizar a la opinión público sobre su importancia.

El consumo de la superficie

Otro de los grandes problemas es, según Kruse, los procesos de degradación, con un aumento de superficie compactada que podría llegar a los 114 campos de fútbol diarios. Desde 2005, el Gobierno federal trata de invertir esta tendencia y limitar a 30 hectáreas por día la superficie compactada antes de 2020. Pero ahora, debido a la crisis de los refugiados, al mismo tiempo se exigen nuevas construcciones y Kruse no cree que esa cuota se reduzca a menos de 74 hectáreas en los próximos años.

¿Nuevas opciones para el suelo?

¿Nuevas opciones para el cultivo?

En todo el mundo, únicamente el 12% del suelo está destinado a la producción de alimentos para los 7.500 millones de habitantes, aclara el científico Winfried E.H. Blum. Teóricamente, cada habitante dispondría de 2200 metros cuadrados, pero el suelo no está distribuido de forma unitaria.

En las selvas tropicales, la falta de sustancias hace que los campesinos tengan que quemar la vegetación para abonar superficies. Además, se necesitan enormes cantidades de abonos para plantaciones de piñas, palmas de aceite, soja o para la cría de vacuno. Y al no haber árboles ni sombra, los suelos se secan y las raíces no tienen suficiente agarre. Las consecuencias de esta destrucción de la biodiversidad son la erosión, la desertificación y, con la falta de alimentos y la reducción de los beneficios, el hambre, la pobreza y el éxodo rural.

Ante todos estos retos, convocar el Año Internacional del Suelo no es suficiente y Günter Miehlich ofrece también conferencias sobre la conservación de la superficie. Para eso hay que analizar y buscar soluciones a los problemas asociados con el hambre en el mundo, como la superpoblación, la falta de derechos de los agricultores, la corrupción y la especulación con alimentos y semillas. Además, apela a los consumidores a reducir el consumo de carne y limitar el uso del suelo para la ganadería. Las áreas cultivables deberían ser explotadas de una forma más sostenible para reactivar la vida en la superficie y el humus. Por último también deberíamos ser más conscientes de la necesidad de cuidar el suelo, evitando que la compactación afecte a la permeabilidad de la tierra. Todo con un objetivo prioritario: reducir el consumo de suelo por habitante.

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