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Europa

Diez años del euro: historia de un éxito

La moneda única europea se reivindica en tiempos de crisis como garantía de estabilidad. Los ciudadanos, aún reticentes, creen que disparó los precios. Eslovaquia es el último país en sumarse al club.

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Con Eslovaquia, ya son 16 los países en los que circula el euro.

El euro, la moneda única europea, cumple diez años. Pese a que los ciudadanos de los inicialmente once países miembros de la zona euro no tocaron los primeros billetes y monedas hasta el 1 de enero de 2002, la nueva divisa ya era una realidad en los mercados financieros internacionales en enero de 1999, ahora hace justo diez años. Y, pese a que la efeméride le llega en un momento económico complicado, políticos y analistas coinciden en señalar las virtudes de la moneda única y los beneficios que en esta última década ha comportado para los integrantes de la zona euro.

La génesis del euro

Diez años de vida, pero muchos más llevó la concepción y puesta en marcha de la divisa única. Ya en 1950, el economista y político francés Jacques Rueff advertía: "Europa se hará por la moneda o no se hará". Y se hizo. Primero Europa....la moneda llegaría un poco más tarde. Concretamente, a inicios de los años 70, seis de los entonces miembros de la Comunidad Económica Europea (CEE) pusieron las bases de lo que en 1979 se convertiría en una realidad con el nombre de ECU (Unidad Monetaria Europa, de las siglas en inglés).

Como explica el excanciller alemán y antiguo ministro de Finanzas germano, Helmut Schmidt, hace treinta años no estaba en absoluto claro que el ECU fuera en realidad el embrión de una moneda única tal y como la conocemos hoy. "Pensábamos que posiblemente se convertiría en una divisa paralela a las monedas nacionales. El único que creyó en la idea y la impulsó fue Jacques Delors -presidente de la Comisión Europea entre 1985 y 1995-", explica Schmidt. Fue él quien puso las bases para la Unión Económica y Monetaria (UEM), que condujo a la fundación del Banco Central Europeo y a la creación del euro.

Tímidos inicios

Euro Höhenflug Symbol Frankfurt

Los ciudadanos siguen sin estar muy convencidos de las virtudes de la moneda.

Los comienzos del euro no fueron, sin embargo, brillantes. Su debut en los mercados de divisas fue el 3 de enero de 1999, en Australia, cuando se cotizó a un precio de 1,4717 dólares. Tras ese arranque al alza, la divisa europea se fue debilitando hasta marcar un mínimo histórico el 26 de octubre de 2000, cuando se cambió a 0,8228 dólares. Sin embargo, a partir de esa fecha, y tras su entrada en circulación en enero de 2002, no sólo recuperó la paridad con el billete verde, sino que en julio de este año llegó a una cotización histórica de 1,60 dólares por cada euro.

De hecho, desde su creación, la moneda europea registra una revalorización del 20,4 por ciento respecto al dólar y en los últimos tiempos le ha comido el terreno a divisas como la libra esterlina, que esta misma semana alcanzó un mínimo histórico al cotizarse a 96,56 peniques por cada euro.

Estabilidad frente a la crisis

Desde las instituciones europeas se insiste, además, que la divisa única es una buena arma frente a las turbulencias económicas que vivimos. Lo afirma el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso: "El euro está protegiendo a las empresas de la volatilidad de los tipos de cambio a la que habían tenido que hacer frente en anteriores crisis". Una opinión a la que se suma el comisario de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, que asegura que el euro "está demostrando ser un sólido factor de estabilización en los mercados monetarios, tanto dentro como fuera de la zona euro".

Crisis al margen, la Comisión considera que el euro generó en estos diez años de vida tasas de interés más bajas -los tipos han caído al 5 por ciento de media frente al 9 por ciento durante los años 90-. Además, se ha estimulado el comercio interno debido a la desaparición de los costes ligados a los tipos de cambio -el comercio interno representa un tercio del Producto Interior Bruto (PIB) de la eurozona, cuando era un cuarto hace diez años-. El euro ayudó a crear 16 millones de puestos de trabajo, a rebajar la tasa de paro y a mejorar el déficit público de los países miembros.

¿Precios estables?

Pero uno de los principales déficits del euro sigue siendo la mala imagen que cosecha entre los ciudadanos europeos. Una gran mayoría considera que la moneda única contribuyó a encarecer los productos en los últimos años. Algo que en Alemania, por ejemplo, llevó a rebautizar la moneda con el nombre de "teuro", en un juego de palabras con "teuer", "caro", en alemán.

Euromünzen aus der Slovakei

En Eslovaquia ya tienen sus monedas de euro.

La Comisión insiste en que eso no es cierto. Y aporta datos. De 1999 a 2007, la inflación subió de media un 2,1 por ciento anual en los países de la eurozona, sólo una décima por encima del objetivo del Banco Central Europeo. Cambiar la percepción del ciudadano es una de las luchas de los líderes comunitarios, pero hay otras. Como el crecimiento económico, que en estos diez años se ha situado por debajo de las expectativas. Además, la zona euro aún no ha conseguido articular una presencia exterior sólida.

329 millones de usuarios

Con el décimo aniversario, llega también el turno para un nuevo socio: Eslovaquia se suma a la zona euro y eleva a 16 el número de países que comparten la moneda. Con 5,4 millones de habitantes, será el miembro más pobre del área euro, con el 71 por ciento del PIB bruto per cápita de promedio de la UE. Pero los eslovacos ya están viendo los beneficios. Su corona es la única moneda de la región que no se ha debilitado desde que el tipo de cambio fue fijado a 30,126 coronas por euro.

Otras monedas, como el zloty polaco o el florín húngaro, perdieron el 30 por ciento y el 15 por ciento respecto al euro. No es extraño, pues, que más de un país quiera adherirse al sistema. Incluso la Gran Bretaña, durante años contraria a abandonar la libra esterlina, ha iniciado un debate público debido a la caída del "pound". La crisis, sin embargo, ha echado por tierra las aspiraciones de países como Hungría, Polonia o la República Checa. Serán necesarios años antes de que las puertas del club vuelvan a abrirse.

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