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América Latina

Ecuador: “el camino aún no está claro”

Que la Constitución haya sido aprobada por una amplia mayoría en Ecuador supone un éxito para Rafael Correa. ¿Y qué más? DW-WORLD conversó con Berthold Weig, director de la Fundación Konrad Adenauer en Quito.

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"La profunda añoranza de un cambio político"

¿Qué significa que el 64 por ciento de la población de Ecuador haya apoyado la Constitución que el presidente Rafael Correa sometió a referéndum?

Significa, sobre todo, el hondo deseo de los ecuatorianos de que haya un cambio político. No es gratuito que Rafael Correa haya llegado a la presidencia con una campaña que atacaba certeramente a los partidos tradicionales hasta ese momento para hacerse eco de esta profunda añoranza sobre todo en cuanto a las instituciones y al modo de hacer política en el país.

20 Constituciones ha tenido desde 1830 Ecuador. ¿Una nueva carta magna era realmente necesaria?

Por un lado no habría sido necesaria, pues habría bastado con modernizar y reelaborar la anterior. Pero Rafael Correa asumió el poder prometiendo una refundación del país. Y para refundar el país era necesaria una constitución decidida por una asamblea constituyente. Ésta fue una de sus promesas electorales en 2006.

¿Qué elementos contiene este texto que pudiesen, entonces, aportar a un mejor funcionamiento del país?

El nuevo texto constitucional es más voluminoso que el anterior, también debido a que los 440 artículos que contiene corresponden más bien a una carta legislativa. La carta magna aprobada en Ecuador contiene artículos que no suelen corresponder a una constitución, sino que van en códigos legislativos. En ese sentido, la Constitución no sólo arroja nuevas luces sobre ciertos temas, sino también muchas sombras. Los analistas de la Fundación Konrad Adenauer coincidimos en que, lamentablemente, este texto deja demasiado espacio a la interpretación y contiene contradicciones entre diversos artículos. Este fallo ha sido ya reconocido por el gobierno y ya se ha anunciado que se reelaborarán, sin decir en qué dirección.

Esto es lo que lleva a los políticos opositores a advertir del mal uso que podría dárseles. Claro está que este texto refuerza el poder presidencial. Algunos observadores hablan ya de una súper presidencialismo. El presidente del país será la figura central a la cual se sometan todas las otras instancias políticas sin que el Parlamento tenga poder de codecisión.

Por otro lado, la Constitución refuerza el poder del Parlamento…

A final de cuentas no, pues precisamente eso es lo que pierde en las contradicciones del texto. Al presidente se le concede la última palabra en muchos campos esenciales, tales como la política económica, la fiscal y también la monetaria. Esos campos no son competencia del Parlamento. Se estipula, además, tres casos en los que el presidente puede disolver el Parlamento según le parezca.

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