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Economía

Draghi: el último cartucho

Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo, ha quemado demasiado temprano su último cartucho. Eso no solo es contraproducente, sino que dañará también la reputación del BCE, opina Rolf Wenkel

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Mario Draghi

Se acabó el suspenso: el Banco Central Europeo abre las compuertas del dinero más de lo que incluso los expertos esperaban. Desde ahora y hasta septiembre de 2016 comprará bonos soberanos y obligaciones de empresas por 60.000 millones de euros… por mes. Bombeará por lo tanto durante unos 20 meses dinero en el mercado por un total de hasta 1,2 billones de euros. Expertos habían contado con un monto de 500.000 millones hasta a lo sumo un billón.

El presidente del BCE quema su último cartucho demasiado temprano y sin necesidad. Imita el experimento de la Reserva Federal de Estados Unidos, que luego de la crisis financiera no solo redujo el interés guía, sino que también compró mes tras meses obligaciones por miles de millones de dólares. Aparentemente con éxito, pues la economía estadounidense se recuperó, alcanzando en el último trimestre de 2014 un crecimiento anual del cinco por ciento.

Con todo ese dinero, Draghi quiere alentar a los bancos a conceder más créditos a las empresas, para que inviertan y creen puestos de trabajo. Además aspira a espantar el fantasma de la deflación, una espiral de reducción de precios y salarios, bancarrotas y un aumento de la desocupación. Ya ahora, advierte, las expectativas de inflación se hallan a un nivel históricamente muy bajo.

No hay necesidad

Un jugador de ajedrez inteligente amenaza, pero solo para impresionar al adversario. A menudo juega luego otra pieza. Draghi aplicó durante largo tiempo esa estrategia, al anunciar que el BCE haría todo lo necesario para salvar el euro. Esa actitud aplacó a los mercados, sin que fuera necesario hacer más. ¿Por qué entonces tomó ahora la nueva medida? Un banco central debería comprar bonos soberanos y obligaciones solo en una situación de extrema urgencia. Esa situación no está dada actualmente.

Al contrario: a pesar de considerables riesgos, las economías de la eurozona se recuperan, si bien a diferentes velocidades. Las perspectivas a mediano plazo son incluso mejores, teniendo en cuenta el bajo precio del petróleo, que hace las veces de programa coyuntural y puede llevar a un aumento del consumo. Además, el menor valor del euro respecto al dólar alienta las exportaciones.

También el presunto fantasma de la deflación no es en realidad ningún fantasma. Gran parte de la baja tasa de inflación se debe al menor precio del petróleo. Y en los países del sur de Europa, los sueldos y los precios deben de todas formas bajar para que aumente su competitividad. El leve retroceso de los precios de bienes de consumo no es una deflación, es decir, una reducción vasta y a largo plazo de los precios en general.

Presiones políticas

¿Qué objetivos persigue realmente Draghi con su programa? Supongo que lo han llevado a ello presiones políticas de Italia y Francia. Formalmente, el BCE es una institución independiente. Pero sería una ingenuidad pensar que se mueve en un espacio políticamente vacío. Italia y Francia quieren comprar tiempo, porque no se animan a realizar las reformas estructurales que sus economías necesitan. Otra explicación no hay. No es tarea de un Banco Central dar impulsos a la coyuntura económica. Una nueva inyección de dinero no dará mayores impulsos a la economía, más teniendo en cuenta que los intereses en Europa se hallan ya un nivel históricamente muy bajo. Las empresas no invierten cuando las tasas de interés son bajas, sino cuando cuentan con que aumentará su facturación.

Con su última bala, Draghi se expone incluso a grandes riesgos. Una inundación de dinero como la planeada puede llevar a que se formen burbujas de demanda en los mercados inmobiliario y de valores.

Porträt - Rolf Wenkel

Rolf Wenkel

Y les quita presión a los Gobiernos, que así no ven por qué llevar a cabo las necesarias reformas. La medida no solo es apresurada y está fuera de lugar, sino que puede también provocar todo lo contrario de lo que Draghi dice querer. En ese caso, la credibilidad y la reputación del Banco Central Europea quedarían en punto cero.

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