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De Facto

De Facto: ¿Son los disturbios en Gran Bretaña expresión de descontento social?

Violentas protestas en diferentes ciudades de Gran Bretaña y la crisis de endeudamiento fiscal y baja producción toca a Francia.

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Jóvenes incendian un auto en Birmingham.

Mientras se hace una evaluación de las víctimas y las pérdidas materiales causadas por los disturbios violentos, las críticas contra la forma como la policía y el gobierno británicos han manejado la situación crecen. Por su parte, el primer ministro, David Cameron, criticó fuertemente a aquellos ciudadanos que pudiendo parar a los saqueadores preferían observar los crímenes con una sonrisa en la boca.

Algo huele mal en la sociedad británica, pero antes de buscar las razones del descontento, Cameron anuncia más mano dura:

“La violencia es inaceptable. No permitiremos que se cree una cultura del miedo en nuestras calles. La policía británica recibirá todo el respaldo y el dinero necesarios para fortalecer su capacidad de acción y prevención. Hemos autorizado a la policía a disparar balas de goma. También el uso de cañones de agua está en debate. Para todos es claro que tenemos un grave problema con bandas juveniles, aunque sean una minoría. En la sociedad británica hay gente enferma. ¿Cómo puede ser posible que chicos de 12 ó 13 años simulen ayudar a un herido cuando, en realidad, lo estaban robando? Es claro que algo está funcionando mal en nuestra sociedad.”

Tras los desmanes de esta semana en los que murieron unas 5 personas, el sentimiento generalizado es de impotencia e incomprensión. Así lo revela el productor musical y trabajador social Charles Bailey que no cree que esta violencia sea expresión de descontento:

“Esto es un crimen. Sólo les interesaba el dinero. Lo querían era robar ropa de marca y elegantes zapatos deportivos y iphones. Lo que pasa es que los chicos han visto cómo algunos políticos se han enriquecido con dineros públicos o de donaciones e incluso policías han tenido que renunciar por casos de corrupción.”

Charles Bailey está harto de escuchar que los jóvenes no tienen trabajo. Desde hace semanas busca, sin éxito, un trabajador. Los padres de Bailey inmigraron hace tiempos de Jamaica. Ahora él mismo teme que los saqueos saquen a flote el racismo presente en la sociedad británica.

Mientras Gran Bretaña se despierta de la orgía de violencia, en Alemania empiezan algunos a preguntarse si disturbios semejantes serían posibles aquí. Rainer Wendt, jefe del Sindicato nacional de la Policía federal, cree que en Alemania las condiciones son exactamente las mismas:

“Los políticos son profesionales en el arte de negar la realidad y siempre han sido sorprendidos por brotes de violencia. Como aquí lo privado tiene prioridad ante lo estatal, se fomenta la maximización de ganancias y no la responsabilidad social. No se atiende efectivamente la integración social ni la alta disposición a la violencia, como la vemos todos los fines de semana en partidos de fútbol. Por otra parte, se ahorra en las agencias de atención social y la policía, como en Inglaterra. En Alemania también hay una política que ignora estos cambios en la sociedad.”

Y, para terminar, pasamos a la otra gran crisis, la del extremo endeudamiento fiscal y la baja producción que, esta semana, ha empezado a tocar a Francia. El estancamiento en el 2° trimestre, supone que Francia tendrá que aumentar sus esfuerzos en la reducción de la deuda. El objetivo actual es reducir el déficit presupuestario, ahora del 7% del producto interno bruto (PIB), al 5,7% este año y por debajo del 3 por ciento antes de 2013. Pero la ralentización económica reducirá también los ingresos fiscales, haciendo más difícil la bajada del déficit. Wolfgang Gerke, presidente del Centro bávaro de Finanzas:

Francia, a diferencia de Alemania, no ha entendido que tiene que aumentar su capacidad productiva para mejorar su eficiencia. Los franceses tienen más dificultades para ponerse de acuerdo con los sindicatos laborales. Y aunque las críticas al desempeño económico francés son exageradas, su crecimiento es digno de mejora.”

Autor: José Ospina-Valencia

Editora: Emilia Rojas

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