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América Latina

"El área endémica de la Stevia está bajo ataque"

La Stevia, la dulce hoja de los guaraníes, podría ser ahora una bendición para sus productores. Pero no es así: su tierra endémica, la población que la descubrió y ahora sus productores están bajo amenaza.

Es paradójico: mientras la buena imagen de la Stevia (Kaá Hé´e o hierba dulce) abre cada vez más puertas y mercados, tanto el pueblo guaraní –por el cual fue descubierta y analizada para el Primer Mundo ya en el siglo XIX- como su área endémica están en peligro de extinción.

Más aún. Si bien entre las bondades de la hoja original y el edulcorante (glucósido de esteviol) que se encuentra en productos industriales hay abismos, muchos son los pequeños productores que se dedican a ella. La inminente introducción al mercado de glucósidos de esteviol ganados a través de manipulación genética, puede acabar en poco tiempo con su producción natural.

De violación de los derechos de los pueblos indígenas, de comercialización engañosa y de controvertida producción mediante biología sintética habla un reciente estudio conjunto la Universidad de Hohenheim, Misereor, la plataforma suiza ProStevia, la Universidad Católica de Asunción y el Centro de Estudios e Investigaciones de Derecho Rural y Reforma Agraria (CEIDRA) entre otros.

Sin tierra, sin población

“Las comunidades indígenas no son productoras. Ellas han conservado los parientes silvestres de la Stevia y han seleccionado las líneas primitivas que en este momento son las agrícolas. Viven en comunidades muy remotas, pero amenazadas por el avance del agronegocio. Su área original tenía unas 300.000 hectáreas, ahora no llegan a 30.000. Es decir, el área endémica de la Stevia también está bajo ataque”, explica a DW Miguel Lovera, investigador del CEIDRA.

Por otro lado, bajo amenaza están también los pequeños productores de esta hoja dulce, de tantas propiedades, que se utiliza mayormente para la producción de edulcorante industrial. El gobierno paraguayo ha promovido desde el 2005 al pequeño productor –que produce hasta cuatro cosechas anuales- como parte del desarrollo rural.

Aunque China es entretanto el principal país que produce y exporta hojas de Stevia, su auge comercial ha hecho crecer las exportaciones a Estados Unidos, Japón, Alemania, Argentina, México y Francia.

El glucósido no es la Stevia

Hay que decir que en los mercados de Estados Unidos, Suiza y la Unión Europea no se permite la comercialización de la hoja, sólo la de los glucósidos de esteviol. Éste cuenta como aditivo alimentario, el primero como “alimento novedoso”. Las solicitudes de autorización como alimento –para utilizarla en forma de té por ejemplo- no han sido aceptadas aduciendo falta de información.

Como protección de mercados e industrias propias entienden esta negativa analistas como Lovera; otros, como Udo Kienle de la Universidad de Hohenheim, detectan por un lado el gran interés que empresas como Cargill pusieron en que se aprobara la introducción del edulcorante al mercado europeo y el poco interés que por ejemplo el gobierno paraguayo ha puesto en que se reconozca la Stevia como alimento.

Por decenios, afirma éste en un estudio de terrafair, la Stevia estuvo catalogada en su propio país como una droga. En cualquier caso, su aprobación sigue en trámite en la UE.

La amenaza final

Como fuere, “en este momento de mayor conciencia en cuanto a la salud y en cuanto a la justicia en el comercio, la Stevia podría haber entrado por la puerta grande”, comenta Lovera.

Sin embargo, otra amenaza se cierne sobre ella: viene de la mano de la biología sintética. Cargill y Evolva –gigantes de la producción del edulcorante basado en la Stevia- están a punto de sacar uno sintético, es decir transgénico, bastante más barato.

¿Qué problema hay? Dejando de lado que el efecto en la salud humana no está nada claro, según el estudio “El sabor agridulce de la Stevia” estamos ante un caso de biopiratería.

“No estamos del trigo cuando después de 12.000 años de agricultura, las civilizaciones que lo identificaron como alimento ya no existen. Estamos hablando de algo que se empezó hace menos de 20 años y de beneficios millonarios que no quieren ser compartidos, a pesar del Convenio sobre la Diversidad Biológica y el Protocolo de Nagoya sobre acceso y distribución de beneficios”, afirma Lovera.

“Aquí hay premeditación y alevosía, pero los dueños de la Stevia siguen ahí afuera y reclaman sus derechos”, concluye.

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