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El Mundo

Donald Trump, el narcisista

Donald Trump lleva 40 años haciéndose a sí mismo, forjando de manera descarada y grosera su marca personal. Sus biógrafos coinciden en que su personalidad, básicamente, empieza y termina en su inmenso amor propio.

Pregunte a los biógrafos de Trump cómo es el recién electo presidente de Estados Unidos. Agresivo, inconexo, sin escrúpulos, materialista, fanfarrón, astuto, indisciplinado, veleidoso y carismático son algunos de los adjetivos que utilizan para describir a Trump. Pero dos cualidades sobresalen por encima del resto: persuasivo y narcisista.

"Es un vendedor que se vende a sí mismo, y que cree en sí mismo”, escribe Gwenda Blair, autora de dos libros sobre Trump y su familia. "De vez en cuando llega alguien diciendo que algo que hizo no tuvo éxito. Entonces él reacciona como si le hubieran picado. Se muestra visiblemente perturbado y pasa al ataque. Actúa como un narcisista herido”.

El biógrafo Timothy L. O'Brien, autor del libro "TrumpNation”, sabe de lo que habla Blair. Trump interpuso una demanda –sin éxito- de 4.500 millones de euros por haber tenido la temeridad de sugerir que el magnate inmobiliario convertido en estrella de televisión valía menos de lo que afirmaba públicamente.

"Básicamente, es un niño de siete años que se ha hecho mayor. Aunque puede encandilar en el cara a cara, al mismo tiempo es una persona muy indisciplinada en el aspecto emocional, intelectual, financiero y de cara al público”, explica O'Brien. Y añade: "Es un profundo narcisista. Una persona que se preocupa siempre y exclusivamente por sí mismo”.

Blair y O'Brien coinciden en que no existe un Donald Trump privado. No hay otro Trump diferente al que vemos en televisión. O, como dice Blair: "Esa manera de hablar es el propio Trump”. Por tanto, la pregunta no es tanto quién es el candidato que ha ganado, sino cómo es posible que consiguiera la candidatura del Partido Republicano. Y es que, sin duda, era uno de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos más insólitos de la historia.

Hay que culpar a alguien

Aunque resulte fácil criticar la personalidad de Trump, sus biógrafos advierten que es importante no subestimar su habilidad de canalizar la rabia que sentían muchos estadounidenses.

"La candidatura de Trump refleja el largo brazo de la crisis financiera de 2008”, explica O'Brien. "Aquella crisis dejó a muchos estadounidenses de clase trabajadora y postindustrial en una situación muy incierta. Su capacidad para pagar las hipotecas, las pensiones y las escuelas de sus hijos estaba siendo amenazada. El concepto del sueño americano quedó en entredicho”.

"Hay un sentimiento de abandono en el país, contra una élite que dirige las cosas, contra un Congreso quebrantado, y contra un pequeño porcentaje de la población que manipula todo”, concluye Blair. "Alguien tiene que ser culpable, y Trump llegó con una larga lista de personas que tienen la culpa, desde inmigrantes a mexicanos, pasando por musulmanes, mujeres o los medios de comunicación”.

Otro de los factores que utiliza Trump para atraer a las masas es su confianza en sí mismo, algo que, según Blair, le fue inculcado durante su infancia. En la esfera privada, Trump es abstemio. Su única droga es el éxito.

"Tiene la firme creencia de que ganar dinero es la aspiración más alta de una persona. Cree que los más importante es ganar a toda costa”, explica Blair. "Tanto su familia como el propio Trump están muy influenciados por Norman Vincent Peale y su libro El poder del pensamiento positivo. "La premisa más importante de Peale es que el éxito es la cosa más importante, y que forma parte del plan de Dios”.

Lo irónico es que mientras Dios parace tener un plan, Trump la mayoría de las veces carece de él”.

 

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